Un espacio de libros

ilustración, ideas, creatividad y mi vida

Categoría: Artículos

10 libros que quiero tener en mi biblioteca y que me apunto en la lista de deseos

Nunca sé si para referirme a los libros de mi casa quiero decir biblioteca o librería. A veces me sale decir librería y otras veces biblioteca. Ahora me apetece decir biblioteca; al final son libros que pocos salen de casa y los que salen suelen ser de préstamo, de vuelta. Quiero hablar en esta entrada de esa selección que yo misma hago para ir sabiendo qué libros comprar. Muchas veces veo algún libro que quiero recordar para poderlo tener y que no puedo comprar en ese momento; y aquí os muestro mi lista, que quizás te resulte interesante ya que puedes encontrar algún libro que también desees apuntarte. Lo peor de todo es que un día del mes de mayo me hice un lista con todos esos libros y resulta que ahora no la encuentro por ningún lado; así que me toca volver casi empezar de cero ya que ahora me acuerdo de muy pocos, con lo cual no solamente me falta el papel sino que tengo que volver a hacer el ejercicio investigar, recordar, pensar. Pero yo encantada, eso sí.

He seleccionado 10 libros, que igual son todos diferentes con respecto a la lista. Es infinito.

En primer lugar, un álbum ilustrado que estudié en el máster, Guji-Guji. Solamente por el hecho de ser recomendado en estos estudios que realicé, ya tiene un pase, porque aprendí tanto a darle esa dignidad a la literatura infantil y juvenil que sentía que cada vez que hablaban de un libro este debía ser una joya. En este caso se trataría de algo así como una versión del cuento del patito feo. Se trata de una mamá que cuida y quiere a un animal que es diferente a ella. Todo esto lo estoy diciendo de lo que recuerdo. Ninguno de los libros de esta lista los he leído. Los selecciono porque han sido recomendados por personas de las que me fui o editados por una editorial que me gusta o porque su portada me lanza señales o la sinopsis me cautiva; y también por un poco de todo.

Una ilustradora a la cual admiro mucho pero que no tengo ningún libro suyo en casa es Katty Crowther. Fue ganadora del premio Astrid Lindgren en 2010. En este caso, como segundo libro, quiero seleccionar El niño raíz. Este es un libro curioso, de esos que me gustan. Libros raros y me resultan todavía más interesantes cuando están cercanos al medio natural. Esa relación entre literatura y ecología me fascina. Tiene una bibliografía de lo más interesante esta autora con títulos como Mi amigo Juan, ¿Entonces?, ¡Scric scrac bibib blub!, Poka & Mina, El gnomo no duerme, Le grand désorde, Le petit homme et Dieu, Annie du lac

 

 

Postales para un año lo he seleccionado porque me resulta inspiradora la portada y Anna Castagnoli tiene una mirada también muy particular. Me cautivan los álbumes minimalistas con fondos sin apenas nada, creo que de esta manera se puede entender el marco en el que se mueve la historia, sus límites, la doble hoja de papel.

Editado también por A buen paso: Una historia verdadera. La ilustradora, Rocío Araya, consigue que me entren ganas de dibujar. Creo que te hace meterte en un mundo muy especial, lleno de memoria.

Una de las editoriales que más me gustan es Los cuatro azules. En este caso he seleccionado tres libros para apuntarme en la lista. Quisiera tener…, La historia de Noé y Algo con lo que nadie había contado. Me ha gustado la sinopsis sobre este último título que hace la editorial: “Una parábola sobre la vida rápida y deshumanizada que llevamos en la sociedad actual. Una niña se cae a un pozo profundo ante la vista de todos. Al principio todos intentarán salvarla pero con el paso de los días y ante la imposibilidad de lograrlo se olvidarán de ella. Un texto metafórico y literario para un libro emocionante, donde la ilustración aporta la atmósfera triste primero, y feliz después de la historia. Necesitamos que nos cuiden y tenemos la obligación de cuidar de los demás solo así podemos garantizarnos una vida verdaderamente humana”. Los cuatro azules, hasta lo que sé, es una editorial llevada por Antonio Ventura, todo un referente para mí en esto de la literatura infantil y juvenil. De la historia de Noé me gustaría decir que son una completa admiradora de Elena Odriozola y que solo buscando tener todo su trabajo ya haría una lista, con lo que no puedo no incluir por lo menos un libro ilustrado por ella para aumentar la familia.


 

Hay una ilustradora a la cual sigo bastante y de la que todavía no he podido tener ninguno de sus libros entre mis manos: Ana Penyas. Tanto Mexicaque como En transición me resultan sugerentes, pero quiero poner en mi lista Estamos todas bien. Yo que vivo en Madrid y en un barrio barrio, digamos, me siento como muy familiarizada con su trabajo; esos edificios, lo gris, los patios estrechos, la vestimenta de las señoras que vinieron de los pueblos a vivir en los barrios. Siento mucha conexión con sus imágenes.

Ya voy llegando al final de mi selección y ahora debo ser coherente y que mis próximos libros salgan de esta lista. Para seguir algún tipo de orden y para que esta lista tenga algún tipo de sentido. El penúltimo libro que voy a añadir es uno que no sé, precisamente, en algún momento podré tener. Hace un tiempo lo busqué y creo recordar que era imposible conseguirlo, igual me equivoco. Me interesa este libro por cuando conocí el trabajo de Asun Balzola me resultó desconocido a la vez que admirado y no sé por qué lo percibí con un algo de misterio. Es una autora cuya vida me pareció curiosa y como disfruto con aquello que no es conocido por la mayoría y a través de lo cual puedes conectar con minorías -sin ánimo de sonar elitista sino al contrario- que son para mí las personas que encierran interés pues se me quedó bastante grabada y especialmente es álbum. Además su acuarela minimalista con fondos blancos me gusta; en ocasiones parecen manchas, algo descuidado.

Y el último: Humanidades ambientales. Porque desde que descubrí la ecocrítica no me ha dejado de interesar. Esa relación entre literatura y paisaje. Me parece que este libro tiene algo de eso.

Feria del libro de Madrid… y el viaje a Segovia

En unos días empezará la Feria del libro de Madrid 2018 y por primera vez estaré del otro lado. Es verdad que solamente será durante los fines de semana, sábados y domingos, porque el resto del tiempo estaré en la librería, que estará abierta en su horario habitual y tenemos libros deliciosos; pero pienso disfrutar mucho de la experiencia el tiempo que esté por allí intentando ayudar a la gente a encontrar su libro, resolver sus dudas. Van a ser unos días bastante cansados en los que estaré todo el día en la librería prácticamente sin descanso (: Creo que por eso he decidido cortarme el pelo, para estar bien cómoda, y evitar el calor y el tiempo dedicado a peinar melenas largas -me lo he cortado que da gusto y tenía que decirlo -. Espero que aquellas y aquellos que vayáis a la feria no dudéis en pasar a visitar la caseta número 98. Es muy emocionante pensar que vas a estar en un evento que tantas veces has visto desde el otro lado, y mirabas a los libreros, los editores, y pensabas que qué profesión tan bonita tenían. Ahora que puedo dedicarme a esto lo corroboro y también creo que o te gusta o no te gusta, que el gusto casi nunca se hace, ya se nace -casi- con él. He oído muchas veces a personas que han acabado teniendo una librería que siempre soñaron con trabajar en una, no es algo que se te ocurra de un día para otro, y pienso que como otros oficios la atracción surge mucho antes y aparece un vínculo que te lanza a ser tú misma el propio oficio.

He estado frikeando y -también con algo que me contó un pajarito-, ¡estamos justo al lado de Tres Rosas Amarillas! Una de mis librerías más queridas de Madrid. Estoy encantada con que estemos pegaditas, pegaditas, que seamos vecinas porque creo que entonces el lector tiene ahí unos metros muy interesantes que ojear entre unos y otros. Ellos están especializados en pop-up y dentro de esta técnica en los libros infantiles y juveniles y creo que podemos estar bien siendo vecinos. De cuento está cerca en la 96, con lo que estamos las tres seguidas. La librería Jarcha, de la cual soy admiradora también, no está del todo lejos, en la 85. Si podéis pasaos por ella porque seguro que tienen muy buenas recomendaciones tanto de infantil como de adulto. En la caseta 91 están los de Osera de la Sierra; no conozco la librería pero tengo ganas. Es interesante que haya proyectos de librería no solamente en Madrid capital sino también en sus pueblos. Y por el otro lado, en la 108 está el Dragón lector, ¡nada lejos! Un lujo de compañías entre las que estará Turuletras en su primer año en la feria.

Entre las firmas que tendremos en la caseta estarán las de los autores de Lechuza Detective; Pedro Mañas escritor de las Princesas Dragón o el poemario Ciudad Laberinto; Gómez-Jurado, entre otros.

Dicho esto -intentaré contaros cómo va la experiencia una vez comencemos- este puente hemos estado en Segovia asistiendo al festival Titirimundi. Pero me gustaría hablaros no del festival, sino de algunas librerías que hemos conocido, especialmente Intempestivos. Allí me compré un recopilatorio de las historietas de Liniers, un libro que ya conocía, pero no había visto el momento de poder llevármelo a casa. Yo soy muy fan de Liniers, especialmente de Enriqueta, Fellini y Madariaga. Los adoro. Tomamos un cafecito y nos reímos un poco leyendo algunas de las historietas mientras absorbíamos el café con leche. Me encantó el cartel que tenía en la puerta esta librería donde decía algo así como que hay que cuidar la tierra porque es el único planeta que tiene libros. También conocí la librería Punto y Línea, que al contrario que la primera que lleva cuatro años abierta, tiene una vida de 40 años cumplidos. Se dice pronto. Y ahí están, manteniéndose, y dando ejemplo. Una librería con un fondo también muy interesante, más clásica en su estética, más oscura y laberíntica; con el mismo encanto. Me sorprendió para bien ver que Segovia, en su casco antiguo, tenía unas cuantas librerías. Qué bien. Yo por lo menos vi cinco. Y estoy hablando de un espacio pequeño, entre el acueducto y la catedral que se camina en 10 minutos. Y además librerías muy vivas, con muy buen fondo, ilusión, energía. Eso sí, no vi ninguna especializada en literatura infantil y juvenil. No sé si sería necesario.

 

[Arriba]

Una selección de álbumes ilustrados que me resultan interesantes Cinco álbumes que tienen alma

De mi trabajo como librera, dentro de tres meses hará una año que trabajo como tal, debo reconocer que he aprendido mucho más de lo que creía ya conocía -porque mi curiosidad mirando álbumes ilustrados me parecía enorme-; estando en la librería soy capaz de conocer más libros de lo que por mucho que investigara en las redes o en mis numerosas visitas a librerías, podría conocer. Es cierto que hay otros muchos libros que por estar descatalogados o por otros motivos no llegan y que siempre hay que seguir leyendo blogs, visitando otras librerías, en otros países también. No hay que parar. Hay mucho que descubrir y mucho que desechar.

Lo que sí es cierto es que en la librería, los libros que llegan los puedo tocar, leer tranquilamente, contemplar, colocar, limpiar, familiarizarme con ellos; y es más, hacerlo para contarle a los demás lo interesante que es esa historia. Esto es lo más bonito. Entonces, los álbumes que me parecen interesantes de la librería, los que tengo digamos en mi club selecto -así soy yo-, lo son doblemente porque además puedo darlos a conocer. No son libros que estén en mi casa, sino que son libros que están en una casa compartida y esto le da a estos libros que están dentro del club, una personalidad más valiosa.

Estos son los escogidos:

Nina y Antón es un álbum minimalista, yo los adoro porque creo mucho en la idea de contar con los menos elementos posibles y más cuando se trata del género álbum ilustrado, me parece que activa la creatividad, la reflexión, la comprensión texto-ilustración; porque hay mucho que completa el lector que percibe la poética de imágenes esenciales. Además, como ilustradora considero más difícil hacer algo que muestre al observador con poco que llenándolo de elementos. A Antonio Ventura le admiro mucho por su forma de hacer su labor alrededor del libro infantil y juvenil. Y es verdad que el sello de su nombre ya me da confianza porque no espero un libro más. A Alejandra Estrada la conozco por otros trabajos como El mar, pero no la había seguido demasiado.

