Michèle Petit: “El relato es esencial para organizar nuestra experiencia”. Algunas notas sobre las palabras de Michèle Petit en la 41 Feria Internacional del libro de Buenos Aires Reflexiono aquí sobre algunas de sus palabras y cito algunos de los contenidos que me han parecido más interesantes

11 junio, 2017 No Comments

“Somos animales poéticos”. Estas tres palabras son de las que más se me han quedado marcadas en la primera escucha de Michèle Petit. Y además, es de agradecer que ella hable en la lengua a través de la cual yo me comunico y no en francés, porque esto hace que escucharla todavía sea más cercano. Por desgracia no hablo francés y tendría que recurrir a una traducción, que seguro que podría estar muy bien. Pero me gusta más así.

El tema de habitar el mundo a través y gracias a las palabras es algo que me parece que resuena en mi cabeza mucho y que me ha enseñado bastante. Esto de que si no sabes para qué están los relatos, cómo vas a dedicarles parte de tu tiempo. Los relatos no se crean para enseñar al niño un valor determinado, no tienen un uso específico, no son una herramienta para la escuela. Pueden serlo pero no existe la literatura por eso sino para mostrar el mundo. El secreto precisamente de la narración es que nos ayuda a conocer el mundo, a habitarlo. Por esto han existido desde siempre los relatos porque ellos han sido mediadores entre la realidad y nosotros mismos. El ser humano se consuela y cura gracias a la poesía, a las palabras que no son las del uso diario, que se han vuelto cuanto menos agresivas, frías, pobres. Solo hay que poner la televisión. Existe un lenguaje narrativo que nos ayuda a imaginar, ver más allá, en otro tiempo. Cuando este no se cultiva uno se puede sentir ajeno a lo que le rodea.

Como periodista nunca me ha interesado esa manera de contar tan desarraigada, falta de alma, desnaturalizada. Me gustaría destacar de la conferencia de Michèle Petit que podéis encontrar en youtube, algunas ideas:

Trabajando sobre la lectura y la transmisión cultural me di cuenta de que ciertos usos de la lengua nos exilan, nos brutalizan sin que seamos ni siquiera conscientes de ello. Nos alejan de nosotros mismos, de nuestros seres más queridos, del mundo, de sus paisajes. Otros, en cambio, nos permiten edificar, parafraseando a Gustavo Martín Garzo, “casas de palabras”, casas sin las cuales los lugares reales, materiales donde vivimos serían posiblemente inhabitables.

Ilustración de Wolf Erlbruch

Creo que es verdad lo que dice Michèle Petit de que la gran masa social, la religión capitalista o el poder o todo junto han hecho que nos avergoncemos de las raíces nuestras, si es que ya alguien las tiene, por lo menos en España. Se ha hecho como un lugar común sobre la tradición  española donde están incluidas las tortillas de patatas y las corridas de toros. Pero qué pasa con la tradición oral, las lenguas minoritarias que quedan en lugares como en Cáceres con la fala, por ejemplo, la poesía oral, los cuentos, los acertijos, la sabiduría rural. Los cantos tradicionales no se valoran. Creo que también tiene que ver con que solo se valora aquello que da dinero. El relato del poder, que no es relato, el antirelato, ha engullido a los relatos verdaderos. Porque lo que es triste es que mucha gente actualmente ni idea tiene de la cultura familiar, los cantos del pueblo, la simbología del lenguaje que tiene que ver con la tierra. Se ha dado de lado a nuestra capacidad como animales poéticos, pero tanto por la parte de poético como de animal.

Si se desconecta de esto es difícil volver a hacerlo. Solo cuando deje de verse el leer, escuchar, como perder el tiempo, no ser prácticos, quizás se pueda valorar un paisaje olvidado y podremos empezar a ver la sensibilidad del ser humano fluir.

En todas las culturas se aprende primero la música de la lengua, su prosodia, que no se enseña pero que se transmite.

