No se puede reducir la literatura a una utilidad posterior a la lectura en la vida práctica ¿Sabemos para qué sirve la literatura?

10 noviembre, 2017 No Comments

Me enfada y me entristece ver que, por un lado, se editan tantos libros sin parar -como si no hubiera un mañana- y, por otro, la literatura infantil se va reduciendo, encasillando en utilidades concretas, encerrando en aprendizajes puntuales, pequeños, parcelados, inconexos. Me enfada porque a veces veo a personas que ganan dinero propagando esta lacra y me entristece porque más allá de la envidia -porque yo que me creo que sé más no pueda vivir de mi proyecto como esos otros que venden objetos con forma de libros- sé como amante de la literatura que La Celestina, Los pazos de Ulloa, La sombra del ciprés es alargada, El difunto Matías Pascal, El barón rampante y, claro, tantos otros no disfrutan de la cercanía con el lector que se merecen. Y te puedes sentir solo. Aunque siempre están los libros. Y vuelta a empezar.

Solo las modas, los clichés, los lugares comunes hacen que alguien compre un libro. Y cuando se trata de libros de literatura infantil y juvenil la obligación, el deber de leer que ejercen los padres -no lectores- a los hijos sigue destrozando. Uno no lee por obligación. La lectura es un placer. Y muchas veces los culpables son muchos y no solamente el lector.

Es como un sinsentido: miles de libros y, sin embargo, el sentido de la literatura, amplio, diverso, vital, grande, no se ve y padres, adultos, quienes compran, compran libros de una manera estrecha. ¿Por qué se editan tantos libros si al mismo tiempo la gente no sabe para qué existe la literatura? Porque creo que ha tenido que haber algún momento en el que el sentido de la literatura no se tergiversara de esta manera. Donde buenos escritores formaban parte de una sociedad sana que era buena lectora. Pero quizás nunca ha sido así, quizás los escritores que han pasado a la historia eran comprendidos por pocos. Ahora cualquier persona vende libros para niños aunque sea entre ropa y pendientes. Los venden sin saber de qué va la historia, el tema, qué está en juego; los venden como un objeto bonito: feminista, ecologista, pero no se dan cuenta de que los feminismos sin buena literatura no son más que propaganda. Yo intento defender las historias por encima de la ideología concreta, la imaginación por encima de la simpleza del momento presente. Es la biodiversidad de pensamiento la que puede hacernos criticar las guerras, las injusticias, las desigualdades, la destrucción del medioambiente. Pero es primero la distancia con los valores familiares, los imperantes de la sociedad del momento o ambos la que ayudará a que el niña o el niño sea capaz de a través de otras vidas, otras historias, otras personas, otros momentos históricos ser una persona libre.

Quizás no hemos tenido tiempos mejores, pero ahora tampoco lo son. Yo por muy ecologista que sea, que lo soy, no quiero darle a una niña o a un niño propaganda ecologista para que acabe odiando la lectura donde sí encontrará maneras de tener un pensamiento crítico. Porque eso es lo que se debería desear: que los niños tuvieran un pensamiento crítico. Y me duele mucho ver malos libros para niños en espacios que considero interesantes para un cambio social y que, sin embargo, no comprenden que al mezclar eso con la literatura no están ofreciendo ni una cosa ni la otra a los niños. Me parece que no se tiene el debido respeto a la literatura y me duele verla ultrajada por las modas del momento. Porque al final los valores que imperan en un momento de la historia serán modificados y los libros infantiles que se quedan en esos valores serán desechados por la literatura que es amplia y trasciende a dos años concretos dentro de toda la historia del mundo. Encerrarse en los valores concretos de un momento dado y ofrecer libros hechos para esa franja temporal es un error. Quienes defendemos el respeto por la naturaleza -como comida de producción ecológica, uso transporte público, soy socia de varias organizaciones ecologistas, he hecho mi trabajo de final de máster sobre aspectos de la ecocrítica- creo que podemos saber separar esto de la literatura y el niño debe leer los cuentos clásicos -machistas y violentos pero con unas capacidades únicas de mostrar la psicología humana al niño- porque no por eso va a ser el lector machista ni violento. Y podría leer otras obras clásicas, que lo son por razones, como Huckleberry Finn sin decir que es una obra racista. Es que es literatura. Y precisamente el niño o la niña sabrá opinar, darse cuenta de los conflictos humanos y sus miserias.

Estando en la librería trabajando son muchas las ocasiones en las que entran familias que me preguntan sobre un libro para que su hija deje de ser tímida, o valore sus diferencias. No entran y me preguntan: Perdona, un buen libro que haga a mi hija ser lectora durante toda su vida, tener ideas propias, darse cuenta. Porque los libros es que no son medicinas y porque lea un libro-panfleto con una clara intención de enseñar, únicamente, a superar el miedo a la oscuridad, no lo va a hacer de ninguna manera. Quizás lo haga conociendo a personajes complejos que se parecen a los de su vida, con los que va a tener que lidiar sí o sí, conociendo las emociones del ser humano, y poco a poco, haciéndose fuerte.

Pienso que hay libros escritos por activistas que los niños y las niñas merecen conocer pero no creo en el olvido de la literatura sin etiquetas, de personas que han escrito sobre los miedos humanos que siempre son los mismos, la muerte, el amor, la soledad. Creo que no es cuestión de no ofrecer libros que tengan un “buen” valor claro pero que desde luego no puede excluir esto una biblioteca donde se la ofrezcan al niño historias. La burbuja editorial no existía hace un siglo y es verdad que hace unas décadas los escritores eran más valorados con capacidad para influir en el pensamiento de las masas. Pero creo que es verdad que ahora se lee más, más personas pueden acceder a la lectura, pero lo que hay que intentar es que con tanta edición no se pierda la necesidad del libro de calidad. Y sí me gustaría que hablarán más escritoras y escritores en la televisión, más sabios, más intelectuales y menos tertulianos o personas con saberes parcelados. Al final el intelectual debe situarse cerca de la gente y no ser visto como algo escondido y minoritario. Todas y todos deberíamos aspirar a tener conocimiento que no tiene que ser útil según el concepto de utilidad de la sociedad en la que vivimos.

  • Published On : 1 mes ago on 10 noviembre, 2017
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  • Last Updated : diciembre 13, 2017 @ 11:50 am
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About the author

Soy una periodista amante de la literatura infantil y juvenil. Me gusta la ilustración, la ecología, la literatura. Actualmente estoy elaborando mi trabajo de final del máster libros y literatura infantil y juvenil de la UAB. He creado este blog para compartir realidades de una manera diferente a tantos medios.

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