Nina y Antón son dos buenos amigos, niña y gato, que a través de un cuento se relacionan en la habitación de su casa. Ella le lee y le interpela, él la contesta a su manera y juntos pasan el rato; poniéndose de relieve la comunicación, el cariño, el enfado; la herramienta favorecedora de todo esto que es un cuento, a través del cual se reúnen y pasan el rato.
Un álbum que funciona muy bien en la librería y que también he querido seleccionar es el de Pequeña en la jungla. El sello infantil de Blackie Books me parece muy interesante; creo que aunque no han estado especializados en este tipo de literatura, en su catálogo sí han podido editar a Rodari, Gloria Fuertes y creo que su visión es mucho más adecuada para editar LIJ que la de otros aun estando en el sector infantil.

Pequeña en la jungla, de Marta Altés -una autora con la que esta editorial ha trabajado también en otras ocasiones y que ahora se ha puesto bastante de moda- es la historia de una pequeña mona que se siente diminuta en comparación con sus familiares y decide experimentar la vida por ella misma. Es pequeña pero aún así tiene muchos deseos y ganas de vivir la vida como los demás. Este álbum tiene unas ilustraciones coloristas, motivantes, llenas de posibilidades. Está además editado en tapa de tela.

Otro álbum, más pequeño de tamaño, editado en tapa de tela también es el de Leotolda. La verdad es que nunca he sido muy fan de Olga de Dios porque tiendo a empatizar más con los trabajos más poéticos, que a mí me parecen más fuera de modas, porque simplemente me gusta la introspección y el contar asuntos claves de la vida como las relaciones humanas desde un punto desafectado y jugando con lo escaso. Sin embargo, he de reconocer que creo que Olga de Dios es muy buena y sus álbumes me interesan, y me parecen divertidos, sin moralina ofensiva, y con un estilo también necesario, personal, y no me parecen unos más del montón. Es  verdad que Olga de Dios está claramente enfocada a educar a los niños en sus álbumes para que rompan estereotipos de género, especialmente. Pero en fin, todos los álbumes ilustrados tienen su ideología, todo lo tiene, y sus valores, aunque no queramos; en este caso ello lo hace con brillantez, con personajes muy interesantes, que creo pueden trascender a su tiempo y al mensaje de fondo. Para mí este es el caso de Leotolda. A través de unos personajes que son monstruos, son mezcla de muchas cosas, nos adentramos en un viaje en busca de Leotolda, conociendo otros mundos. Es un álbum sencillo que yo enfocaría a niñas y niños de unos cuatro años.

Pasados estos dos álbumes ilustrados que me encantan retomo mi lado sencillo, pausado, delicado… con Blanco como nieve. En este caso el texto está rimado y es una historia la mar de simpática donde un ratón blanco siempre lleva mucho cuidado de no ensuciarse y suele estar en casa para que su pelaje se mantenga limpio, hasta que un día se pierde, conoce mundo, y se mancha y se divierte.

Por último, he escogido un álbum que tengo en casa desde hace unos años y guardo con un cariño intacto o más grande y especial: achimpa. Cuando llegó a la librería era como si lo hubieran sacado de mi casa. Y cuando recurro a él en casa recuerdo la librería y las ganas de que viaje a otros hogares. Achimpa es una historia simpátiquístima. También es verdad que yo adoro el trabajo de Catarina Sobral, que me recuerda también a Beatrice Alemagna, otra ilustradora que me inspira. Creo que este libro es para cuidarlo y leerlo sin parar a niños, niñas y otros seres como adultos, y todo aquel que pueda escuchar, como una planta. Resulta que alguien encuentra una palabra en los archivos de una biblioteca y no saben lo que es. La gente empieza a utilizarla primero como si fuese un verbo, pero después también como si se tratase de un nombre, un adjetivo… Esa palabra es achimpa, claro.

Y hasta aquí mi selección de cinco álbumes ilustrados interesantes. Si pasáis por la librería podréis verlos. No siempre los tenemos todos porque claramente se pueden vender, pero siempre habrá alguno interesante. Y también os los podemos pedir. Estos que he escogido los tengo en mente estos días y por eso los he seleccionado. Y ahora mismo los tenemos, excepto el de Leotolda.

[Arriba]

¿Por qué parece que hay tan pocas librerías? ¿Los barrios no necesitan de libros de cercanía?

Es cierto que cuando pensamos en librerías no nos vienen tantas a la mente como si pensamos en peluquerías o bares. Lastimosamente no existe una librería en cada barrio. Yo voy a hablar de Madrid que es mi ciudad.

Especialmente están concentradas las librerías en el centro. Pero esto no ocurre con las fruterías, las cafeterías, los centros de estética, las tintorerías, las imprentas, las zapaterías, las panaderías… De hecho, mucha gente presume de que todo lo tiene en el barrio, que es como un pueblo, que no precisa salir de él. En fin, vender libros no parece ser un negocio suficientemente rentable como para que pueda haber una librería -¡y hablo de una!- en cada barrio, independientemente de cuál sea ese barrio, porque esto también es importante. Pero también es cierto que ser librero es un oficio y que así como otros (y no todos) se pueden aprender relativamente fácilmente con la práctica, ser librero es una profesión que requiere de unos mínimos, como ser un ávido lector, que pueden disuadir a quienes buscan establecer un negocio que funcione sin, en un principio, pensar en alguno en concreto. Con lo cual se puede juntar una sensación de que abrir una librería es algo complicado con que tampoco uno va a poder vivir de ello. Abrir una librería podría estar relegados a intelectuales -que se tienen por escasos y elitistas-, personas con dinero o locos. Y no como un negocio imbricado en la red de comerciantes de los barrios. Pero he dicho puede porque los casos que conozco en Madrid son de librerías muy entramadas con los vecinos; en Vicálvaro, por ejemplo, en el caso de la librería Jarcha.

Así que considero que no hay librerías por miedo o por desconocimiento. Pero pienso que sí podrían funcionar, claro que no de cualquier manera como sí ocurre con otros negocios que casi que con abrirlos van tirando porque las personas toman muchos cafés en este o en aquel sitio, porque uno se arregla y corta el pelo si no es aquí prueba allá… No siempre es así pero sí es verdad que muchos negocios funcionan por la simple demanda de personas que se arremolinan por allí aunque ni siquiera sean buenos.

Pero me parece que no es cierto que la gente no lea, creo que la mayor parte de las personas son lectoras, leen en su día a día y de cuando en cuando tienen una novela en las manos; pero es cierto que no poseen el hábito de comprar libros en su barrio (también es verdad que como decimos no existen esas librerías, pero quizás no existan precisamente porque las personas no van). Muchos lectores compran en Amazon y en ocasiones en La casa del libro o La Fnac cuando se acercan al centro o van a algún centro comercial. Pero sí leen. Yo que me paso media vida en el metro -como medio Madrid- veo bastante gente con libros, siempre aparecen, siempre hay libros en los vagones o libros electrónicos. Y las personas que van en el metro representan muy bien a la gente de la ciudad. Si no leyera tanta gente se vería algún que otro libro cada tres días, pero no es así. Lo que creo que sí pasa es que esas personas no colectivizan su lectura, no hablan de ella como de los melones de temporada o el tinte o la tapa de tortilla de patata. Hablar sobre lecturas ha quedado, quizás, para menester de unos pocos eruditos que vagan por los andenes. Estas conversaciones, las primeras, están por los barrios, los negocios se meten en las conversaciones de los vecinos, pero bien faltan que se metan diálogos que surjan de la librería de la esquina. La lectura es como algo muy personal, un espacio íntimo para la persona, en muchos casos separada del resto de su día. No es un hábito social. Pero debemos hablar de las lecturas, de nuestros pareceres, hacerla nuestra porque nuestra es. Y podemos decir sobre las historias que leemos lo que nos de la gana.

Las personas nos levantamos con el trabajo ocupando toda nuestra mente, trabajos en muchos casos que no nos hacen saludables como deberíamos ser y hay que pensar qué cosas que desaparecen de nuestra vida no es porque deberían sino porque nos hemos dejado llevar por este tipo de sociedad. Yo en mi día a día procuro hacer deporte, leer, dedicarme tiempo a mí misma. Creo que vivir empleándote desde dentro de ti misma y después hacia fuera puede hacer seres humanos que creen un planeta mejor en el que vivir. Pero hay momentos en los que lo que no nos parece que nos sea útil -para este sistema- lo estamos desechando siendo personas más infelices. Esta pequeña reflexión final la hago porque creo que abrir espacios de más amor en los barrios es esencial para compartirnos y a esto nos ayuda mucho la literatura.

[Arriba]

Animales y poéticos. Un periodismo narrativo o Peonza, Babar y CLIJ

Hace algún tiempo que no escribo en el blog y es que entre los estudios de filología y el trabajo en la librería no he tenido el momento para sentarme tranquilamente a pensar sobre qué quería escribir aquí en la gata. Y claro, escribir el artículo. Ha pasado ya más de una año desde que empecé el máster de libros y literatura infantil y juvenil de la Universidad Autónoma de Barcelona y creo que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Hace más o menos un mes que recibí mi nota del trabajo de final de máster que realicé especialmente durante los primeros tiempos del verano. Por todo ello, definitivamente está cerrada esa etapa de aprendizaje. Así que bien pensado me he decidido por ofrecerte el contenido de mi trabajo. Espero que te parezca tan interesante y lleno de ideas cómo a mí me significó escribirlo. Animales y poéticos. Un periodismo narrativo o Peonza, Babar y CLIJ:

Introducción

Somos seres de palabras y parece que en nuestra actual sociedad occidental las estamos olvidando. La narración es apartada porque se relaciona con la no verdad dentro del sistema informativo predominante. Para este trabajo he querido demostrar, en último término, que los lugares periodísticos de palabras no hablan menos que otros medios de lo que acontece en el mundo pero sí lo hacen de un modo diferente. Para mostrar esta diferencia he considerado las siguientes categorías: el lenguaje, la independencia, el ritmo y la personalidad de los​ ​creadores.

Como marco de todas estas categorías se encuentra algo clave y es que somos relatos pero también somos naturaleza. Considero que la crisis de la narración tiene que ver con la crisis identitaria como seres vivos. Cuando uno pierde la capacidad significativa de las palabras, su espesor, simbología, posibilidades, se está devinculando de algo muy humano en realidad, de las historias. Y mientras nos desvinculamos de las historias, de nuestra cultura, lo hacemos al mismo tiempo de la naturaleza, que es igual de humana. Porque ambas son realidades inherentes al animal que es el ser humano. Por ello somos animales, pero también animales poéticos. Y por ello cuando una se gana, se gana la otra, y cuando una se pierde, no se puede hacer sin la otra. En un mundo práctico en el que las palabras solo nos sirven para nombrar cosas y ser útiles, solo lo efectivo al sistema tiene valor. Pero los relatos no resultan servibles al sistema como tampoco los bosques, los paisajes. Y dejamos de poder nombrarnos a nosotros mismos porque no podemos nombrar nuestra historia y desaparecen las palabras del​ ​bosque,​ ​la​ ​flora​ ​y​ ​la​ ​fauna.