Quién no se ha consolado con el canto de la madre. Muchos lo hemos hecho. La voz de las personas que nos han mostrado el mundo de bebés se nos queda en el recuerdo, las nanas, las canciones, los acertijos, para mí por lo menos eran hogar y cobijo y tranquilidad. Cuando pongo la televisión y engancho con determinados programas creo que me podría deprimir si los veo mucho; porque me alejan, veo personas que no son yo, escuchó un lenguaje sin poesía, sin música.

Además de aprender a nombrar las cosas que están presentes, el niño aprende a nombrar la ausencia.

Ilustración Ralph Steadman

Porque todas las personas tenemos miedos y el lenguaje de los medios no nos consuela. Cierta realidad que se ha creado no nos consuela; nos pone en alerta, en tensión, nos abruma, nos violenta. Se nos muestra un mundo de una manera que da miedo. Los relatos nos ayudan a entender los miedos, ellos son consuelo. Pero claro el lenguaje de la narración no entiende de dineros, de sistema capitalista, sus motivos para existir nada tienen que ver con la rentabilidad económica. Sin embargo, los medios de comunicación masivos han perdido la relación con las palabras, buscan ganar dinero, y para hacerlo cada vez están reduciendo más la riqueza del lenguaje. Porque parece que lo sensible, lo musical, la cultura, no existe para ellos.

Cuando el bebé puede nombrar lo ausente, aparece en su mente la posibilidad de su propia ausencia. Y esa es una herida que no se curará jamás. Felizmente está la cultura y la lengua del relato que apaciguaran su tormento.

Acerca de los inmigrantes dice Michèle Petit en la conferencia: “En su lengua, son oradores y poetas. En la lengua de la inmigración son cojos y mano de obra. “El lenguaje acaba por no ser más que para la designación inmediata de las cosas. O para dar órdenes, pedir o exigir”. “Uno habita una lengua cercana al cuerpo, a las sensaciones, una lengua atenta a los detalles de la realidad, que evoca, que da lugar también a otro sitio aún más allá de lo inmediato”. Creo que deberíamos educar haciendo referencia a mucha cultura oral que se ha perdido. Que hay una gran desenfoque en muchas escuelas.

Ilustración de Carll Cneut

Aburrirse es necesario para encontrar la narración y también saber escuchar esos cuentos. Como dice Walter Benjamin: ” Por qué se acaba el arte de contar historias es una pregunta que me he hecho siempre que, aburrido, me he dejado pasar largas horas de sobremesa con otros comensales; pero aquella tarde, de pie en la cubierta de paseo del Bellver, junto a la cámara del timón, creí encontrar la respuesta mientras con mis prismáticos repasaba todos los detalles del cuadro incomparable que ofrecía Barcelona desde el barco. El sol se ponía detrás de la ciudad y parecía licuarla. La vida parecía extinguirse en los espacios de tonos pálidos que separaban el follaje de los árboles , el cemento de los edificios y los roquedales de los montes lejanos (…) Pero el aburrimiento ya no tiene cabida en nuestro mundo. Han caído en desuso aquellas actividades secretas e íntimamente unidas a él. Ésta y no otra es la razón de que desaparezca el don de contar historias, porque mientras se escuchan, ya no se teje ni se hila, se rasca o se trenza. En una palabra, pues, para que florezcan las historias tiene que darse el orden, la subordinación y el trabajo. Narrar no es sólo un arte, es además un mérito, y en Oriente hasta un oficio. Acaba en sabiduría, como a menudo e inversamente la sabiduría nos llega bajo la forma del cuento…”

Y me gustaría acabar con otra cita de Benjamin que tiene que ver con el título de esta entrada y es que dice él: “Diríase que una facultad que nos pareciera inalienable, la más segura entre las seguras, nos está siendo retirada: la facultad de intercambiar experiencias”.

La imagen de la portada de este artículo es una ilustración de Elena Odriozola.

 

 

 

About the author

Soy una periodista amante de la literatura infantil y juvenil. Me gusta la ilustración, la ecología, la literatura. Actualmente estoy elaborando mi trabajo de final del máster libros y literatura infantil y juvenil de la UAB. He creado este blog para compartir realidades de una manera diferente a tantos medios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *