Libros conmovidos. El valor que se da al cuidado de los cuerpos tiene que ver con el tipo de sociedades patriarcales que tenemos Pequeños grandes gestos por el planeta, Pippi Calzaslargas, El nombre del mundo es bosque y El ratón y la montaña son algunos de los libros que creo tienen personajes capaces de revolucionar con su sentido común

19 Junio, 2017 No Comments

Hace un tiempo según iba a la sierra de Madrid escuché un programa muy interesante de los que me gustan de El bosque habitado, pero este especialmente me significó muchísimo; hablaba, antes de volver a escucharlo, sobre esta forma de economía que se nos ha impuesto donde hay elementos invisibles a los que no se ha puesto precio, por lo que no se respetan, al contrario, se atacan porque es como si no importaran: como la polinización de las plantas, el ciclo del agua, la fotosíntesis. “Procesos esenciales para que exista la vida, pero que ni tienen ni deben tener valor económico”, en palabras de Yayo Herrero. Me gustaría hablar de libros conmovidos protagonizados por voces raras, diferentes, sonoras, atrevidas. 

Volviendo a escuchar el programa rescato palabras, ideas, consuelos, como la de que precisamente en los cuentos, especialmente los cuentos clásicos, los niños se dan cuenta de que son dependientes, que si la familia les abandona es muy posible que no sobrevivan, que precisamos radicalmente de la vida en comunidad, del cuidado que otras personas hacen de nuestros cuerpos. Y el quedarse solo es un miedo que afrontan los niños, el miedo a la ausencia de los seres queridos. Como el miedo en el álbum ¡Scric Scrac bibib blub! Las lecturas que se pueden hacer para superar estos miedos tampoco son visibilizadas porque tampoco tienen un valor en esta economía reduccionista. Y más allá, no solo dependemos de otras personas sino que dependemos de lo que la naturaleza nos ofrece.

El primer libro del que me gustaría hablar es de Pequeños grandes gestos por el planeta, cuyo título tiene que ver con la idea de Mucha gente pequeña o de Los nadie. Personas anónimas que en determinado momento tuvieron sabiduría, lucidez y dijeron basta a las injusticias, al abuso de sus tierras, al ver cómo sus espacios eran destruídos por el poder, detrozada la vida en favor de intereses económicos, de personas que dejaron de sentir. Se nos habla de  una chica inuit que demandó a Estados Unidos porque su emisión de gases nocivos estaba cambiando el paisaje de su infancia; de Severn Suzuki, Peter Willcox el famoso capitán del Rainbow Warrior de Greenpeace; William Kamkwamba, un chico de Malaui que construyó él mismo molinos, paneles solares para su pueblo, energía renovable ideada por una persona de la comunidad para mejorar sus vidas; Omar Castillo Gallegos un niño que quiso ver con sus propios ojos esas selvas de Chiapas devastadas que había escuchado en la televisión e inició un camino en defensa de los bosques; todos ellos defensores del medioambiente desde pequeños caminaron para hacer escuchar la voz de aquellos que viven anónimamente, entre ellos los árboles, y que son manejados al antojo por ciertas élites. Este libro está escrito por Francisco Llorca que es el escritor también de Pequeños grandes gestos por el deporte, Pequeños grandes gestos contra la discriminación, Pequeños grandes gestos por la tolerancia y Pequeños grandes gestos por la libertad de expresión. 