He escogido para el corpus de este trabajo los números de Peonza del 114 —octubre de 2015— al 120 —abril de 2017—; así como los números de CLIJ del 272 —julio/agosto 2016— al 277 —mayo/junio 2017—. En el caso de Babar he hecho una selección del contenido de junio de 2016 a junio de 2017. Lo he llevado a cabo de este modo porque deseaba hacer una aproximación amplia fruto de la lectura libre y reciente que me permitiera discurrir por estas revistas y ver cómo defienden las palabras: son publicaciones que han elegido el punto de vista de la literatura para mostrar el mundo. No han elegido el punto de vista de un partido o de una empresa y ni siquiera de una corriente de moda de pensamiento. Una literatura que además es de todas y de todos como es la literatura infantil y juvenil, en adelante LIJ, incluso de los niños y de las niñas, porque las palabras no pueden excluirles. Son números escogidos de una franja temporal similar porque este ensayo tiene que ver con el presente, dirigidos a un público común como son las personas interesadas en la literatura y en el mundo, puntualizando en la llamada LIJ, en los niños, en las propuestas artísticas en este campo.

Para que el lector de este artículo conozca estas publicaciones un poco mejor: Peonza comenzó en 1986 de la mano de un grupo de maestros con el fin de acercar la literatura a las escuelas rurales cántabras; Babar lo hizo en 1989 como una experiencia de animación a la lectura en el colegio Federico García Lorca de Arganda del Rey en Madrid con Antonio Ventura, el maestro por aquel entonces, a la cabeza; y CLIJ se creó en 1988 a raíz de un trabajo previo de la fundadora,​ ​Victoria​ ​Fernández,​ ​en​ ​la​ ​revista​ ​​Cuadernos​ ​de​ ​Pedagogía.

1. Peonza, CLIJ y Babar hacen habitable el​ ​mundo​ ​con​ ​su​ ​lenguaje

En este punto me centraré en palabras “anticuadas” para los medios generalistas (Serrano 2009: 61) que silencian realidades. Para citar estas palabras iré describiendo la estructura de cada una de las revistas. He escogido una manera de dirigirme al lector cercana, inspirada por el gusto que me proporciona leer a Michèle​ ​Petit​ ​(2015a).

1.1​ ​El​ ​vocabulario​ ​de​​ ​Peonza

Sujeto entre mis manos la revista Peonza. Su nombre hace referencia a ese juguete de madera tan sencillo que lleva siglos con nosotros, una palabra que ayuda al recuerdo. Es el número 120. Paso con el dedo pulgar rápidamente las páginas plagadas de ilustraciones y un olor entrañable llega hasta mi nariz. Tiene Peonza un formato que parece un libro y en este caso el número de páginas es tan abundante que uno desea tener tiempo para adentrarse en todo lo que se cuenta. Los sin-palabras, la escuela, la lectura compartida, los mediadores, entran en mi mochila la cual me llevo a todas partes en mi vida de todos los días; en la revista encuentro muchas personas que me hablan de exposiciones, proyectos personales, bibliografías, inicios, encuentros, despedidas, preguntas, diálogos, recuerdos, puntos de vista. Me he llevado esta revista tantas veces a mis paisajes favoritos. La he leído bajo la lluvia y la he leído bajo las sábanas antes​ ​de​ ​dormir.​ ​Me​ ​ha​ ​ayudado​ ​a​ ​habitar​ ​el​ ​mundo.

Mis ojos pueden caer en su sección “Biblioteca de álbumes” donde están plantados diferentes álbumes ilustrados que recomiendan a los lectores que no tienen tiempo, que no están ahí por novedosos3. Biblioteca es una palabra que tiene un espesor, lugar de encuentro amable. La propia palabra álbum” también tiene su historia, como explica muy bien en el número 120 de Peonza Anna Castagnoli (2017: 5); ella nos habla de palabras como albus o album amicorum. También​ ​está​ ​la​ ​sección​ ​“Biblioteca”.

Llego a otras secciones como la de “Entrevistamos a”, donde Javier Sobrino charla con el ilustrador Maurizio A. C. Quarello. Otra sección es “Artículos”, la sección más extensa. Castagnoli es entrevistada también en el mismo número, al igual que es Quarello el que ocupa, además de su entrevista, la portada y contraportada de la revista y la última sección,“Galería”, donde se muestra una selección de su trabajo. Las voces resuenan, no aparecen rápidamente y escapan. En gran parte de los artículos hay una selección bibliográfica al final donde se listan libros, por ejemplo, si es una entrevista a un ilustrador, sus libros publicados.

Están los clubes de lectura, las bibliotecas escolares. Caray (Peonza 2015: 110), el alma popular (Machado 2015: 109) El viento en los sauces (Tortosa 2015: 109), pueblo (Herrán 2016: 95), tomar la lección (Herrán 2016: 95), brujería (Tortosa 2016: 105), Frankestein (Tortosa 2016: 105), Humpty Dumpty (Tortosa 2016, 106), guerra civil (Sánchez 2015: 96), combatientes del frente de Aragón (Sánchez 2015: 96). A los profesores se les llama maestros. Hay una relación entre​ ​literatura​ ​y​ ​campo.​ ​Esto​ ​dice​ ​​Peonza​​ ​en​ ​el​ ​editorial​ ​del​ ​número​ ​119:

Todo empezó allá por diciembre de 1986, cuando un grupo de maestros volcado en el mundo rural quisimos llevar los mejores libros de literatura infantil y juvenil a todos los rincones de Cantabria. Pinocho apareció en los Picos de Europa, las historias interminables en los valles pasiegos, los cuentos de la media lunita en las pequeñas escuelas a orillas​ ​del​ ​Miera​ ​y​ ​el​ ​Nansa…​ ​(Peonza​​ ​2017:​ ​2).

Por supuesto, no solo están las palabras, sino también la manera de juntarlas, el sentido.

1.2​ ​La​ ​lengua​ ​de​ ​​Babar

Otra de las revistas que me ha ayudado a habitar los hechos es Babar, nombre que hace referencia al elefante protagonista de la obra clásica de LIJ con el mismo nombre creada por Jean de Brunhoff, una publicación en este caso en digital, que con ayuda de Internet y de un dispositivo portátil, también leo muchas veces dentro de esa dimensión entre el sueño y la vigilia4. Gracias a Babar he encontrado a los premiados de muchos galardones desconocidos para el enfoque mediático de nuestros días, como el Premio Jaén de Narrativa Juvenil, el Premio de Literatura Infantil Ciudad de Málaga o el Concurso de Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento. Gracias a Babar he vuelto a encontrarme con Momo (Teijeiro 2017) a través de una reseña que hacen del libro, aparecen ideas como: “el potente caudal que cada niño atesora en su fértil imaginación” o palabras como sabiduría, fabulosa, filósofa, barrido. Gran parte de Babar son reseñas​ ​de​ ​libros​ ​que​ ​hace​ ​el​ ​propio​ ​equipo.

En su sección “Imprescindibles” me topo con “Leocadio, un león de armas tomar” (Babar 2017), que suena a nombre de abuelo. Y si busco por géneros y voy a poesía me doy de bruces con reseñas sobre “La revolución de las perdices” (Amorós 2016). Y si busco por álbum ilustrado tengo ante mí a “El arenque rojo” (Bejarano 2017), o “Abrázame” (Ferrón 2017). Y si busco por cómic ahí está “El globo rojo en la lluvia” (Babar 2017). Su lenguaje es sencillo, como el de Peonza, cercano, con un principio, un desarrollo y un final en todos sus contenidos​ ​bien​ ​planteados,​ ​de​ ​manera​ ​ordenada.

1.3​ ​Las​ ​palabras​ ​de​ ​​CLIJ

A Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil (en adelante CLIJ) me acercó la propia creadora Victoria Fernández una vez buscando por la red. La palabra cuadernos evoca recuerdos de infancia. Su voz cargada de aromas es la de alguien que no se agarra a una moda pasajera. Sus secciones varían. Dentro de la selección del corpus encontramos en todos los números el “Editorial”, y en todos menos en un número hay uno, dos y hasta tres apartados de “Reportaje. El “Informe” es otra sección que está en todos los números menos en dos. Suele haber una sección que es “Estudio” y otra de “Libros”. En CLIJ podemos recordar. ¿Quién fue Lorenzo Goñi? (García 2016: 34). Hay un artículo (Arranz 2016: 28) que cuenta la historia de los bibliobuses desde que comenzaron en la II República; otro sobre los veteranos de la LIJ española (Ayuso 2016: 6). Otro donde Jordi Sierra i Fabra reflexiona sobre la llamada generación sin nombre de la LIJ española (2016: 60). Conocemos a La joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. Nos encontramos con palabras como el Patronato de Misiones Pedagógicas,​ ​la​ ​Institución​ ​Libre​ ​de​ ​Enseñanza,​ ​La​ ​Barraca,​ ​clases​​ ​​populares.

La palabra es necesariamente artística. Para que el espacio pueda ser representable y habitable y que podamos inscribirnos en él, este espacio debe contarnos historias: tener todo un espesor tanto simbólico como imaginario, así como legendario (Petit 2015a). Y el periodismo también puede proporcionar esto.​ ​​Peonza,​ ​​Babar​​ ​y​ ​​CLIJ​​ ​nos​ ​cuentan​ ​muchas​ ​historias.



2.1​ ​La​ ​palabra​ ​es​ ​independiente

Es necesario pensar aquí que estas revistas son alternativas. Porque actualmente el poder no es plato de buen gusto para la palabra. Estos medios alternativos son aquellos que, como su nombre indica, nos dan la alternativa de acceder a una información y que crean conciencia, dan a la ciudadanía una información que precisan saber, que puede hacer desarrollar su pensamiento crítico y fomentar la democracia. Pienso que tanto José Luis Polanco y el resto del grupo Peonza, como Antonio Ventura y como Victoria Fernández, así como las personas que participan en estas dos revistas, desean mantener a la ciudadanía informada (Fernández 2014) y crear una conciencia lectora (Ventura 2014a), así como fomentar la democracia (Ventura 2015). Según Wikipedia, un medio alternativo de información es “un emisor de información independiente que no constituye una agencia de comunicación, ni de los medios masivos de comunicación organizados como empresas. Está compuesto por periodistas que trabajan de forma independiente, individual, o de organizaciones sociales, ecologistas, culturales y políticas”5. Peonza es una asociación, Asociación Cultural Cántabra; por otro lado, CLIJ es miembro de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE). Se trata de revistas pequeñas que no están dentro de los medios de comunicación de masas y que se llevan manteniendo por la necesidad de difusión de la lectura en relación a la LIJ que perciben sus fundadores; están dentro de las periferias, de lo invisible, trabajando desde lo pequeño (Duch 2017). Es interesante que se mantengan independientes y que puedan sumarse a la lista de trabajos periodísticos de difusión de periodismo alternativo6. Esto les podría dar más visibilidad y hacer presente el lado reivindicativo de las mismas. Peonza y CLIJ se financian con suscripciones, venta a través de la web, y también tienen anunciantes, pero estos no son invasivos: están relacionados con el mundo de la LIJ y son escasos7. Babar no tiene publicidad y es accesible de manera​ ​abierta​ ​a​ ​cualquier​ ​lector​ ​que​ ​tenga​ ​Internet.

2.2 La palabra no siempre estuvo tan acorralada​ ​en​ ​el​ ​ejercicio​ ​periodístico

El oficio de contar lo sucedido a la comunidad es de los más antiguos, sin embargo, en la actualidad el periodismo, que sería su equivalente -tiene la intención de dirigirse a alguien transmitiendo eso que sucede fuera- , ha perdido la capacidad de narración; se ha unido a un capitalismo donde solo es visible aquello que tiene un valor económico. Como dice Yayo Herrero8: “la polinización de las plantas, el ciclo del agua, la fotosíntesis son procesos esenciales para que exista la vida, pero que ni tienen ni deben tener valor económico” (2017). Antes el cuentacuentos narraba fábulas, cuentos, anécdotas, mitos, leyendas, relatos. Un hecho trágico acontecido en la aldea de al lado se convertía en historia perdurable; aquello que le pasó hace tiempo a un antepasado se internaba en uno mismo; o las hazañas de algún valiente de tierras lejanas ampliaban la imaginación. La transmisión cultural (Petit 2015a) tenía que ver con las raíces de un pueblo. La realidad acontecida se mezclaba con aquel que la relataba y de boca en boca se iban moldeando las narraciones-noticias aliñadas con la simbología del pueblo, la cultura local. La vida antes era más primitiva, las gentes vivían en los bosques; que nos lo cuente la​ ​familia​ ​de​ ​​Pulgacito​​ ​o​ ​la​ ​de​ ​​Hänsel​ ​y​ ​Gretel.

