Es tu turno, Adrián Una mezcla de novela gráfica con algo de álbum ilustrado sobre los miedos a la hora de afrontar las relaciones sociales...

Es tu turno, Adrián es una propuesta plásticamente llamativa, de contrastes, nada homogénea, con pasajes muy coloridos -paleta amplia de colores- y otros más propios de la novela gráfica que en este caso son en blanco y negro a lápiz. Estos momentos en blanco y negro tienen un gran poder narrativo, no utilizándose apenas las palabras. Son escenas parecidas al storyboard plagadas de detalles en cada viñeta. En ellas puede verse a la familia de Adrián, una familia que se proporciona amor, una familia sencilla llena de silencios y de armonía; aunque Adrián no cuenta sus problemas. Pero también vemos la escuela, un lugar donde a Adrián le afloran sus miedos: miedo a relacionarse con los demás, y especialmente miedo a hablar en público, miedo a leer en público cuando llega su turno. A esto no ayuda nada un territorio hostil con chicos y chicas que se burlan de él. Los chavales le hacen el conocido como bullying. Adrián es muy callado, muy reservado, tímido y todo esto, desgraciadamente, alimenta a las personas que disfrutan riéndose de los demás, generando un mundo donde uno se puede sentir muy mal.

No obstante, cada persona tiene sus herramientas, sus armas para defenderse de lo que le asusta y le impide ser feliz. Adrián encuentra a un perro llamado Niebla que se convierte en su fuerza para que no aparezcan sus miedos, se disipen estos, él se sienta bien, cómodo, libre. Adrián es un personaje con el que muchos nos podemos sentir identificados porque todos hemos podido vivir situaciones incómodas y consciente o inconscientemente creamos modos de saberlas afrontar porque no son de nuestro agrado. Es tu turno, Adrián un libro sobre la psicología humana y cómo los problemas a veces no tienen que ver con que tengas una estructura familiar más o menos desestructurada; a veces aparecen los miedos y no se sabe muy bien por qué. Adrián es un niño imaginativo, creativo, bueno y fácilmente un lector puede sentirse de su lado. Todos al final buscamos amigos, personas o sensaciones que nos hacen volver a nuestro estado de felicidad, gracias a los cuales nos sentimos de nuevo protegidos y no perdidos en un mundo a veces hostil, grande, dificultoso, lleno de temores, de inseguridades. Hay un juego en el libro entre la dicha y el sentirse desdichado, entre la realidad cruel y una realidad donde la imaginación de uno le pone color y energía.

Este libro está editado por Ekaré en este año 2017. La edición es en tapa dura. Muy cuidada y con un olor a libro de los que me gustan. Es un libro con un formato muy cómodo, muy fácilmente transportable, más bien pequeño. Está escrito por Helena Oberg (1966) e ilustrado por Kristin Lidstrom (1984), las dos autoras suecas. Las guardas del libro tienen una función narrativa comenzando la historia ya en ellas. Es tu turno, Adrián fue nominado en 2015 al August Prize. Rodeados de libros muy amables y estéticamente monos, con mucha sencillez y pocos colores, esta pequeña novela tiene un aspecto distinto, un punto diferente, mucha fuerza en la gran variedad de colores que no teme mezclar y llenar todos los espacios. Las tipografías también son un elemento a destacar. Son muy preparadas para el libro -la del título que luego se repite en el interior del libro es genial- y es un tipo de letra, la más usada, que simula a la escritura de una persona.

La historia está contada a modo de diario, en primera persona por Adrián. Me ha recordado al libro de Jordi Sierra i Fabra de El niño que se cayó en un agujero. Las ilustraciones son fluidas pudiendo observar la facilidad con la que esta artista dibuja, el trazo fácil y el gran dominio del lápiz. Todos los elementos de la escena parecen estar ahí más allá del dibujo, como si existieran; los dibujos transmiten un placer visual mientras el ojo recorre todo el plano. Hay un punto, como decía, de cine, de escenas que están pasando, momentos que están sucediendo, pura acción, presente.

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