Por otro lado, El ratón y la montaña es un álbum ilustrado sobre la importancia de la cooperación; precisamente que no somos seres individuales, que la prosperidad es una palabra compartida. La tierra vejada será miseria para todos. Mantener los bosques es la verdadera riqueza. Esquilmar un monte no es una broma. Y el ciclo vital se parará. Donde han desaparecido los bosques no se puede esperar nada más que miseria. Este libro está editado por Milrazones, escritor por Antonio Gramsci e ilustrado por Laia Doménech. Se trata de la recuperación de un cuento que Gramsci contó a su mujer cuando estaba encarcelado para que esta se lo transmitiera a sus hijos. “Es un cuento típico de un país arruinado por la deforestación. Queridísima Giulia, tienes que contarles este cuento y explicarme después las impresiones de los niños”. Las guardas tienen cierta función narrativa ya que comienzan con unos troncos de árboles partidos y acaban con un bosque húmedo que parece plagado de vida. En las guardas finales hay una historia entre esa niebla instalada en la montaña de la cual salen algunas copas de los árboles, sin embargo, en las primeras, es un dibujo plano, repetitivo, sin apenas nada que contar, esconder.

Pippi Calzaslargas es un libro escrito en 1959 sujeto a la posible censura incluso hoy en día, con titulares como el de El País que dicen Leer o no leer a Pippi Calzaslargas y un subtítulo no menos impactante “La reedición de la novela por el 70º aniversario del personaje renueva el debate sobre su ejemplo para los pequeños aficionados”. Y es que claramente Pippi es una niña profundamente defensora de toda forma de vida, pero esto no se censura a los niños, ni se destaca, ni nada porque sencillamente no se le da importancia, los animalitos son muy monos y hay que querorlos; que representa la más absoluta anarquía, y esto ya en términos políticos empieza a preocupar. Pippi es más fuerte y derrumba cualquier forma de poder, cosa que no agrada, claro. Pippi no estudia en el colegio ni quiere, y recordemos que es una niña y no un niño. Es absurda para los ojos cansados de la mayoría. La he escogido porque Pippi representa la sabiduría más elemental que muchos estudios oficiales no ofrecen.

Por último voy a mencionar un libro que leía y que inspira mucho el espacio de La gata y es El nombre del mundo es bosque. Creo que puede ser una novela para los jóvenes muy interesante que puede despertarles de la realidad creada por determinados poderes. Los lectores pueden darse cuenta a través de la historia creada en esta obra de Úrsula K. L Guin de que nos jugamos un planeta habitable. De que las sociedades patriarcales donde los hombres hacen abusos de poder precisamente están en la antítesis de las emociones, las comunidades respetuosas, comunitativas, sensibles, poéticas, con palabras, con cantos, con historias. La autora de este libro es conocida como gran defensora de las mujeres, ecologista, taoísta. En sus libros está presente su feminismo, un anarquismo en la forma de relacionarse las comunidades y una mentalidad de pertencer a la naturaleza. Selver vive en Nueva Tahití con su comunidad, seres pacíficos en armonía con los bosques; poseen un tiempo-mundo y un tiempo-sueño y se sorprenden porque los seres humanos que llegan a su planeta no sueñan. Se generará un conflicto entre los humanos de la tierra que llegan para deforestar el nuevo lugar y los autóctonos que ven a los humanos como seres locos que mutilan los bosques. Selver es un personaje esencial, por todo lo que sufre ya que su mujer es violada y asesinada por Davidson, un humano muy humano. Los humanos ven a los autóctonos como salvajes, como animales de otra especie. La manera de vivir de los asthstianos es preciosa; ellos están vinculados a los árboles fuertemente, viven bajo ellos, y son un elemento más.

Cuando yo digo Tierra, Kees, me refiero a la gente. A los hombres. A ti te preocupan los ciervos y los árboles y las 12 fibrillas, la madera, fantástico, eso es asunto tuyo. Pero a mí me gusta ver las cosas en perspectiva, de cabo a rabo, y el cabo, por el momento, somos nosotros, los humanos. Ahora estamos aquí, y por lo tanto este mundo marchará a nuestro modo. (…) Pero ahora estaban aquí los hombres, para acabar con la oscuridad y convertir la maraña de árboles en tablones pulcramente aserrados, más preciados que el oro en la Tierra. Literalmente, porque el oro se podía encontrar en el agua de los mares y bajo el hielo de la Antártida, pero la madera no; la madera solo la producían los árboles. Y en la Tierra era un lujo realmente necesario (…)

En este programa de Radio3, el que he nombrado al principio, que lleva el nombre de Clase magistral de Yayo Herrero: ecodependencia, esta “pensadora necesaria” explica a los oyentes lo que es el ecofeminismo, la ecodependencia, y escuchamos hablar sobre la devaluación de las emociones en favor del patriarcado, sobre los bienes fondo de la naturaleza, sobre el analfabetismo ecológico.

