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Rincón de álbumes ilustrados Os hacemos un breve repaso de este lugar de la casa, dónde los colocamos, por qué, cómo, y algunos de los títulos que tenemos

Hace poco se me ocurrió juntar todos los álbumes ilustradores que tenemos por casa y ponerlos en un mueble donde, de momento, entran todos. Quizás creía que tenía muchos y al verlos en estas dos estanterías me ha parecido que no era para tanto. Lo que sí me ha hecho ver es que tengo algunos álbumes ilustrados que me mandaban antes las editoriales -luego dejaron de hacerlo quizás porque me los enviaban a casa con todo el amor para que hiciera una reseña o lo mostrara de alguna manera y en ocasiones no lo hacía, así que normal, no me iban a dar libros por la cara- que realmente quizás no me interesan lo suficiente y que en cualquier caso, me da pena que llenen el espacio sin que haya una persona que los aprecie, los lea…

Porque a mí me pasa que me gustan unos pocos, no demasiados títulos, y suelo recurrir casi siempre a los mismos a la hora de buscar una lectura de un álbum ilustrado. Así entiendo que cuando mire a esta librería tengo que ver libros ordenados y libros que me produzcan aprecio. Por ello quizás una primera conclusión es que debo donar a las bibliotecas aquellos que no signifiquen muchos para nosotros (que no quita que sean buenos y que precisamente les maravillen a otros niños).

En cualquier caso, quería escribir esta reseña para animaros a ordenar vuestros álbumes ilustrados y así ver qué cantidad exactamente tenéis. Igual si tenéis hijos sí que los tenéis juntos pero yo, como os decía, los tenía como por zonas de la casa y ahora además los he juntado por editoriales. Y sí, me refiero únicamente a los álbumes ilustrados y no a otros infantiles como los libros de tela o los de cartón o las novelas gráficas o los libros de cuentos ilustrados… Y os voy a decir que, al menos a mí me ha pasado, a veces es difícil saber qué libro no incluir. Por qué. Porque este género tampoco es una ciencia exacta.

Mi idea es crear un rincón en el estudio de álbumes ilustrados, únicamente este género literario. Es decir, ampliarlo a la pared de al lado y establecer un espacio del estudio para leer cuentos. Y quizás hacer algo de expurgo, como comentaba antes, y terminar de volverme muy sibarita y estas cosas. Qué le vamos a hacer. Sé que tengo esa tendencia y que cada vez me gustan álbumes ilustrados más raros y concretos. Además, es muy placentero cuando montas la librería y te das cuentas de que ahora puedes ojear los lomos a ver cuál te interesa igual que lo harías en una librería de verdad. Y luego cuando acabas lo dejas exactamente en el lugar que le corresponde. Eso me gusta bastante, yo que tengo tendencia al desorden. Nosotros ahora que tenemos una sobrina y cuando vamos a verla cogemos un libro de aquí, y se lo llevamos para compartirlo con ella.

Qué cuentos tengo. Pues los he contado y me han salido 108 álbumes ilustrados. Me siguen sin parecer demasiados. Por alguna extraña razón cuando los tenía más desordenados me parecía que solo había libros en casa y ahora así juntitos me parecen muy abarcables. Pero qué narices. Una librería en un piso con más de 100 álbumes ilustrados tampoco está nada mal. Sin duda sigo pensando que más que crecer lo importante es que esta colección se mantenga útil, viva y que no se base en una acumulación donde las historias se pierden en el olvido. De las editoriales que más álbumes tenemos son de Kalandraka con títulos como Rosa Caramelo, La sonrisa de Daniela, Tío Lobo, Ratones de casa o Mamá, entre otros. Luego también hay unos cuantos de Edelvives porque uno de nosotros trabajó allí unos años, con nombres como La lechera o El buen humor del lobo gris. No faltan libros de Ekaré o de Libros del zorro rojo; editoriales que nos gustan bastante. Con títulos como Escarabajo en compañía o Cuentos de mamá osa, respectivamente. Tenemos títulos de SM, de Cuento de luz, Tramuntana, Narval, Kireei, Combel, editorial Juventud, Océano Travesía…

A nivel de preservación de los libros también es importante tener en cuenta que la luz directa no les gusta nada, provoca que pierdan fuerza los colores de las tintas y que se queden pálidos. Por ello en nuestro caso al estar de espaldas a la ventana no les ocurre este problema. Por otro lado, aunque yo creo que esto en las casas es más difícil controlarlo, pero no le gusta al papel de los libros una humedad alta pero tampoco un ambiente muy seco; al final a las personas tampoco y con tener la casa ventilada todos los días (importante esto) y con un ambiente de temperatura y humedad estables y sin extremos, estarán bien. Por otro lado, a la hora de cogerlos, y más si se hace mucho, lo mejor es no tirar del lomo y para limpiarlos pues no usar productos abrasivos, con quitarles el polvo con un paño ligeramente húmedo será suficiente. Yo tampoco tengo demasiada idea, simplemente aplico el sentido común y algunos trucos que os digo que he leído y sé que en espacios como en bibliotecas se hacen así.  Si quieres en una entrada más adelante te hablo de la conservación de los libros que me parece un tema muy bonito.

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