Sin embargo, la pobreza en nuestra cultura se relacionó con la vida en el campo, las ciudades crecen entonces, y nadie quiere ser miserable. Ser rico pasaba por tener mucho dinero y no había ningún mandamiento que dijera “Amarás a la naturaleza de la que formas parte” (Galeano 1998): palabra y hábitat natural definían al ser humano. Las cancioncillas, las rimas, los acertijos fueron desterrados de una cultura que se fue cerrando cada vez más a unos pocos. La sabiduría popular dejó de valer algo, porque el arte de la palabra dejó también de ser de todos; nosotros como animales y como poéticos dejamos de ser. “Se ha roto​ ​ese​ ​vínculo​ ​al​ ​origen”,​ ​dice​ ​Antonio​ ​Ventura​ ​(2015).

Pero no hace falta remontarse demasiado y es que hace menos de un siglo eran los mayores el centro de las veladas nocturnas, “los que más cosas tenían que contar” (Ventura 2015) y llegó un momento en el que la televisión los desplazó. Se ha acabado imponiendo un solo discurso que es el mismo que llega a todos los hogares. “La única manera de socialización es la palabra, la palabra nos la quitan (…) nos la rompen (…) los medios de comunicación con un nivel de expresión deplorable (Ventura 2015). La información pretende sonar plausible y no recurrir a los prodigios, lo que no significa que sea más exacta que las noticias de siglos anteriores (Benjamin 1991: para. 9); es necesario dar la sensación de una no manipulación de las palabras, la idea de que la palabra ha pasado “virginal” de la realidad al lector y no ha sido tocada por “la mano humana”​ ​(Serrano​ ​2009:​ ​60).

Hubo un momento, y todavía pasa en algunas culturas, en que los que escuchaban se apropiaban de las historias, estas les ayudaban a habitar su propia realidad expandida gracias a las palabras, donde la memoria era importante. Pero todas estas escuchas requieren de tiempo, de aburrimiento, de calma, de contemplación, de ensoñación, y para el capitalismo todo esto es invisible porque no puede monetizarlo. Lo clasifica como inutilidad, pérdida de tiempo. Dice el creador de Babar, Antonio Ventura, que cualquier civilización por recóndita que sea tiene su religión, su mitología, sus héroes, sus brujas, sus duendes​ ​(Ventura​ ​2015).​ ​En​ ​palabras​ ​de​ ​Walter​ ​Benjamin​ ​(1991):

El arte de la narración está tocando a su fin. Es cada vez más raro encontrar a alguien capaz de narrar algo con probidad. (…) Diríase que una facultad que nos pareciera inalienable, la más segura entre las seguras, nos está siendo retirada: la facultad de intercambiar experiencias.​ ​(para.​ ​1)

El periodismo ha extirpado el canto y ha tenido que ver en el alejamiento de la belleza de la palabra. El lenguaje de los medios (Petit 2015b) se ha vuelto desértico, casi inhabitable. Hay “ciertos usos de la lengua que nos exilian”, dice Michèle Petit, que “nos brutalizan sin que seamos ni siquiera conscientes de ello”. Poco a poco lo artístico ha ido saliendo de la sociedad, convirténdose como un anexo; el propio periodismo es un arte que se ha ido olvidando, esa fuerza reivindicativa que tendría que ver con pedir la palabra para la ciudadanía. “Ciertos usos de la lengua nos alejan de nosotros mismos, de nuestros seres más queridos, del mundo, de sus paisajes”, dice Petit. En contrapunto, están las llamadas “casas de palabras” de las que habla Petit recordando a Gustavo Martín Garzo (2012); sin ellas los lugares reales, materiales donde vivimos serían inhabitables​ ​(2015b).

No parece la lengua de los medios la lengua que nos cobija, y desde luego no nos abre un hogar de palabras; lo que ocurre es que las noticias generan nerviosismo o, peor aún, son neutralizadas por la costumbre de escuchar realidades que nos insensibilizan por la manera de ser contadas: se llega a una familiaridad de fondo que nos va despojando poco a poco de quiénes somos. Como dice Benjamin (1991): “La escasez en que ha caído el arte de narrar se explica por el papel decisivo jugado por la difusión de la información” (para. 9). El lenguaje informativo parece no ser compatible con el narrativo. No obstante, el periodismo ha sido otras cosas como Las crónicas parlamentarias de Manuel Vicent o Voces de Chernóbil de Svetlana Aleksiévich. Dónde quedan los trabajos de Josep Pla, Truman Capote, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Eduardo Galeano, Julio Camba, Mariano José de Larra, Albert Camus, Ryszard Kapuściński9. Desde luego a través de sus libros podemos habitar unas realidades; sus textos no nos hacen sentirnos ajenos, sino que podemos apropiarnos de ellos. ¿Por qué? Porque utilizan el arte de narrar. Heródoto era un excelente periodista gracias a sus crónicas de viajes. Dice Petit citando a Oliver Rolin (2015b) que todas las lenguas en todas partes del mundo son “atacadas, degradas, homogeneizadas, banalizadas” y “su fuerza expresiva taladrada por la influencia de la lengua de los medios”. Esta lengua de los medios es al mismo tiempo “pobre, repetitiva, fabricada con lugares comunes e invasiva”.

No nos debe sorprender que el arte de la palabra se aleje de nosotros cuando los medios de comunicación son parte de la familia en nuestra sociedad, inyectan su verdad en los hogares10: “La modernidad trae consigo un empobrecimiento de la comunicabilidad” (Benjamin 1991: para. 9.). Antes periodismo y literatura andaban unidos. Pero si los periodistas de la esfera pública ahora no tienen la característica de hacer un periodismo unido a la palabra, las experiencias que escuchamos en nuestro día a día disminuyen. “Somos por tanto más pobres en experiencia comunicable y, por tanto, menos sabios. En consecuencia, la narración desaparece” (Benjamin 1991, para. 9). Ahora bien, Peonza, Babar y CLIJ se mantienen en conexión con la memoria antes que con la actual manera de plantear el periodismo de masas. En el artículo “Isaac Cuende: de la poesía al teatro” (Merino 2015) es un amigo quien escribe sobre la obra de este autor. Hay emoción, opinión, sensibilidad, se está escribiendo desde un punto sobradamente personal, y no por ello conocemos menos sobre este autor. Incluso en la sección “Noticias” que aparece en algunos números del corpus, el punto de vista de quien escribe está marcadamente presente para ofrecernos su arte de escribir. Los medios generalistas tienen a buenos escritores a su servicio pero les colocan en las páginas de opinión, en alguna columna, diferenciando bien sus textos profundos de la verdad de las noticias. Por el contrario, la noticias oficiales​ ​carecen​ ​de​ ​alma,​ ​están​ ​vacías​ ​por​ ​dentro.

4.​ ​La​ ​palabra​ ​es​ ​sin​ ​prisas

Peonza, Babar y CLIJ trabajan fuera de las prisas y no buscan el beneficio económico uno tiene que ver con lo otro . Dice Victoria Fernández, la creadora de CLIJ, que la revista “es un empeño personal más que una empresa” (2014). Estas publicaciones son un deber con la sociedad. Su visión no es ambiciosa, es sencilla, intentan llegar a sus propias comunidades con un ritmo de publicación que permita que los contenidos se asienten un tiempo y sean leídos (Ventura 2014). Peonza, Babar y CLIJ piensan en la permanencia de los contenidos y no trabajan con esa velocidad de la palabra que desaparece al segundo. Son revistas para todos, donde se hace una selección de realidad a través de la cual podemos ordenar el mundo y tener un lugar en él. No hacen una mera selección de libros, ni están hechas por periodistas con un dudoso conocimiento​ ​profundo​ ​sobre​ ​lo​ ​que​ ​significa​ ​la​ ​infancia.

Estas revistas tienen la calma de quienes no esperan enriquecerse. No son noticias unas encima de otras, en serie, con una extensión controlada, compartidas en redes sociales al instante. Esta sensación de calma lo da su tono, la musicalidad de sus textos, así como del objeto físico, editado para que la lectura sea un placer. Pero también el gusto por el recuerdo, no se puede recordar con prisas, el compartir las voces olvidadas11 como es el caso de “María Moliner, silencio y olvido” (Polanco 2015: 51) o Rosa Parks y otras personas que hicieron actos memorables en defensa de la igualdad (Aime 2015: 11) y que ya​ ​no​ ​se​ ​recuerdan.

Un día alcanzamos un pequeño logro: que el mundo, por fin, llegara a Cantabria; y empezamos a organizar exposiciones, paseos con escritores e ilustradores por escuelas y bibliotecas, salones del libro, giras​ ​con​ ​peonzas​ ​(…)​ ​(Peonza​​ ​2016:​ ​3).

Como ejemplo de musicalidad al leer, el saber utilizar una lengua abierta, familiar, que habla en voz bajita pero siempre clara, capaz pareciera de comunicarse con todo el mundo está “Cruce de caminos” (Boisha y Moure 2015: 15), una charla entre amigos que tenemos el placer de presenciar. Estos amigos son Liman Boisha, periodista y poeta saharaui y Gonzalo Moure, escritor valenciano, asturiano de adopción. Hablan en esta charla de los peligros de esa literatura sobre el inmigrante bienintencionada desde España, del paternalismo de algunas obras; también de los complejos coloniales. Dice Liman Boisha: “Hay que valorar no solo la pobreza y la injusticia del exilio y la ocupación, sino también la riqueza cultural” (20). El canto también tiene que ver con el viaje, con el sueño, con el tiempo. El viaje era antes una forma habitual de ser del contador, esencial en el oficio. En este tipo de periodismo narrativo es habitual el viaje que proporciona diferentes voces, una armonía en el conjunto de la revista, una mirada a la lejanía, una imaginación que no se deja de lado. Historias que necesitan tiempo​ ​para​ ​conformarse.

5.​ ​La​ ​personalidad​ ​de​ ​los​ ​creadores

El oficio que se lleva a cabo en estas revistas va más allá del hecho de copiar y pegar notas de prensa subidas por una agencia de noticias sobre el Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil; los Gran Angular y Barco de Vapor de SM; o los Premios Ala Delta y Alandar de Edelvives. La LIJ no son cuatro premios y tampoco son dos fechas al año Navidad y Día del libro12 (Fernández 2014), sino que está en juego la educación artística de la sociedad (Petit 2015). Dice Ventura que “los medios generales cuando llegan esos dos días hacen un especial de literatura infantil que es café para todos” (Ventura 2015), con lo que se refiere a que no recomiendan libros bajo ningún criterio más que el de rellenar ese​ ​especial​ ​en​ ​el​ ​periódico.

Muchos medios de comunicación tienen una visión protectora sobre los niños y las niñas y hablan de los libros infantiles y juveniles de una manera muy utilitarista un libro para fomentar algo y si no es protectora por lo menos es para inyectar los valores familiares al niño13; o destacan sagas, obras de una gran venta comercial pero de una dudosa calidad literaria14. Y algo que me parece más difícil de encajar es que a veces pretenden ser expertos haciendo mención a libros de catálogos de editoriales independientes que saben que tienen buena edición y buena creación artística, que están de moda. Entonces aparecen en El País, en El Mundo, en ABC novedades en su mayoría, donde se intenta mostrar que se han estudiado el tema, que la LIJ es literatura para todas las edades, que goza de buena salud, que son libros maravillosos sobre la vida, que para nada hay que desmerecerla. Pero estos periódicos poco aportan en realidad al trabajo pequeño de los editores, a muchos que no están en primera fila, ni al día a día de las librerías que llevan muchos años trabajando, ni a la vida de los investigadores, bibliotecarios, maestros de estas disciplinas. No piensan desde la transmisión​ ​cultural.

