La conejita Marcela y La zanahoria. Conejos en portada, diferentes maneras de hacer presente al bosque y de ser con los demás Voy a hablar de dos álbumes ilustrados que comparten un conejo en la portada y que hablan de asuntos parecidos pero uno recordando sonidos del lenguaje oral y el otro teniendo en cuenta situaciones presentes

14 junio, 2017 No Comments

Conocí el álbum de La conejita Marcela leyendo una entrevista a Esther Tusquets, la autora del texto. En este caso, como no suele ocurrir ya que normalmente texto e ilustración son indivisibles, las ilustraciones del álbum que ahora pueden verse llegaron años después a la escritura del texto, en 2011, un año antes de la muerte de Esther Tusquets. Esta nueva edición ha sido publicada por Kalandraka, siendo el original publicado por Lumen en 1980. Por otro lado, La zanahoria es un álbum reciente relativamente, de 2015, realizado por Laia Doménech, inspirado por un cuento tradicional chino. Es bastante cierto que se ha abusado de las adaptaciones de textos como para mostrar la valía de algún ilustrador cuando no parece que haya un texto a la altura; pero creo que en este caso se crea una obra nueva, inspirada por culturas solidarias que generaban cuentos para transmitir a las próximas generaciones; cuentos arraigados a la tierra.

Es recurrente el hecho de utilizar animales en los libros para los niños como dice Diego Gutiérrez en el número #115 de Peonza: “Los animales han sido protagonistas de los mitos, leyendas y cuentos originados como explicación del mundo y los misterios de la vida en tiempos remotos, desde el mismo origen de nuestra especie. Y han acompañado a la Humanidad como fuente de consuelo, socialización, diversión y aprendizaje en el largo proceso de civilización hasta nuestros días”. Lo que bien es cierto es que no siempre el hecho de que aparezcan animales en un libro quiere decir que se busque respetarlos, darles voz; en numerosas ocasiones no se trata más que un instrumento para hacer un metáfora sobre la sociedad humana, y solo está importando eso. Por otro lado, es verdad que para un lector que no lo lea de esta manera, se sumergirá en un bosque donde puede que genere mayor empatía con los animales  y la vida en él. A mí me parecen, no obstante, más interesantes aquellos libros que tienen como fondo un respeto por el bosque y no una cura de los problemas humanos que solo tienen que ver con los humanos.

He seleccionado estos dos álbumes, La conejita Marcela cogido de la biblioteca del barrio, porque por un lado quería hablar de dos álbumes donde apareciera el bosque como escenario o por lo menos la naturaleza y, por otro, ver cómo se integraba esa naturaleza en la historia, qué papel jugaba. En el caso del álbum La zanahoria este juega un papel estético fundamental y esta me parece que es parte de la poesía del álbum, la sensibilidad con la que Doménech retrata el bosque: un espacio lleno de vida, cosa que desde las guardas se ve. En las guardas podemos observan un montón de insectos diferentes, cada uno con sus características e introducirnos en un espacio donde hay tamaños diversos en cada animal, en las montañas, y todos hacen el conjunto. Este último álbum rescata una historia que tendrá siglos de vida para recuperar los cuentos que forman parte de nosotros como seres humanos. Como decía Eduardo Galeano: “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”. La editorial Milrazones ha querido mostrar a los lectores su raíces, porque aunque se trata de un cuento tradicional chino, al final la cooperación, la gestión de los recursos de manera solidaria, el ambiente rural, son creencias que pienso que se han dado en la mayor parte de las sociedades. Los conceptos del bien común, la inteligencia campesina, la cultura local, el respeto por las raíces, la solidaridad entre especies, están presente en este libro. Tiene algo que ver este álbum con el de Las semillas mágicas de Mitsumasa Anno donde también pasa que si se tiene paciencia y uno no es avaricioso, la tierra siempre recompensa con comida suficiente.

El bosque es un espacio de vida donde nos encontramos lo invisible, al sin voz, al ninguno, a los nadie, como decía Galeano. Porque desgraciadamente hemos dejado de ser capaces de escuchar los sonidos que hay en él. Hemos dejado de oler sus fragancias, de tocar las cortezas, de jugar con los nidos. Ese lenguaje que era parte de nosotros mismos nos ha sido amputado y con él los cuentos, la simbología de la comunidad… En la literatura tenemos la oportunidad de poder volver a conectar con las historias que nos definen, que nos consuelan, que nos muestran espacios que podemos hacer nuestros. Dice Michèle Petit en su libro Leer el mundo: “A lo largo de los años, Beatriz Helena Robledo pudo medir, dice, las infinitas posibilidades que ofrecen la lectura y la escritura para reconstruir el sentido de la vida, curar las heridas, ensanchar el mundo. Con los más frágiles, los más desprovistos de vínculos, ella observó cómo la literatura (gracias al arte de un mediador) creaba dentro de los participantes un anclaje, “un sedimento de verdad, de certeza afectiva”.

Por otro lado, La conejita Marcela es un álbum sobre las desigualdades humanas, el racismo, las jerarquías, las censuras, las revoluciones, cuando todos somos iguales, y no está bien que unos humillemos a los otros. Esta idea de donde hay pobres hay ricos, donde hay feos hay guapos, donde hay negros hay blancos, incluso donde hay mujeres hay hombres, es una visión injusta de la sociedad. Somos todos personas y no deberíamos estar tan pendientes de la parte externa de nosotros mismos que no es más que una construcción social, en los últimos tiempos apoyada en el capitalismo más agresivo, que genera violencias porque usa un lenguaje violento, el del crecimiento, el del dinero, el de la competición, el del usar y tirar.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.

Eduardo Galeano

Las ilustraciones de Laia Doménech no resultan demasiado actuales encajando muy bien con la época en la que fue escrito el fragmento. De hecho pareciera más ilustrado hace veinte años que hace seis. Todo lo contrario ocurre con La zanahoria que tiene un estilo bastante actual, menos clásico, no hay un realismo en las ilustraciones de los animales como en el caso del álbum de Tusquets.

Con respecto al bosque este no nos transmite belleza en Marcela, no es demasiado explícito. Se sabe que ahí está porque los conejos viven en él pero no es un elemento a destacar que genere belleza, sensaciones. No hay un lenguaje del bosque. Es todo bastante minimalista. Aparecen algunas hojas de árboles o los troncos, árboles en la lejanía, algunos brotes en forma de rayajos, algo de agua muy solitaria. Quizás sea también la deforestación que está sintiendo el mundo. Este es un álbum que me recuerda a Rosa Caramelo o Julia, la niña que tenía sombra de chico.

 

Érase un bosque lejano,

jamás pisado por los pies

de los hombres.

Fragmento de La zanahoria

 

*La ilustración de portada es de Adolfo Serra.

About the author

Soy una periodista amante de la literatura infantil y juvenil. Me gusta la ilustración, la ecología, la literatura. Actualmente estoy elaborando mi trabajo de final del máster libros y literatura infantil y juvenil de la UAB. He creado este blog para compartir realidades de una manera diferente a tantos medios.

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