Mucha gente pequeña Os voy a hablar del libro de Gustavo Duch, Mucha gente pequeña, en el que resuenan muchas voces invisibles a las que Duch ha dado protagonismo

7 julio, 2017 No Comments

En algún sitio he leído hace poco, no recuerdo dónde, que Eduardo Galeano decía que a él le gustaba mirar por la mirilla de la puerta. Desde el lugar más minúsculo me parece que le gustaría mirar y no con la puerta abierta de par en par. Lo que hay al otro lado de la puerta es lo mismo, pero la perspectiva cambia. Cuando tenemos Mucha gente pequeña entre las manos, lo primero que podemos ver es un texto de Galeano que dice así sobre Gustavo Duch: “Desde hace mucho tiempo, leo y disfruto todo lo que Gustavo publica. Tiene el encanto de los libros escritos para niños, pero con una diferencia fundamental: sus palabras no ayudan a dormir, pero sí que ayudan a despertar”. Por supuesto, los libros para niños y niñas no solamente ayudan a dormir, pero esto no voy a matizarlo porque no lo creo necesario.

Es Mucha gente pequeña un libro minúsculo como la gente pequeña de la que habla. Ya sabemos que, como se dice en este libro… “Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos que alimentaran al mundo”. Este libro de pequeñas dimensiones que pasa desapercibido guarda pequeños tesoros, detalles de la vida que por tan sencillos son la evidencia del secreto de nuestra existencia. Mucha gente pequeña crítica al sistema capitalista con su agroindustria que deforesta, empobrece los suelos, que no da tregua a habitantes de todo la vida de los pueblos para que puedan generar proyectos simples para alimentarse y alimentar. Están también las relaciones humanas y nuestra necesidad de ellas, así como situaciones muy complicadas de abusos para las mujeres. Duch une la dignidad humana con la del bosque, como si de un mismo todo fuera. Mucha gente pequeña es un libro de relatos breves, algunos muy breves, donde aparecen personas de la vida de todos los días, las cuales si nos ponemos de acuerdo y comenzamos a lanzar “bombas de semillas” podremos situarnos en un mundo “justo y perdurable”.

He mencionado ya algunos de los relatos sutilmente pero me gustaría abordar algunos de ellos directamente. Derecho a decidir, Los chiflados, Ser de barrio, La farmacia, Garbanzos con carne, Como las cigueñas, Profesiones, son algunos de los nombres de estos fragmentos de vida. En ellos aparece la soberanía alimentaria, la comida ecológica, el respecto a la naturaleza, pero también la infelicidad de quien vive alejado de las maneras animales de ser, en lugares grises. 

En Profesiones el protagonista es un niño-árbol, “un tierno brote verde”. Que imagina lo que le gustaría ser de mayor y lo que no le gustaría. No le gustaría que sus ramas sirvieran para colocar al ahorcado y sí le gustaría que su tronco sirviera de cobijo para reuniones clandestinas donde se sueñen revoluciones; y hay más.

En Como las cigueñas nos encontramos con otra soñadora, en este caso, una joven y su vida llena de luz donde rememora su día en el que ha puesto en marcha junto a otras personas una cooperativa de consumo ecológico y local; al mediodía ha comido con unos amigos para dar los primeros pasos de una asociación que hable de alimentación y salud; por último, se ha pasado por la panadería ecológica que han montado unos jóvenes seducidos por ella misma. Escrito en forma de cuento es muy entrañable leerlo.

En Ser de barrio nos tenemos que reír porque se habla de un ladronzuelo de barrio que aunque ya poco tiene que robar a las gente que apenas nada ya tienen, él sigue queriendo robar en su barrio de toda la vida.

Garbanzos con carne tiene también su humor. Unos señores debaten en una taberna sobre si es mejor reivindicar la carne que ha desaparecido debido a la falta de dinero o ver el lado positivo y es que se puede recuperar la dieta de garbanzos de siempre.

La farmacia es un relato donde se habla de un doctor que receta amor, igualdad, risas, lloros cuando se tienen ganas, nada de patriarcado… “el terror de las farmacéuticas”.

Los chiflados son una familia al igual que “los bermellones” y otras de una comarca asturiana. Estos eran vistos como muy atrasados porque no sabían lo que era el dinero ni lo precisaban teniendo ellos unas relaciones de trueque que les iban muy bien, con sus huertas, la miel, los cerdos. Pero eso, eran vistos como pobres gentes subdesarrolladas. Cuando llegó la crisis los chiflados y el resto de vecinos de la comarca siguieron “intercambiando verduras, ganado, esfuerzo y saberes, todo de fabricación local, al mismo ritmo natural de siempre.

Derecho a decidir es un completo canto a la sencillez. Siempre deseamos ser más y mejores y realmente lo bonito, lo que tiene sentido, es que deseáramos poder vivir como siempre lo hemos hecho. Que nuestros bosques no sean talados, que el que vive de su huerto pueda seguir haciéndolo en la tranquilidad de su pueblo, que esta última no se vea alterada por el silencio absoluto del éxodo rural o por la llegada de grúas para “desarrollar”.

Se sabía que entre vegas, páramos, altiplanos, sabanas y selvas, había muchas mujeres y hombres apegados a la tierra; donde, en el más absoluto silencio, creaban y recreaban la palabra mundo, un espacio abierto donde cabían todas y todos. Se sabía que entre tanta amalgama de paisajes y paisanajes se escondían auténticas maravillas construyendo lo común, como el hacer agricultura con la sabiduría de las ancianas para alimentar a la gente.

La ilustración de portada es de Laia Arqueros.

Gustavo Duch tiene también otros libros publicados los cuales recomiendo.

Se puede ver en la parte de los créditos del libro el “Cálculo de la mochila ecológica de un ejemplar de la publicación”.

About the author

Soy una periodista amante de la literatura infantil y juvenil. Me gusta la ilustración, la ecología, la literatura. Actualmente estoy elaborando mi trabajo de final del máster libros y literatura infantil y juvenil de la UAB. He creado este blog para compartir realidades de una manera diferente a tantos medios.

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