No es suficiente una apariencia, porque mientras hacen eso tienen publicidad contradictoria de empresas que no saben lo que es esta literatura, o hacen otros contenidos que no son más que agenda mediática y que contrastan con ese artículo de mayor calidad, a veces pretendidamente subversivo. Los medios de la esfera pública son grandes empresas cuyo principal objetivo es la rentabilidad económica y algunos juegos de poder. Estos medios simplemente alcanzan muchos enfoques dentro de su línea editorial, para dejar contento a cada tipo de potencial lector suyo, y que este calme su rebeldía y no desee buscar en otros espacios. Por mucho que se mencionen buenos libros, no es ni mucho menos suficiente para parecerse al trabajo de Peonza, el de Babar o el de CLIJ. Pueden hacer un artículo sobre alimentación ecológica que luego publicaran otro sobre los vuelos baratos express a países de Europa para un fin de semana; el avión es el medio de transporte muy contaminante, y encima express… Es decir, pueden publicar un artículo sobre Impedimenta y La enciclopedia temprana o sobre editoras que apostaron por la literatura infantil de calidad como Tusquets, que luego hablarán del libro infantil más comercial, moralista o sexista presentado en la Fnac o en El Corte Inglés. Los grandes medios no son nada literarios, tienen trozos donde aparecen asuntos de literatura pero no comprenden que no es necesario vivir por cajas donde aquí puede uno recibir relatos y acto seguido debe salir al mundo real. Utilizan la palabra para obtener dinero y no para proporcionar​ ​la​ ​palabra​ ​en​ ​la​ ​vida​ ​diaria​ ​como​ ​manera​ ​de​ ​ser​ ​y​ ​de​ ​estar.

Lo que Peonza, Babar y CLIJ son se lo deben, en gran parte, a sus creadores, que son críticos con los medios generalistas. Estas revistas tienen la personalidad de quienes las han hecho y la siguen haciendo. Ya sabemos que todo lo que tiene éxito desea ser absorbido por el poderoso en una concentración de poder que es como la boca de un gran monstruo. Los libros de los que hablan no son los comerciales, buscan enseñar el arte de la literatura y difundir historias que no vean al niño o a la niña como si fuera un mercado. Tienen una idea de la LIJ como una forma de creación artística más, una literatura donde el niño es esencial, pero cuyo valor artístico es bien valorado por todos. Las personas tenemos necesidad de arte, de pensamiento. Dice Antonio Rodríguez Almodóvar (2004) sobre Victoria Fernández: “Que a punto estuvo de sucumbir varias veces en las fauces del lobo felón, el lobo del dinero, el de los resultados inmediatos, de los que querían seducirla con un ramillete de flores en una mano y la tijera en la otra”. Y añade unas palabras dichas por la propia Victoria: “No es quizás una dedicación “vistosa”. Es más: hay quien dice que los que estamos en esto de la literatura infantil somos prácticamente invisibles. Pero la “vistosidad” no ha estado nunca entre los objetivos de esta revista, nacida para defender la dignidad de la LIJ”. Y sigue Rodríguez Almodóvar diciendo a las palabras de Victoria que: “La independencia, sí que estuvo. La calidad, también”. Al final los invisibles no tienen por qué querer parecerse a esos que parecen triunfar, y de qué manera. Un nadie puede llegar simplemente a tener una meta de compromiso que aporte algo a la sociedad. Dice Ventura: “La escuela es una institución que está al servicio del poder, me da igual que sea pública que privada, es la institución encargada de socializar a los niños para convertirlos en súbditos o en ciudadanos” (2014b). Victoria Fernández cuando habla de la labor que hacen desde CLIJ dice que la difusión del material que hacen “desgraciadamente sigue sin tener un aprecio importante por parte de los medios de comunicación generalistas”. Jordi Sierra i Fabra (2016: 60) cuenta en CLIJ que en 2010 la Fundación Jordi Sierra i Fabra recibió el Premio Ibby-Asahi de Promoción de la Lectura “pero pese a ser el más importante del mundo, ningún medio español se hizo eco de la noticia. Ninguno. (…) Una noticia así ni siquiera mereció​ ​que​ ​un​ ​periodista​ ​le​ ​echara​ ​un​ ​vistazo​ ​en​ ​Internet,​ ​por​ ​si​ ​acaso”.

CLIJ es una revista que no se olvida de la política y que no teme posicionarse
abiertamente ante los lectores. Es llevada por una mujer que ha conocido la etapa
del franquismo y las miserias y que ha deseado ofrecer cultura una vez se salió
de la misma. Su figura es serena y se la ve una persona fuera del éxito
capitalista. Se aprecia la memoria, el recuerdo de los olvidados. Teresa Blanch
dice, en un artículo en ​CLIJ​, que en un momento en el que tenemos “tantos
recursos y aplicaciones para la comunicación” precisamente “toma protagonismo
la incomunicación”. Ella nos habla de algunos libros como ​La fábrica de
paraules​​d​onde​​“la​​gente​​apenas​​habla​​y​​para​​hacerlo​​debe​​comprar​​palabras”.

No es un sonido repetitivo de una línea editorial que va de la mano de un partido
político y que ha acabado haciendo ​marketing​, tópicos de las reivindicaciones.
Hay​ ​capacidad​ ​para​ ​criticarlo​ ​todo,​ ​porque​ ​lo​ ​que​ ​importa​ ​es​ ​la​ ​verdad.

Es cierto que son muchos los editores que han trasladado cuadrillas de
creadores a la huerta escolar. Sin embargo, su empeño ha sido en
vano. Incapaces de dominar las técnicas y conocimientos necesarios
para cultivar la tierra, por más trabajo que le hayan dedicado, los
libros-álbumes que producen son raquíticos, insípidos y de difícil
digestión (…) Tampoco los incentivos de la administración pública
han logrado dinamizar cultivos. Por mucho que sea el dinero que se ha
destinado a premios, cursos, salones, ayudas a la edición… esta
inversión no ha revertido en cosechas que prosperen en el tiempo.
Incluso las Comunidades Autónomas que, con la venia de gestores
culturales, académicos, periodistas, especialistas, blogueros y demás
cuentacuentos, se han empeñado en alcanzar una denominación de
origen propia, han terminado por tirar al traste el libro-álbum local.
(Puerta​ ​Leisse​ ​2017:​ ​67).

Los hechos se han opuesto a las historias cuando precisamente los relatos están llenos de hechos, pero estos hechos no mutilados sí son habitables; la palabra cobra vida. Estas publicaciones trabajan la memoria, la imaginación, para que las realidades de tantas personas que se están moviendo se nos queden muy dentro de nosotros. Recuerdo estas palabras citadas en la charla de Boisha con Moure (15): “Un beso, solamente un beso separa los labios de África de la boca de Europa”, charla que resuena en mi cabeza y que comparto con amigos. Son revistas que sienten cosas, vivas, que tienen una razón de existir, un motivo esencial por el que publicar cada nuevo número; porque si no lo hicieran ellas, ¿quién nos contaría tantas​ ​hermosuras​ ​que​ ​están​ ​existiendo​ ​en​ ​el​ ​mundo​ ​y​ ​que​ ​existieron​ ​en​ ​nosotros?

 

Un recorrido por todos los temas de la realidad​ ​en​ ​estas​ ​revistas

Considero necesario ya al final de esta reflexión mostrar cómo ​Peonza​, ​Babar y CLIJ tratan —desde las gafas de la LIJ— ampliamente todos los temas de la sociedad. Para dejar claro que cuando se trabaja periodísticamente con la belleza de la palabra no se deja de lado la realidad del mundo. Estas revistas simplemente​ ​plantean​ ​otra​ ​manera​ ​de​ ​mirar.

Muchos premios desfilan por las páginas digitales de ​Babar como el Premio Alma 2017 a Wolf Erlbruch (​Babar​, 2017) donde no se limitan a mencionar el premio, sino que se habla del artista que hay detrás, con obras cumbre donde este​ ​aborda​ ​la​ ​muerte​ ​de​ ​manera​ ​poética.

Encontramos la sinopsis de ​La pequeña inuk donde informarnos de que este libro nos muestra la vida de los inuit. Nos enteramos en la reseña de que las palabras anorak, parka o kayak proceden de esta cultura y de que en este libro podremos conocer las costumbres, la fauna, la vivienda de la comunidad a la que pertenece​ ​la​ ​niña​ ​Annapok​ ​(Martínez-Conde​ ​104).

Podemos saber, por otro lado, de la situación de las bibliotecas: “Y mientras tanto, se iban recortando gastos en bibliotecas públicas (de 1,5 euros por habitante a 0,6 euros en el capítulo de adquisiciones), disminuía el número de estas (234 menos entre 2010 y 2014), se rescindían contratos de personal y se estrechaban​ ​horarios​ ​(…)”​ ​(​Peonza​​ ​2017:​ ​2).
Pero tampoco se escapan las violencias de género en el artículo “Mal amor. Poesía contra la violencia machista” [Vacas 2016: 33] donde se nos habla de esta lacra social que tiene que ver con el patriarcado y que comienza ya en la adolescencia. Se nos cuenta cómo los alumnos de un Instituto de España junto con sus profesores llevan a cabo el libro ​Haikus del mal amor​; un ejemplo: “Sobre​ ​la​ ​nieve/cada​ ​vez​ ​van​ ​cayendo/más​ ​bayas​ ​rojas”.

En el artículo “A la orilla del bosque” ​nos informamos sobre el ilustrador ruso Bilibin. A través de las ilustraciones seleccionadas para el artículo podemos apreciar un trabajo donde aparecen bosques milenarios llenos de poderío. Podemos acceder a conocer a un autor ruso de finales del siglo XIX: “(…) exuberante y fecunda, desordenada y silvestre, anárquica, la vida vegetal germina​ ​con​ ​fuerza”​ ​(Polanco​ ​2016:​ ​84).

Mariano Coronas Cabrero, maestro y bibliotecario escolar, propone trabajos posibles​ ​para​ ​comprender​ ​la​ ​migración​ ​y​ ​hacerla​ ​familiar​ ​en​ ​el​ ​aula​ ​(2015:​ ​35)

En ​CLIJ es posible saber sobre la II República, la etapa franquista, la transición democrática, la actualidad con artículos como “Censura y literatura infantil y juvenil” (Sanz 2017: 38), “Historia de los bibliobuses en España” (Soto, 2016, 28) o “App Bibliobuses de León” (Soto 2016: 42). Podemos adentrarnos en temas de diversidad sexual con “LIJ y diversidad sexual LGTBI en la formación de maestros” (Aguilar, 2017, 6), así como conocer asuntos de política actual como​ ​es​ ​el​ ​Plan​ ​Valenciano​ ​de​ ​Fomento​ ​del​ ​Libro​ ​y​ ​la​ ​Lectura.

Los lectores pueden ir a informarse a otros espacios, leer crónicas, viajes, libros, y también revistas o periódicos de periodismo narrativo y no por ello estarán informándose de una manera menos objetiva, sí más ​real​, más en relación a la esencia del ser humano; más reflexivamente, apropiándose de los textos (Petit 2015a). Unos espacios periodísticos cercanos al sueño15. Es posible un periodismo narrativo capaz de mostrar realidades desde la palabra, capaz de igualarse al lector y de intercambiar experiencias con él. No todo pasa por el realismo​ ​político​.

