Bárbara Serrano Kieckebusch de la editorial La casita roja: “Como si se jugara a la ruleta rusa, se sigue editando mucho, esperando que con un libro suene la flauta y se vendan cifras astronómicas” Esta entrevista a la editora de La Casita roja la he llevado a cabo para la asignatura Editar para niños cómo se construye un catálogo del Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil de la UAB con la profesora Ana Garralón

5 junio, 2017 Comentarios desactivados en Bárbara Serrano Kieckebusch de la editorial La casita roja: “Como si se jugara a la ruleta rusa, se sigue editando mucho, esperando que con un libro suene la flauta y se vendan cifras astronómicas” Esta entrevista a la editora de La Casita roja la he llevado a cabo para la asignatura Editar para niños cómo se construye un catálogo del Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil de la UAB con la profesora Ana Garralón

La casita roja nace en septiembre de 2016 en Barcelona, un nacimiento interesante de conocer en parte por ser una novedad: ¿qué hacen las editoriales que dan sus primeros pasos en esta década de los años diez del siglo XXI?; en un momento aparentemente florido para la literatura infantil y juvenil pero donde se aprecia una adaptación de los libros al mercado más agresivamente capitalista y donde tras esas numerosas floraciones lo que hay es mucha flor de plástico, y un distanciamiento de la naturaleza de la literatura. Bárbara Serrano Kieckebusch es su editora, junto con Julián Pérez Aragón; hacen una propuesta por la producción local porque como nos comentaba Bárbara en los correos que he intercambiado con ella: “Para mí es inconcebible publicar fuera, soy una radical en eso. Tanto que he rechazado libros que me encantaban sólo porque me obligaban a participar en una coedición en Asia. El ecologismo no es una postura política: es una cuestión ética y de supervivencia.” Apuestan por el cómic en un catálogo que libro a libro les parezca coherente; donde el humor, pero también la aventura, la narrativa y el aprendizaje puedan formar parte del universo de los niños. Como dicen en su página web: “Nos tomamos la literatura tan en serio que ofrecemos risas”.

¿Cómo os decidisteis a empezar a editar libros precisamente en este momento en el que parece que hay una saturación de literatura infantil y juvenil en el mercado? Es cierto que el mercado infantil está saturado, en parte porque muchas editoriales que hasta ahora no publicaban libros infantiles han visto en él un nicho en el que crecer (durante un tiempo, el género ha resistido la crisis mejor que otros); lo mismo ha ocurrido con la novela gráfica y con los libros de cocina.

Por eso, desde el primer momento decidimos buscar un hueco propio dentro del nicho, editando libros con unas características muy marcadas: todos nuestros títulos tienen humor, porque es una buena forma de que los pequeños descubran la lectura como una fuente de placer y se aficionen a ella, que es el objetivo último de esta aventura. De ahí que apostemos asimismo con fuerza por el cómic. No obstante, no queremos hacer libros meramente divertidos: buscamos que todos tengan, aunque sea de forma sutil, una estructura narrativa clásica (planteamiento, nudo y desenlace) y algo de aventura, a diferencia de muchos títulos actuales, que son descriptivos y gravitan en torno a la ilustración, o a la inversa, tienen textos potentes pero gráficamente cojean un poco.

En tercer lugar, todos nuestros libros ofrecen un aprendizaje, transmiten algún valor y pretenden dar pie a que los padres reflexionen con los niños sobre algún tema. Por ejemplo, con ​¡Demasiados juguetes!​ se puede hablar sobre la tendencia a la acumulación; con ​Las aventuras de Lester y Bob​, ​Caja y ​Rodrigo y su mejor amigo​, sobre la amistad; sobre vencer los miedos con ​El capitán Pug​ y ​El globo rojo en la lluvia​, o la alegría de descubrir el mundo, como con ​Ovejas, muchas, muchísimas ovejas​, ​Viaje al fin del mundo​ y ​Vida en Marte​, la importancia de ser uno mismo, con ​¡Guau!​, o del poder de la imaginación y las nuevas emociones, con ​La caja sorpresa​.

Otro elemento que nos diferencia es que, por sistema, para reforzar esa vertiente, o en alguna ocasión la vertiente lúdica, preparamos materiales para las librerías que ofrecen un contenido complementario. Como sabemos que los libreros tienen poquísimo espacio, junto a la versión en papel también hacemos siempre la versión para la web. También preparamos materiales para profesores. La idea es hacerlo de todos los libros, pero como la única que trabaja exclusivamente para la editorial soy yo, así que me encargo de todo, desde la selección y el contacto con agentes y editores, hasta la entrada en máquina, la promoción y el trato con los distribuidores, y tampoco puedo externalizar mucho, lo voy haciendo cuando puedo.

Finalmente, en un proyecto tan arriesgado y personal, has de estar absolutamente convencido de lo que haces, y sentir pasión por ello, para poder soportar los momentos duros, que no son pocos: sobra decir que me apasiona mi trabajo y que no me imagino haciendo otra cosa (aunque me lo he planteado más de una vez durante mi carrera profesional), y siempre me ha encantado editar libros complejos, en color, y muy especialmente infantiles. Tengo la suerte, además, de conectar con los niños, con su humor, su imaginación, su lógica… Por eso me decanté por este género. Aparte, por más que haya quien lo considere un género menor, es esencial: constituye la semilla para crear nuevos lectores, por tanto hay que cuidar los libros al máximo, respetarlos y trabajarlos con mimo, pensando en todos los aspectos, mirándolos con lupa. Y también es así como yo necesito trabajar: no sólo por prurito profesional, sino sobre todo por respeto al autor, que te ha confiado su obra, y al lector.

