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Días de hijo Un pequeño libro inteligente, con humor sobre "la casi increíble suerte de ser padre"

Hoy os quería hablar de un libro muy especial: Días de hijo. Casi todos los libros sobre los que escribo en el blog digo que me encantan, que son maravillosos, especiales… Y soy consciente de que podría ahorrarme un comentario en sí mismo poco consistente pero simplemente me apetece expresarme así. Porque cuando me decido a hacer un reseña sobre ese libro, es porque ese libro en ese preciso momento tiene una gran importancia para mí  y siempre el nuevo libro sobre el que escribo es el más especial.


Dias de hijo está ilustrado y escrito por Philip Waechter y editado en España por Lóguez. Es uno de esos libros contemplativos, minimalistas y emotivos que en pocos trazos y palabras te dejan un mensaje profundo y sencillo sobre la vida. En este caso es un libro que creo puede interesar más al adulto que ha sido padre (Días de hijo tiene tintes autobiográficos, por eso digo “padre” porque está más centrado en esta figura) que al niño o niña aunque estoy segura, creo, contado juntos (pequeño y adulto) seguro que interesa mucho a ambos. Pero sin duda al adulto le llegarán unos significados muy directos que tienen que ver con el hecho de tener un hijo. Yo no tengo hijos pero creo que capta con una gran sinceridad, desde sus propias vivencias, ese sentimiento y esas memorias tan únicas. Y que ese es un truco de este libro: guarda sutiles momentos con los que los lectores se sentirán apelados.

En estos días tan duros que estamos viviendo: en medio de una pandemia que está azotando muy fuerte a España pero al mundo entero también. Nuestros padres, los de muchos ya más mayores nos vienen a la mente. Todo lo que les queremos y que tristemente muchos de ellos se han ido antes de tiempo por culpa de este maldito virus, y que en cualquier caso no podemos abrazarles por el confinamiento. Así que quizás hay otro lector o lectora implícito en esta historia y es la de aquellas y aquellos que como yo ven a ese bebé tan querido en este libro y piensan que así debió ser mi llegada para mis papás. Así que mando desde aquí un mensaje de fuerza a nuestros mayores, un beso para mis papás (que en estos días no puedo achucharles), que fueron papás jóvenes en su día y que son los más afectados, porque les queremos mucho y les queremos muy sanos pronto.

He creído necesario hacer este inciso porque es esta una semana crítica para nuestro país y, en fin, no quería dejar pasar la oportunidad de mencionar esto en esta reseña.

Días de hijo fundamentalmente presenta a modo de diario escenas de una familia desde que llega el bebé a la vida de una pareja. Son momentos íntimos llenos de ternura, inseguridades, diversiones, rutinas… que el lector puede contemplar. Es una forma de congelar esas escenas que cuando se viven deben también ser sentidas como un paréntesis en la vida de uno, como si ya nada fuera igual que antes.

En este libro se saborea cómo el padre le cuenta cómo es su vida, lo que hacen; y un baño, un cambiar los pañales, un paseo con el bebé escuchando el partido de fútbol un domingo. Un día perfecto que es tomarse un café en un parque con el bebé durmiendo. Días soleados, días con lluvia y en todos están juntos. Cuando se pone malito, y cómo sucede también una transformación interior en la que parece ser ocurre un enamoramiento.

La manera de estar dibujado me recuerda a los clásicos franceses como Sempé. Pocos trazos que parecen espontáneos y rápidos. Y en este caso unos colores pasteles con ciertos estampados por aquí y por allá que crean un conjunto cálido. Me gusta de este libro que apelando a la sencillez incluye una casa con pocos elementos, lo esencial, conectando así de una manera más profunda con esa emoción, dejando emerger lo importante. Que al final es ese enamoramiento entre el padre y el niño. Es una libro que transmite calma, sosiego, paz.

Aparecen estampados en la ropa de la madre y la del padre, aparecen estampados en el sofá, en la ropa del niño poniendo puntos de color suaves pero donde se aprecia esa viveza. Me interesa bastante, como decía, el hecho de que casi un personaje más sea esa austeridad, en un momento en el que los bebés parece que vienen con mil cosas bajo el brazo. Esa pausa en la que ningún elemento material es importante, esa casa con pocas cosas que deja espacio para las emociones. La verdad es que cuando tienes entre las manos un libro como esta puedes llegar a ver como absolutamente vulgares, como le pasa el padre con otros niños, a otros libros: este libro concentra calidad y permanencia. No hay modas en él, ni ganas de agradar por algún interés comercial. Muchas personas, es un opinión totalmente personal y seguramente equivocada, deberían no publicar libros tan a la ligera. Porque igual que no todos sabemos operar no todos sabemos contar historias.

Otro tema del que quería hablaros es de esa conexión que va aumentando a lo largo del libro. Porque al principio no se conocen, no se habían visto antes. Y cómo poco a poco cada vez están más coordinados, conectados, cómodos juntos. Es curioso porque eso de sentirse enamorado cuando nace tu hijo lo he escuchado de algún familiar que justamente ha dicho eso. Y en este libro se pone de manifiesto que el autor lo comparte también. Y lo parece, en realidad. Podría ser un libro entre dos enamorados adultos: esos primeros momentos. Podría serlo perfectamente. El padre y el hijo disfrutan en este libro por el hecho de estar juntos tomando un café, paseando, mirándose, sonriéndose, haciendo ejercicio, abrazándose y cuidándose cuando uno está enfermo o lo dos.

Es un placer para los ojos poder disfrutar de la facilidad de trazo de los buenos dibujantes. Sobra espacio para más palabras y sobra papel para dibujar más pero así queda el libro: completo. También me recuerda a los dibujos de Quentin Blake. Con un poco de tinta negra y algunos colores sutiles consiguen expresar emociones, ideas, que junto a una frase o en pequeño texto ya nos han adentrado en un contexto donde algo sucede. Al mismo tiempo, en este caso, es ese realismo del dibujante que están en una cafetería captando lo que ve y lo refleja con un poco de lápiz sobre un cuaderno.

Este es un libro especial, sin lugar a dudas. Destila alegría de vivir y la felicidad posada en lo sencillo.

 

 

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