Conclusiones

He querido separar para el título de esta reflexión las palabras animales y poéticos; como dice Michèle Petit: “somos animales poéticos” (2015b). Porque me da la impresión de que solo resuena en la crítica o en la verdad de esta expresión la última palabra, lo de poéticos. Somos esto, poéticos y animales; y  no nos comportamos de manera poética. El lenguaje mediático sociabiliza al niño en nuestros días, lo superficializa con vacíos e inconexiones limitando lo que podemos ser, lo llena de faltas de ortografía y faltas de pensamiento crítico, y este es gran causante de la pérdida de la capacidad de narrar. Junto al despojo de las narraciones está el abandono del hábitat natural; no somos ya ni poéticos pero tampoco animales. Las personas se ofenden cuando se les dice que son animales, al igual que se ofenden cuando escuchan que la forma de hablar de la familia del pueblo es rica; porque tiene historias, aromas, recuerdos, palabras retenidas en el tiempo que representaron vidas apegadas a una tierra. Tampoco este periodismo global se siente animal y con frecuencia cubren temas medioambientales con la mayor de las ignorancias y reducciones. No habitamos lugares desprovistos de vida; es por ello que creo que habitar el mundo tiene que ver con habitar el bosque. No creo posible que el ser humano pueda habitar algo dándole la espalda a la naturaleza, porque en definitiva somos naturaleza, porque en definitiva vivimos de lo que ella nos ofrece. Es por esto que considero que las palabras nos ayudan a curarnos desde su capacidad de ser raíces, de ser lluvia, de ser alimento, nos dan el escenario en el que habitar el mundo. La poesía es el ser humano pero dentro del ecosistema, al igual que la abeja produce miel. Creo, después de esta exploración, que Peonza, Babar y CLIJ difunden creación alrededor de la literatura a través de un tono de voz que nunca olvida memorias y que no nos sitúa en espacios inhabitables, inestables, plastificados, desdibujados, sino al contrario en lugares-páginas de sosiego, arraigadas​ ​a​ ​lo​ ​invisible,​ ​al​ ​paso​ ​lento​ ​de​ ​los​ ​paisajes.

el ilustrado por María Hergueta

Como ocurre en el álbum ilustrado escrito por Esther Tusquets La conejita Marcela (2011) a veces se trata de dónde miramos. Creo que mientras el mundo se llena de basura por algunos lados, hay otro mundo que reclama ser escuchado donde la función de los cuenta historias es fundamental. Me parece importante defender un periodismo narrativo no controlado por la mano de la objetividad. Un periodismo incluso artístico, un periodismo revolucionario capaz de ilusionar a lectores que puedan sentir el motivo de la vida, desde lo pequeño (Duch 2017), desde el silencio necesario, el pasar de un arroyo por las puertas de las casas de piedra. Quiero finalizar con la voz de Eduardo Galeano, que me ha informado contándome tantas cosas: “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”​ ​(2012).

[Arriba]

No se puede reducir la literatura a una utilidad posterior a la lectura en la vida práctica ¿Sabemos para qué sirve la literatura?

Me enfada y me entristece ver que, por un lado, se editan tantos libros sin parar -como si no hubiera un mañana- y, por otro, la literatura infantil se va reduciendo, encasillando en utilidades concretas, encerrando en aprendizajes puntuales, pequeños, parcelados, inconexos. Me enfada porque a veces veo a personas que ganan dinero propagando esta lacra y me entristece porque más allá de la envidia -porque yo que me creo que sé más no pueda vivir de mi proyecto como esos otros que venden objetos con forma de libros- sé como amante de la literatura que La Celestina, Los pazos de Ulloa, La sombra del ciprés es alargada, El difunto Matías Pascal, El barón rampante y, claro, tantos otros no disfrutan de la cercanía con el lector que se merecen. Y te puedes sentir solo. Aunque siempre están los libros. Y vuelta a empezar.

Solo las modas, los clichés, los lugares comunes hacen que alguien compre un libro. Y cuando se trata de libros de literatura infantil y juvenil la obligación, el deber de leer que ejercen los padres -no lectores- a los hijos sigue destrozando. Uno no lee por obligación. La lectura es un placer. Y muchas veces los culpables son muchos y no solamente el lector.

Es como un sinsentido: miles de libros y, sin embargo, el sentido de la literatura, amplio, diverso, vital, grande, no se ve y padres, adultos, quienes compran, compran libros de una manera estrecha. ¿Por qué se editan tantos libros si al mismo tiempo la gente no sabe para qué existe la literatura? Porque creo que ha tenido que haber algún momento en el que el sentido de la literatura no se tergiversara de esta manera. Donde buenos escritores formaban parte de una sociedad sana que era buena lectora. Pero quizás nunca ha sido así, quizás los escritores que han pasado a la historia eran comprendidos por pocos. Ahora cualquier persona vende libros para niños aunque sea entre ropa y pendientes. Los venden sin saber de qué va la historia, el tema, qué está en juego; los venden como un objeto bonito: feminista, ecologista, pero no se dan cuenta de que los feminismos sin buena literatura no son más que propaganda. Yo intento defender las historias por encima de la ideología concreta, la imaginación por encima de la simpleza del momento presente. Es la biodiversidad de pensamiento la que puede hacernos criticar las guerras, las injusticias, las desigualdades, la destrucción del medioambiente. Pero es primero la distancia con los valores familiares, los imperantes de la sociedad del momento o ambos la que ayudará a que el niña o el niño sea capaz de a través de otras vidas, otras historias, otras personas, otros momentos históricos ser una persona libre.

Quizás no hemos tenido tiempos mejores, pero ahora tampoco lo son. Yo por muy ecologista que sea, que lo soy, no quiero darle a una niña o a un niño propaganda ecologista para que acabe odiando la lectura donde sí encontrará maneras de tener un pensamiento crítico. Porque eso es lo que se debería desear: que los niños tuvieran un pensamiento crítico. Y me duele mucho ver malos libros para niños en espacios que considero interesantes para un cambio social y que, sin embargo, no comprenden que al mezclar eso con la literatura no están ofreciendo ni una cosa ni la otra a los niños. Me parece que no se tiene el debido respeto a la literatura y me duele verla ultrajada por las modas del momento.



Porque al final los valores que imperan en un momento de la historia serán modificados y los libros infantiles que se quedan en esos valores serán desechados por la literatura que es amplia y trasciende a dos años concretos dentro de toda la historia del mundo. Encerrarse en los valores concretos de un momento dado y ofrecer libros hechos para esa franja temporal es un error. Quienes defendemos el respeto por la naturaleza -como comida de producción ecológica, uso transporte público, soy socia de varias organizaciones ecologistas, he hecho mi trabajo de final de máster sobre aspectos de la ecocrítica- creo que podemos saber separar esto de la literatura y el niño debe leer los cuentos clásicos -machistas y violentos pero con unas capacidades únicas de mostrar la psicología humana al niño- porque no por eso va a ser el lector machista ni violento. Y podría leer otras obras clásicas, que lo son por razones, como Huckleberry Finn sin decir que es una obra racista. Es que es literatura. Y precisamente el niño o la niña sabrá opinar, darse cuenta de los conflictos humanos y sus miserias.

Estando en la librería trabajando son muchas las ocasiones en las que entran familias que me preguntan sobre un libro para que su hija deje de ser tímida, o valore sus diferencias. No entran y me preguntan: Perdona, un buen libro que haga a mi hija ser lectora durante toda su vida, tener ideas propias, darse cuenta. Porque los libros es que no son medicinas y porque lea un libro-panfleto con una clara intención de enseñar, únicamente, a superar el miedo a la oscuridad, no lo va a hacer de ninguna manera. Quizás lo haga conociendo a personajes complejos que se parecen a los de su vida, con los que va a tener que lidiar sí o sí, conociendo las emociones del ser humano, y poco a poco, haciéndose fuerte.

Pienso que hay libros escritos por activistas que los niños y las niñas merecen conocer pero no creo en el olvido de la literatura sin etiquetas, de personas que han escrito sobre los miedos humanos que siempre son los mismos, la muerte, el amor, la soledad. Creo que no es cuestión de no ofrecer libros que tengan un “buen” valor claro pero que desde luego no puede excluir esto una biblioteca donde se la ofrezcan al niño historias. La burbuja editorial no existía hace un siglo y es verdad que hace unas décadas los escritores eran más valorados con capacidad para influir en el pensamiento de las masas. Pero creo que es verdad que ahora se lee más, más personas pueden acceder a la lectura, pero lo que hay que intentar es que con tanta edición no se pierda la necesidad del libro de calidad. Y sí me gustaría que hablarán más escritoras y escritores en la televisión, más sabios, más intelectuales y menos tertulianos o personas con saberes parcelados. Al final el intelectual debe situarse cerca de la gente y no ser visto como algo escondido y minoritario. Todas y todos deberíamos aspirar a tener conocimiento que no tiene que ser útil según el concepto de utilidad de la sociedad en la que vivimos.

[Arriba]

Mi experiencia como librera en Turuletras en la librería Turuletras

Va a hacer un mes que estoy trabajando en la librería Turuletras. Aunque unas semanas no es demasiado tiempo me gustaría ir escribiendo en el blog mi experiencia hasta el momento y de esta manera también invitarte a que te pases por la librería a ver nuestra selección de libros infantiles y juveniles.

Turuletras es una librería de barrio, situada en Villaverde -la parada de metro más cercana es Ciudad de Los Ángeles-: está en una zona de comercios, frente al Colegio Público Barcelona. Lo más importante para Turuletras son los niños y niñas y que haya libros que ellos disfruten. Las editoriales que más tenemos actualmente son SM, Kalandraka, Combel, pero también otras muchas como Jaguar, Algar, Apila, Salamandra, Anaya, La casita roja, Libros del zorro rojo, Bruño, y muchas otras. El trato en Turuletras es cercano porque no nos olvidamos que estamos en un barrio popular donde las personas se conocen y, al final, es importante conocer a los lectores, saber lo que les gusta y hacerles sentir lo más felices posibles en el espacio de libros.

Tenemos en Turuletras libros de pop-ups con los que los pequeños se emocionan bastante, libros con olores, con sonidos, con pestañas que hay que destapar; libros para bebés de tela, de cartón, para sumergir en el agua. Libros para buscar y encontrar. Y, por supuesto, álbum ilustrado. Para mí es este último un género muy importante porque aúna texto e ilustración en un sentido narrativo complementario. Poco texto para niños que recientemente se lanzan a leer pero mayor narración en las imágenes porque ellos ya pueden comprender historias más complejas. Por supuesto, es además un género que ha tenido y tiene grandes autores que se han dirigido a los niños pero cuyo arte es para todas las edades mostrando complejidad narrativa, diferentes capas de lectura y viendo al niño como una persona sin pensarlo como menor. El niño no es más que alguien con menos experiencias acumuladas pero su mente puede abordar las incógnitas de la vida porque ese es el sentido de la literatura. En Turuletras tenemos espacio, como no podría ser de otro manera, para Maurice Sendak, Eric Carle, Leo Lionni, Tomi Ungerer, Shel Silverstein…

También podéis encontrar en Turuletras a autores contemporáneos como a Mar Benegas, escritora y poeta, especialista en literatura infantil y juvenil; Guridi, Jordi Sierra i Fabra o Xan López Domínguez, entre otros muchos. Si queréis visitar la página de la librería podéis entrar aquí. Podéis también conocer las normas de la librería como que: “Nos encanta que los niños se sientan cómodos, toquen y descubran los libros que tenemos, pero siempre que traten las cosas con cuidado y respeto: los padres deben hacerse responsables de posibles desperfectos que puedan causar los peques en los productos”. Por ello, hay una parte de la librería, la Leoteca, que es para que ellos puedan tocar infinitamente todos los libros que hay allí y sentirse cómodos.



 

También hay novela juvenil en Turuletras y lecturas para los niños que desean sumergirse en una historia con todas las palabras. Tenemos a Roald Dalh, a J.k Rowling. En Turuletras los sábados suele haber cuentacuentos y durante a semana solemos hacer un taller creativo. Esta semana pasada ha sido el aniversario de Turuletras, ¡un año ha cumpliado!, y además de sortear la lámina de una ilustradora hemos hecho una actividad con los niños, que han elaborado una caja, primeramente pintada por ellos. Además, les hemos regalado una flor hecha con piñas y papel de fieltro. El Halloween llevaremos a cabo una calabaza con papel de seda y globos. No te lo pierdas.

