Un espacio de libros

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¿Por qué parece que hay tan pocas librerías? ¿Los barrios no necesitan de libros de cercanía?

Es cierto que cuando pensamos en librerías no nos vienen tantas a la mente como si pensamos en peluquerías o bares. Lastimosamente no existe una librería en cada barrio. Yo voy a hablar de Madrid que es mi ciudad.

Especialmente están concentradas las librerías en el centro. Pero esto no ocurre con las fruterías, las cafeterías, los centros de estética, las tintorerías, las imprentas, las zapaterías, las panaderías… De hecho, mucha gente presume de que todo lo tiene en el barrio, que es como un pueblo, que no precisa salir de él. En fin, vender libros no parece ser un negocio suficientemente rentable como para que pueda haber una librería -¡y hablo de una!- en cada barrio, independientemente de cuál sea ese barrio, porque esto también es importante. Pero también es cierto que ser librero es un oficio y que así como otros (y no todos) se pueden aprender relativamente fácilmente con la práctica, ser librero es una profesión que requiere de unos mínimos, como ser un ávido lector, que pueden disuadir a quienes buscan establecer un negocio que funcione sin, en un principio, pensar en alguno en concreto. Con lo cual se puede juntar una sensación de que abrir una librería es algo complicado con que tampoco uno va a poder vivir de ello. Abrir una librería podría estar relegados a intelectuales -que se tienen por escasos y elitistas-, personas con dinero o locos. Y no como un negocio imbricado en la red de comerciantes de los barrios. Pero he dicho puede porque los casos que conozco en Madrid son de librerías muy entramadas con los vecinos; en Vicálvaro, por ejemplo, en el caso de la librería Jarcha.

Así que considero que no hay librerías por miedo o por desconocimiento. Pero pienso que sí podrían funcionar, claro que no de cualquier manera como sí ocurre con otros negocios que casi que con abrirlos van tirando porque las personas toman muchos cafés en este o en aquel sitio, porque uno se arregla y corta el pelo si no es aquí prueba allá… No siempre es así pero sí es verdad que muchos negocios funcionan por la simple demanda de personas que se arremolinan por allí aunque ni siquiera sean buenos.

Pero me parece que no es cierto que la gente no lea, creo que la mayor parte de las personas son lectoras, leen en su día a día y de cuando en cuando tienen una novela en las manos; pero es cierto que no poseen el hábito de comprar libros en su barrio (también es verdad que como decimos no existen esas librerías, pero quizás no existan precisamente porque las personas no van). Muchos lectores compran en Amazon y en ocasiones en La casa del libro o La Fnac cuando se acercan al centro o van a algún centro comercial. Pero sí leen. Yo que me paso media vida en el metro -como medio Madrid- veo bastante gente con libros, siempre aparecen, siempre hay libros en los vagones o libros electrónicos. Y las personas que van en el metro representan muy bien a la gente de la ciudad. Si no leyera tanta gente se vería algún que otro libro cada tres días, pero no es así. Lo que creo que sí pasa es que esas personas no colectivizan su lectura, no hablan de ella como de los melones de temporada o el tinte o la tapa de tortilla de patata. Hablar sobre lecturas ha quedado, quizás, para menester de unos pocos eruditos que vagan por los andenes. Estas conversaciones, las primeras, están por los barrios, los negocios se meten en las conversaciones de los vecinos, pero bien faltan que se metan diálogos que surjan de la librería de la esquina. La lectura es como algo muy personal, un espacio íntimo para la persona, en muchos casos separada del resto de su día. No es un hábito social. Pero debemos hablar de las lecturas, de nuestros pareceres, hacerla nuestra porque nuestra es. Y podemos decir sobre las historias que leemos lo que nos de la gana.

Las personas nos levantamos con el trabajo ocupando toda nuestra mente, trabajos en muchos casos que no nos hacen saludables como deberíamos ser y hay que pensar qué cosas que desaparecen de nuestra vida no es porque deberían sino porque nos hemos dejado llevar por este tipo de sociedad. Yo en mi día a día procuro hacer deporte, leer, dedicarme tiempo a mí misma. Creo que vivir empleándote desde dentro de ti misma y después hacia fuera puede hacer seres humanos que creen un planeta mejor en el que vivir. Pero hay momentos en los que lo que no nos parece que nos sea útil -para este sistema- lo estamos desechando siendo personas más infelices. Esta pequeña reflexión final la hago porque creo que abrir espacios de más amor en los barrios es esencial para compartirnos y a esto nos ayuda mucho la literatura.

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