Conocer el mundo mientras se destruye La literatura nos da dignidad (a las personas)... ¿Pero qué dignidad les ofrece al resto de la vida en la tierra?

La literatura nos da la oportunidad de conocer el mundo. Esta es la mayor razón de peso para defenderla y entender que su existencia no debería ser solo cuestión de gustos, sino que realmente debería formar parte de nuestra sociedad como parte de la cultura escrita que tenemos, reivindicando las historias que pueden leerse para llegar a ser sujetos con total dignidad nosotros, ayudándonos a comprender nuestra realidad; en la que no estamos solamente las personas. ¿Se puede llegar a tener plena dignidad sin haber estimulado lo más posible la inteligencia? De alguna manera, al menos en ese punto estoy yo, todo parece relativo: es decir los valores que se defienden ahora mutaran de aquí a un tiempo y se verán obsoletos; no serán suficiente. Entonces la literatura qué mundo muestra, ¿por qué hay historias que siempre tienen algo que decir aunque hayan pasado 100 años? Y si todo es relativo… ¿no hay algo que no lo es? Que somos animales, mamíferos; que no somos una mesa sino un ser vivo que nace y muere. Entonces, si la vida (toda la vida del planeta, no solo de la nuestra especie) es anterior a la literatura… Pienso yo que imbricarla en el ADN de la literatura debería ser inevitable. Pienso que si en el 2017 no se aboga por un futuro y presente sostenible dentro de la naturaleza, esta -la literatura- no será tan importante.

Con todo esto no estoy defendiendo que haya libros que vendan valores de amor por el medioambiente, que también si son de calidad, si no que de alguna manera creo que literatura y ecología son como dos caras de una misma pieza y que es importante tener la pieza entera en la mano. La literatura es algo interno a las personas que existe desde que el lenguaje es lenguaje y se buscaba contar historias, hacer entender un relato… Y en ese momento también estábamos siendo muy animales. La literatura antes era muy parecida a la naturaleza, mitos, creencias, porque los hombres solamente vivían en ella: el bosque, la agricultura, el uso de herramientas fabricadas a mano, las ropas… Y la literatura se fue alejando poco a poco hasta el punto de existir grandes novelas catalogadas como clásicos porque hacen una gran defensa de tantas cosas preciosas… Y sin embargo, se burlan de otros animales, pisotean el campo, le dan la espalda, no importa, lo queman, lo mean; y ese enfoque de ese autor que no estaba interesado en una de las libertades más bonitas, se suple porque hace un retrato sobrecogedor sobre la psicología humana. Bueno.

Considero que igual que una novela bien escrita que defienda barbaridades sobre los derechos humanas no sería bien recibida tampoco lo deberían ser aquellas que tienen un desconocimiento pleno del derecho de los demás seres vivos. Pongo un ejemplo: si estoy leyendo un libro que aboga por la igualdad entre las personas y en una escena en la cena se dice que se comen un chuletón. A mí me parece que en la literatura no se trata de salvar al hombre mientras se le separa de lo que precisamente es: un ser que defiende derechos y con capacidad para defender los de los demás animales, al menos desde su punto de vista de sociedad humana. No estoy atacando el comer carne, simplemente digo que hay que presentarlo de modos menos familiares y cuestionar esa actividad. Porque comer carne significa: matar a otro animal y en qué condiciones -ha vivido y se le mata- Y si quieres ser un hombre poco machista mientras se comenten otro delitos por lo menos que la voz narrativa se entere. Si la literatura que nos da la oportunidad de conocer no es capaz de pensar en ello me pregunto, ¿quién? Porque la literatura es la que dialoga y a través del diálogo está esa esperanza. El barón rampante fue una novela que me interesó mucho. Estamos ante una mala realidad donde sabemos que el ser humano ha provocado la destrucción de mucha masa forestal, que hemos violado los derechos de tantos animales. Que nos hemos cargado árboles en una noche que llevaban ahí cientos de años… Hemos predicado la ignorancia y provocado caos, incertidumbre en un mundo que lleva funcionando miles de años. Solo pensamos en el corto plazo. Todo rápido y como no reflexionamos sobre la muerte nos creemos invencibles y superficiales. Y destruimos. Precisamente la lectura es una acto lento que requiere tiempo. Un libro hay que leerlo: sus palabras, sus párrafos, sus capítulos… Como igualmente paciente es la madre naturaleza, ya que el tiempo para ella no es una hora, ni dos. Ella no tiene prisa. Por ello la literatura debería tener esa fuerza primitiva que nos une a todos.

A estas reflexiones un tanto desajustadas y no del todo certeras me ayudan mis estudios en el máster en libros y literatura infantil de la UAB. Profesores como Daniel Goldin, Adolfo Córdova, Teresa Colomer y otros como Michele Petit son fuente de inspiración para mí. Muchas de sus ideas las he abrazado porque estoy muy de acuerdo con ellas pero sin sus enseñanzas no hubiera podido tenerlas.