¡Ah!, que no se me olvide decirte que cualquier libro lo podemos pedir en la librería y te llega al día siguiente. Incluso si no es específicamente de literatura infantil y juvenil también. Si no sabes muy bien lo que puede gustarle a alguien a quien quieres hacerle un regalo podemos hacerte recomendaciones, o si tienes en mente una temática, un estilo, un tipo de libro en concreto, también te podemos ayudar a buscar y dar forma a ese libro que buscas.

Me gustaría decir que para los rezagados a venir porque ven que quizás la librería está algo lejos, estamos a solo cuatro paradas de metro de Legazpi y Legazpi está a a cuatro paradas de Lavapiés (: Por lo tanto estamos a ocho paradas de Lavapiés en línea directa. Puede parecer mucho pero ocho paradas de metro se pasan en 20 minutos. Volando. Por ello si quieres recibir recomendaciones de libros para un regalo, para tus hijos, ¡para ti mismo! puedes pasar a visitarnos y seguro que te puedes llevar un muy buen libro a tu casa. Si vives por el centro lo tienes cerca y si no, pues piensa que es como ir a al centro, pues un poquito más.

Al final, yo que decidí especializarme en literatura infantil y juvenil, he aprendido que no se puede pasar la vida sin leer porque los libros guardan los secretos del ser humano, las historias contadas, el lenguaje escrito. No leer es como no conocer parte de los que otros han pasado, han sentido, han conocido. Todo el que lee precisa de seguir leyendo. Y a los niños se les puede contar de todo, no hay nada que no puedan conocer o no deban conocer. Estoy aprendiendo mucho en Turuletras, lo que más quizás sea el estar al tanto de las últimas novedades y de otras que no lo son tanto que son reposiciones y que vuelven a la librería. Estoy conociendo libros que me parecen muy interesantes y redescubriendo otros que conocía pero que no había leído. Dentro de este fantástico mundo del libro hay siempre mucho por descubrir.

[Arriba]

La miel en los labios

No está de moda sentir nada más que ciertas formas de solidaridad vacías y reduccionistas. No está de moda sentirte árbol, saber que eres naturaleza. Y menos, mucho menos, ser consecuente con esto. Simplemente no está nada de moda porque quien ama a un bosque puede hacerlo en su tiempo libre, después del trabajo que tiene que ver con el éxito, que tiene que ver con la riqueza según la entiende el capitalismo, pero no puede ser bosque; que no está bien visto que sea su modo de vida lo sencillo. La sociedad en la que vivimos no está bien, anda enferma, con la enfermedad de la autorepresión, del no deber sentir deseos de ser animal, de jamás haberse levantado con el sonido de los pájaros, de ser incapaz de oler la tierra mojada tras la lluvia de la noche. Ni el olor de la madera después de la tormenta, ni el ratoncillo que viaja por el matorral, ni el viento en la hojas, ni el musgo en los ojos son realidades valiosas para una sociedad que solo aprecia aquello que tiene un precio. Pongámosle un precio a un bosque de robles, a un paisaje entre nieblas a través del cual remonta el vuelo un vencejo.

No está de moda la verdad. Los plásticos nos inundan, ocurren incendios que sorprenden a la historia de los últimos cien años, al calentamiento global lo llaman ola de calor, nuestras ropas en China y nuestras verduras de suelos estériles; maltratamos al cerdo, arrebatamos la vida de ovejas, cabras y vacas que nacieron para nada, y constantemente nos justificamos con la lógica del fuerte, la ceguera de quien en el fondo es bueno; al que respeta el bosque lo llaman utópico y el realismo este político se adueña de las palabras coherencia, seriedad, compromiso, pero esas palabras no son suyas: coherencia, seriedad y compromiso son palabras ya viejas que merecen ser libres, merecen respeto; no son realidades reducidas, la coherencia va con la vida en la tierra, no con una sola especie. En la nevera todo lleno de envases. No sabemos de dónde viene aquello que comemos: ¿quién ha cultivado este pimiento? Nuestras manos no sirven más que para un presente sin recuerdos, los oficios se pierden, la memoria qué es, uno no conoce la esencia de una patata; y una cebolla, un puerro, un calabacín, un melocotón, una sandía son palabras sin historias. Hacer pan o trabajar la madera de forma artística son parte del atraso de este mundo.

Y el poder es el culpable. Y esta sociedad patriarcal competitiva invasiva es la culpable. Y los culpables también somos todas aquellas que no nos juntamos, acampamos en medio de la faena del lunes por la mañana y decimos que ya basta. Todavía no ha ocurrido esto por nuestra amiga la tierra, sí por el paro. Al final todos somos culpables de, en el fondo, no importarnos nada que los invisibles sean pertrechados con fuego y violencia, con ruidos ajenos; que la vida del tejón sea sorprendida por la deforestación, que sus crías no sobrevivan porque el bosque anda empobrecido: ya a veinte kilómetros de distancia llega el humano imberbe y aséptico. Los robles, los castaños, los avellanos tienen sus derechos. Tienen derecho a la vida. Y ni siquiera diré que sin ellos nosotros también morimos porque no por ello hay que respetarlos. Hay que respetarlos porque son seres de pleno derecho. Tienen derecho a prosperar en sus bosques, a ser la casa de mamíferos, aves, insectos, de dejar caer sus semillas, de ofrecer poesía en otoño, de tener a su lado a unas cuantas setas gracias a la humedad del suelo, de la hojarasca, del humus. Tienen derecho a su propia lengua, sus cantos; tienen derecho a su presente porque su historia es digna de todo reconocimiento, los bosques lo son todo. Estaban ahí mucho antes de que tuviéramos tres coches y un campo de golf donde antes vivían las abejas.

Quiero recomendar estos cuatro libros que tienen que ver con la vida sencilla: Koko. Una fantasía ecológica, Escarabajo en compañía, Mucha gente pequeña y El barón rampante.

[Arriba]

Libros conmovidos. El valor que se da al cuidado de los cuerpos tiene que ver con el tipo de sociedades patriarcales que tenemos Pequeños grandes gestos por el planeta, Pippi Calzaslargas, El nombre del mundo es bosque y El ratón y la montaña son algunos de los libros que creo tienen personajes capaces de revolucionar con su sentido común

Hace un tiempo según iba a la sierra de Madrid escuché un programa muy interesante de los que me gustan de El bosque habitado, pero este especialmente me significó muchísimo; hablaba, antes de volver a escucharlo, sobre esta forma de economía que se nos ha impuesto donde hay elementos invisibles a los que no se ha puesto precio, por lo que no se respetan, al contrario, se atacan porque es como si no importaran: como la polinización de las plantas, el ciclo del agua, la fotosíntesis. “Procesos esenciales para que exista la vida, pero que ni tienen ni deben tener valor económico”, en palabras de Yayo Herrero. Me gustaría hablar de libros conmovidos protagonizados por voces raras, diferentes, sonoras, atrevidas. 

Volviendo a escuchar el programa rescato palabras, ideas, consuelos, como la de que precisamente en los cuentos, especialmente los cuentos clásicos, los niños se dan cuenta de que son dependientes, que si la familia les abandona es muy posible que no sobrevivan, que precisamos radicalmente de la vida en comunidad, del cuidado que otras personas hacen de nuestros cuerpos. Y el quedarse solo es un miedo que afrontan los niños, el miedo a la ausencia de los seres queridos. Como el miedo en el álbum ¡Scric Scrac bibib blub! Las lecturas que se pueden hacer para superar estos miedos tampoco son visibilizadas porque tampoco tienen un valor en esta economía reduccionista. Y más allá, no solo dependemos de otras personas sino que dependemos de lo que la naturaleza nos ofrece.

El primer libro del que me gustaría hablar es de Pequeños grandes gestos por el planeta, cuyo título tiene que ver con la idea de Mucha gente pequeña o de Los nadie. Personas anónimas que en determinado momento tuvieron sabiduría, lucidez y dijeron basta a las injusticias, al abuso de sus tierras, al ver cómo sus espacios eran destruídos por el poder, detrozada la vida en favor de intereses económicos, de personas que dejaron de sentir. Se nos habla de  una chica inuit que demandó a Estados Unidos porque su emisión de gases nocivos estaba cambiando el paisaje de su infancia; de Severn Suzuki, Peter Willcox el famoso capitán del Rainbow Warrior de Greenpeace; William Kamkwamba, un chico de Malaui que construyó él mismo molinos, paneles solares para su pueblo, energía renovable ideada por una persona de la comunidad para mejorar sus vidas; Omar Castillo Gallegos un niño que quiso ver con sus propios ojos esas selvas de Chiapas devastadas que había escuchado en la televisión e inició un camino en defensa de los bosques; todos ellos defensores del medioambiente desde pequeños caminaron para hacer escuchar la voz de aquellos que viven anónimamente, entre ellos los árboles, y que son manejados al antojo por ciertas élites. Este libro está escrito por Francisco Llorca que es el escritor también de Pequeños grandes gestos por el deporte, Pequeños grandes gestos contra la discriminación, Pequeños grandes gestos por la tolerancia y Pequeños grandes gestos por la libertad de expresión. 

Por otro lado, El ratón y la montaña es un álbum ilustrado sobre la importancia de la cooperación; precisamente que no somos seres individuales, que la prosperidad es una palabra compartida. La tierra vejada será miseria para todos. Mantener los bosques es la verdadera riqueza. Esquilmar un monte no es una broma. Y el ciclo vital se parará. Donde han desaparecido los bosques no se puede esperar nada más que miseria. Este libro está editado por Milrazones, escritor por Antonio Gramsci e ilustrado por Laia Doménech. Se trata de la recuperación de un cuento que Gramsci contó a su mujer cuando estaba encarcelado para que esta se lo transmitiera a sus hijos. “Es un cuento típico de un país arruinado por la deforestación. Queridísima Giulia, tienes que contarles este cuento y explicarme después las impresiones de los niños”. Las guardas tienen cierta función narrativa ya que comienzan con unos troncos de árboles partidos y acaban con un bosque húmedo que parece plagado de vida. En las guardas finales hay una historia entre esa niebla instalada en la montaña de la cual salen algunas copas de los árboles, sin embargo, en las primeras, es un dibujo plano, repetitivo, sin apenas nada que contar, esconder.

Pippi Calzaslargas es un libro escrito en 1959 sujeto a la posible censura incluso hoy en día, con titulares como el de El País que dicen Leer o no leer a Pippi Calzaslargas y un subtítulo no menos impactante “La reedición de la novela por el 70º aniversario del personaje renueva el debate sobre su ejemplo para los pequeños aficionados”. Y es que claramente Pippi es una niña profundamente defensora de toda forma de vida, pero esto no se censura a los niños, ni se destaca, ni nada porque sencillamente no se le da importancia, los animalitos son muy monos y hay que querorlos; que representa la más absoluta anarquía, y esto ya en términos políticos empieza a preocupar. Pippi es más fuerte y derrumba cualquier forma de poder, cosa que no agrada, claro. Pippi no estudia en el colegio ni quiere, y recordemos que es una niña y no un niño. Es absurda para los ojos cansados de la mayoría. La he escogido porque Pippi representa la sabiduría más elemental que muchos estudios oficiales no ofrecen.