 

El ecofeminismo es un movimiento social y una corriente de pensamiento, las dos cosas a la vez, esto es muy importante, porque a mí me resulta muy difícil el poder entender la gente que piensa sobre el mundo, sobre los problemas que le afectan y luego tiene dificultades para actuar en él, para mí son dos cosas que van de la mano. Y es fundamentalmente un diálogo entre el movimiento feminista y el movimiento ecologista. Un diálogo en plano de igualdad. ¿Y por qué este diálogo nos parece importante? Pues porque el ecologismo llama la atención sobre el hecho de que las personas somos naturaleza. Somos radicalmente ecodependientes en esa naturaleza que tiene límites físicos y llama la atención sobre la tensión que hay entre una economía que pretende crecer ilimitadamente sobre un planeta que tiene límites físicos y el feminismo llama la atención sobre la vulnerabilidad de cada ser humano en solitario sobre el hecho de que vivamos encarnadas en cuerpos que son vulnerables, que son finitos, en cuerpos que hay que cuidar y llama la atención sobre el hecho de que a lo largo de la historia y en casi todos los lugares son mayoritariamente mujeres quienes han cuidado de los cuerpos finitos, tanto en los momentos de especial vulnerabilidad, como es la infancia, la vejez, la enfermedad, pero a lo largo de toda la vida. Y también, nuestra economía es una economía que no mira los cuerpos, que vive de espaldas a ellos y tampoco visibiliza ni valora los trabajos que están dedicados a cuidar de esos cuerpos. El feminismo lo que reclama, igual que el ecologismo, una economía y una vida compatible y respetuosa con los límites del planeta. El feminismo dice, del cuidado de los cuerpos vulnerables, del cuidado de la vida se tienen que hacer cargo, hombres, mujeres, instituciones, estados, y no solamente mujeres en situación de subordinación.

Yayo Herrero

Quiero acabar mencionando libros que tengo pendiente leerme que son parte de todas estas palabras que comparto: Palabras dibujadas de Fernando Fuello, Mucha gente pequeña de Gustuvo Duch, La memoria del bosque y Crónicas del país de los árboles de Ignacio Abella. “Desde el mismo momento que nacemos hasta que morimos, las personas dependemos física y emocionalmente del tiempo de trabajo y dedicación que otras personas nos dan. Durante toda la vida, pero sobretodo en algunos momentos del ciclo vital, las personas no podríamos sobrevivir si no fuese porque otras dedican tiempo y energía a cuidar de nuestros cuerpos. Y este trabajo se encuentra invisibilizado y desvalorizado en las sociedades patriarcarles”, dice Yayo Herrero.

La ilustración de portada es de Laia Doménech.

Cuando el hombre perdió la memoria y olvidó el lenguaje de los pájaros y los árboles, supuso que éstos no podían contarle nada de provecho, que la única inteligencia digna de nombrarse como tal era un don exclusivo del ser humano.

El hombre perdió también las otras inteligencias, incluso la inteligencia del bosque, de la que él mismo formaba parte…
Desde entonces busca con desesperación sin saber cuál es el objeto de su búsqueda.

Ignacio Abella en Crónicas del país de los árboles

About the author

Soy una periodista amante de la literatura infantil y juvenil. Me gusta la ilustración, la ecología, la literatura. Actualmente estoy elaborando mi trabajo de final del máster libros y literatura infantil y juvenil de la UAB. He creado este blog para compartir realidades de una manera diferente a tantos medios.

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