Por último voy a mencionar un libro que leía y que inspira mucho el espacio de La gata y es El nombre del mundo es bosque. Creo que puede ser una novela para los jóvenes muy interesante que puede despertarles de la realidad creada por determinados poderes. Los lectores pueden darse cuenta a través de la historia creada en esta obra de Úrsula K. L Guin de que nos jugamos un planeta habitable. De que las sociedades patriarcales donde los hombres hacen abusos de poder precisamente están en la antítesis de las emociones, las comunidades respetuosas, comunitativas, sensibles, poéticas, con palabras, con cantos, con historias. La autora de este libro es conocida como gran defensora de las mujeres, ecologista, taoísta. En sus libros está presente su feminismo, un anarquismo en la forma de relacionarse las comunidades y una mentalidad de pertencer a la naturaleza. Selver vive en Nueva Tahití con su comunidad, seres pacíficos en armonía con los bosques; poseen un tiempo-mundo y un tiempo-sueño y se sorprenden porque los seres humanos que llegan a su planeta no sueñan. Se generará un conflicto entre los humanos de la tierra que llegan para deforestar el nuevo lugar y los autóctonos que ven a los humanos como seres locos que mutilan los bosques. Selver es un personaje esencial, por todo lo que sufre ya que su mujer es violada y asesinada por Davidson, un humano muy humano. Los humanos ven a los autóctonos como salvajes, como animales de otra especie. La manera de vivir de los asthstianos es preciosa; ellos están vinculados a los árboles fuertemente, viven bajo ellos, y son un elemento más.

Cuando yo digo Tierra, Kees, me refiero a la gente. A los hombres. A ti te preocupan los ciervos y los árboles y las 12 fibrillas, la madera, fantástico, eso es asunto tuyo. Pero a mí me gusta ver las cosas en perspectiva, de cabo a rabo, y el cabo, por el momento, somos nosotros, los humanos. Ahora estamos aquí, y por lo tanto este mundo marchará a nuestro modo. (…) Pero ahora estaban aquí los hombres, para acabar con la oscuridad y convertir la maraña de árboles en tablones pulcramente aserrados, más preciados que el oro en la Tierra. Literalmente, porque el oro se podía encontrar en el agua de los mares y bajo el hielo de la Antártida, pero la madera no; la madera solo la producían los árboles. Y en la Tierra era un lujo realmente necesario (…)

En este programa de Radio3, el que he nombrado al principio, que lleva el nombre de Clase magistral de Yayo Herrero: ecodependencia, esta “pensadora necesaria” explica a los oyentes lo que es el ecofeminismo, la ecodependencia, y escuchamos hablar sobre la devaluación de las emociones en favor del patriarcado, sobre los bienes fondo de la naturaleza, sobre el analfabetismo ecológico.

 

El ecofeminismo es un movimiento social y una corriente de pensamiento, las dos cosas a la vez, esto es muy importante, porque a mí me resulta muy difícil el poder entender la gente que piensa sobre el mundo, sobre los problemas que le afectan y luego tiene dificultades para actuar en él, para mí son dos cosas que van de la mano. Y es fundamentalmente un diálogo entre el movimiento feminista y el movimiento ecologista. Un diálogo en plano de igualdad. ¿Y por qué este diálogo nos parece importante? Pues porque el ecologismo llama la atención sobre el hecho de que las personas somos naturaleza. Somos radicalmente ecodependientes en esa naturaleza que tiene límites físicos y llama la atención sobre la tensión que hay entre una economía que pretende crecer ilimitadamente sobre un planeta que tiene límites físicos y el feminismo llama la atención sobre la vulnerabilidad de cada ser humano en solitario sobre el hecho de que vivamos encarnadas en cuerpos que son vulnerables, que son finitos, en cuerpos que hay que cuidar y llama la atención sobre el hecho de que a lo largo de la historia y en casi todos los lugares son mayoritariamente mujeres quienes han cuidado de los cuerpos finitos, tanto en los momentos de especial vulnerabilidad, como es la infancia, la vejez, la enfermedad, pero a lo largo de toda la vida. Y también, nuestra economía es una economía que no mira los cuerpos, que vive de espaldas a ellos y tampoco visibiliza ni valora los trabajos que están dedicados a cuidar de esos cuerpos. El feminismo lo que reclama, igual que el ecologismo, una economía y una vida compatible y respetuosa con los límites del planeta. El feminismo dice, del cuidado de los cuerpos vulnerables, del cuidado de la vida se tienen que hacer cargo, hombres, mujeres, instituciones, estados, y no solamente mujeres en situación de subordinación.

Yayo Herrero

Quiero acabar mencionando libros que tengo pendiente leerme que son parte de todas estas palabras que comparto: Palabras dibujadas de Fernando Fuello, Mucha gente pequeña de Gustuvo Duch, La memoria del bosque y Crónicas del país de los árboles de Ignacio Abella. “Desde el mismo momento que nacemos hasta que morimos, las personas dependemos física y emocionalmente del tiempo de trabajo y dedicación que otras personas nos dan. Durante toda la vida, pero sobretodo en algunos momentos del ciclo vital, las personas no podríamos sobrevivir si no fuese porque otras dedican tiempo y energía a cuidar de nuestros cuerpos. Y este trabajo se encuentra invisibilizado y desvalorizado en las sociedades patriarcarles”, dice Yayo Herrero.

La ilustración de portada es de Laia Doménech.

Cuando el hombre perdió la memoria y olvidó el lenguaje de los pájaros y los árboles, supuso que éstos no podían contarle nada de provecho, que la única inteligencia digna de nombrarse como tal era un don exclusivo del ser humano.

El hombre perdió también las otras inteligencias, incluso la inteligencia del bosque, de la que él mismo formaba parte…
Desde entonces busca con desesperación sin saber cuál es el objeto de su búsqueda.

Ignacio Abella en Crónicas del país de los árboles

[Arriba]

La conejita Marcela y La zanahoria. Conejos en portada, diferentes maneras de hacer presente al bosque y de ser con los demás Voy a hablar de dos álbumes ilustrados que comparten un conejo en la portada y que hablan de asuntos parecidos pero uno recordando sonidos del lenguaje oral y el otro teniendo en cuenta situaciones presentes

Conocí el álbum de La conejita Marcela leyendo una entrevista a Esther Tusquets, la autora del texto. En este caso, como no suele ocurrir ya que normalmente texto e ilustración son indivisibles, las ilustraciones del álbum que ahora pueden verse llegaron años después a la escritura del texto, en 2011, un año antes de la muerte de Esther Tusquets. Esta nueva edición ha sido publicada por Kalandraka, siendo el original publicado por Lumen en 1980. Por otro lado, La zanahoria es un álbum reciente relativamente, de 2015, realizado por Laia Doménech, inspirado por un cuento tradicional chino. Es bastante cierto que se ha abusado de las adaptaciones de textos como para mostrar la valía de algún ilustrador cuando no parece que haya un texto a la altura; pero creo que en este caso se crea una obra nueva, inspirada por culturas solidarias que generaban cuentos para transmitir a las próximas generaciones; cuentos arraigados a la tierra.

Es recurrente el hecho de utilizar animales en los libros para los niños como dice Diego Gutiérrez en el número #115 de Peonza: “Los animales han sido protagonistas de los mitos, leyendas y cuentos originados como explicación del mundo y los misterios de la vida en tiempos remotos, desde el mismo origen de nuestra especie. Y han acompañado a la Humanidad como fuente de consuelo, socialización, diversión y aprendizaje en el largo proceso de civilización hasta nuestros días”. Lo que bien es cierto es que no siempre el hecho de que aparezcan animales en un libro quiere decir que se busque respetarlos, darles voz; en numerosas ocasiones no se trata más que un instrumento para hacer un metáfora sobre la sociedad humana, y solo está importando eso. Por otro lado, es verdad que para un lector que no lo lea de esta manera, se sumergirá en un bosque donde puede que genere mayor empatía con los animales  y la vida en él. A mí me parecen, no obstante, más interesantes aquellos libros que tienen como fondo un respeto por el bosque y no una cura de los problemas humanos que solo tienen que ver con los humanos.

He seleccionado estos dos álbumes, La conejita Marcela cogido de la biblioteca del barrio, porque por un lado quería hablar de dos álbumes donde apareciera el bosque como escenario o por lo menos la naturaleza y, por otro, ver cómo se integraba esa naturaleza en la historia, qué papel jugaba. En el caso del álbum La zanahoria este juega un papel estético fundamental y esta me parece que es parte de la poesía del álbum, la sensibilidad con la que Doménech retrata el bosque: un espacio lleno de vida, cosa que desde las guardas se ve. En las guardas podemos observan un montón de insectos diferentes, cada uno con sus características e introducirnos en un espacio donde hay tamaños diversos en cada animal, en las montañas, y todos hacen el conjunto. Este último álbum rescata una historia que tendrá siglos de vida para recuperar los cuentos que forman parte de nosotros como seres humanos. Como decía Eduardo Galeano: “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”. La editorial Milrazones ha querido mostrar a los lectores su raíces, porque aunque se trata de un cuento tradicional chino, al final la cooperación, la gestión de los recursos de manera solidaria, el ambiente rural, son creencias que pienso que se han dado en la mayor parte de las sociedades. Los conceptos del bien común, la inteligencia campesina, la cultura local, el respeto por las raíces, la solidaridad entre especies, están presente en este libro. Tiene algo que ver este álbum con el de Las semillas mágicas de Mitsumasa Anno donde también pasa que si se tiene paciencia y uno no es avaricioso, la tierra siempre recompensa con comida suficiente.

El bosque es un espacio de vida donde nos encontramos lo invisible, al sin voz, al ninguno, a los nadie, como decía Galeano. Porque desgraciadamente hemos dejado de ser capaces de escuchar los sonidos que hay en él. Hemos dejado de oler sus fragancias, de tocar las cortezas, de jugar con los nidos. Ese lenguaje que era parte de nosotros mismos nos ha sido amputado y con él los cuentos, la simbología de la comunidad… En la literatura tenemos la oportunidad de poder volver a conectar con las historias que nos definen, que nos consuelan, que nos muestran espacios que podemos hacer nuestros. Dice Michèle Petit en su libro Leer el mundo: “A lo largo de los años, Beatriz Helena Robledo pudo medir, dice, las infinitas posibilidades que ofrecen la lectura y la escritura para reconstruir el sentido de la vida, curar las heridas, ensanchar el mundo. Con los más frágiles, los más desprovistos de vínculos, ella observó cómo la literatura (gracias al arte de un mediador) creaba dentro de los participantes un anclaje, “un sedimento de verdad, de certeza afectiva”.

Por otro lado, La conejita Marcela es un álbum sobre las desigualdades humanas, el racismo, las jerarquías, las censuras, las revoluciones, cuando todos somos iguales, y no está bien que unos humillemos a los otros. Esta idea de donde hay pobres hay ricos, donde hay feos hay guapos, donde hay negros hay blancos, incluso donde hay mujeres hay hombres, es una visión injusta de la sociedad. Somos todos personas y no deberíamos estar tan pendientes de la parte externa de nosotros mismos que no es más que una construcción social, en los últimos tiempos apoyada en el capitalismo más agresivo, que genera violencias porque usa un lenguaje violento, el del crecimiento, el del dinero, el de la competición, el del usar y tirar.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.

Eduardo Galeano

Las ilustraciones de Laia Doménech no resultan demasiado actuales encajando muy bien con la época en la que fue escrito el fragmento. De hecho pareciera más ilustrado hace veinte años que hace seis. Todo lo contrario ocurre con La zanahoria que tiene un estilo bastante actual, menos clásico, no hay un realismo en las ilustraciones de los animales como en el caso del álbum de Tusquets.

Con respecto al bosque este no nos transmite belleza en Marcela, no es demasiado explícito. Se sabe que ahí está porque los conejos viven en él pero no es un elemento a destacar que genere belleza, sensaciones. No hay un lenguaje del bosque. Es todo bastante minimalista. Aparecen algunas hojas de árboles o los troncos, árboles en la lejanía, algunos brotes en forma de rayajos, algo de agua muy solitaria. Quizás sea también la deforestación que está sintiendo el mundo. Este es un álbum que me recuerda a Rosa Caramelo o Julia, la niña que tenía sombra de chico.

 

Érase un bosque lejano,

jamás pisado por los pies

de los hombres.

Fragmento de La zanahoria

 

*La ilustración de portada es de Adolfo Serra.

[Arriba]