Esto enlaza con que también me atrae el papel de editor como agente social, siempre he sentido la inquietud de aportar algo a la sociedad, y me gustaría que ésta fuera mi granito de arena en la formación de los niños: todos sabemos que la lectura nos ayuda a fijar el lenguaje, que estructura nuestro pensamiento, por tanto, cuanto más amplio es el lenguaje, mayores recursos tenemos para comprender el mundo; también nos ayuda a desarrollar la imaginación, a ampliar miras, a desarrollar la empatía… y a ser felices, claro.

La casita roja es una editorial muy reciente, no llegáis al año de vida. ¿Qué os gustaría llegar a conseguir? ¿Cuál es la meta? En primer lugar, que la cuenta corriente esté el menor tiempo posible a juego con el nombre de nuestra casita, para poder seguir publicando libros que adoramos y queremos compartir con los niños de nuestro país, y hacerlo de la forma que nos gusta (a un ritmo pausado, dedicando a cada proceso la atención y el tiempo que requiere) durante muchos años. Para ello, nos esforzamos por ir dando a conocer nuestro catálogo, nuestros valores, para que no sólo los libreros (a los que visitamos siempre que podemos) nos conozcan y aprecien (me alegra poder decir que en general la acogida ha sido magnífica: otro acicate para superar los momentos duros), sino también el público. Como todo editor, sueño con llegar a “crear marca”, que la gente confíe en que si compra un libro de La casita roja, no les defraudará y encontrarán sus elementos esenciales.

¿Qué diferencias encontráis entre la edición actual en España para niños y la de finales del siglo XX? Aparte de la burbuja editorial que sufre ahora mismo, en general se ha modernizado, ha empezado a abordar temas de actualidad y profundos para servir también de guía para los padres para afrontar problemas comunes, pero con libros hermosos, y en muchos casos a arriesgar más con las ilustraciones, se han ampliado los registros, imagino que en parte porque somos conscientes del bombardeo visual al que están sometidos los niños, y por tanto su registro también es más amplio. Cabe destacar asimismo que se ha extendido la deslocalización de la producción, en busca de costes más bajos. Pero eso es algo que nosotros rechazamos de plano: no sólo por la falta de control respecto al proceso que implica (me gusta ir a la entrada en máquina), y porque, en caso de que un libro tenga éxito y se agote la edición, no tienes margen de reacción y acabarás imprimiendo localmente, con lo que tu precio inicial no cuadrará con los nuevos costes. También lo rechazo porque todos sabemos que, cuando algo es más barato, es a costa de otros factores (precariedad laboral, descuido del medio ambiente).

Podríamos decir que ahora conviven las editoriales que siguen haciendo libros “de batalla” y a un ritmo industrial con otras que desde hace años apuestan por la calidad y los títulos muy selectos. Esto, a su vez, se refleja en que encontramos, a grandes rasgos, dos tipos de libros: los que gustan sobre todo a los niños (licencias, libros con mucha información pero un poco feúchos…) y los que gustan sobre todo a los adultos (ilustraciones hermosas, textos delicados, poéticos, descriptivos). Yo busco que nuestros libros puedan gustar a niños y adultos por igual: que a los adultos les parezcan hermosas las ilustraciones y los textos, y los atraigan los valores y aprendizajes de los títulos, y que los niños se diviertan con ellos, vivan aventuras, se emocionen.

¿Qué supone para La casita roja la ilustración en los libros que editáis? ¿Y el texto? Precisamente por lo que comento en el apartado anterior, ilustración y texto tienen un peso idéntico, su calidad debe estar perfectamente equilibrada. Incluso en libros con textos sencillísimos, como es el caso de O​vejas, muchas, muchísimas ovejas​ y ​¡Demasiados juguetes!​, el texto está muy pensado y trabajado: hemos reproducido la musicalidad, el ritmo y la economía del lenguaje de los originales.

Le dais bastante importancia en la editorial a la novela gráfica pero a veces la línea que diferencia esta del álbum ilustrado es muy fina. ¿Cuáles os parecen estas diferencias? En efecto, la frontera es muy fina, y de eso queremos convencer a libreros y lectores, dado que aún hay bastante prejuicio respecto al cómic, que se asocia a contenidos sencillos, superhéroes o licencias y ediciones baratas de quiosco, aparte de que se suele temer salirse de lo que se considera normal.

No obstante, la novela gráfica no sólo puede ser tan profunda y rica como un álbum ilustrado, sino que presenta ventajas respecto a éste, y unos pocos editores ya están publicando novelas gráficas infantiles de gran calidad, que aúnan la belleza del álbum ilustrado con dichas ventajas del cómic: en primer lugar, la narración descansa sobre los diálogos y la secuenciación de imágenes; así pues, con sus textos breves y el constante apoyo de las imágenes, que contextualizan el texto, de modo que puedes introducir mayor vocabulario, los cómics dan mayor independencia a los niños a la hora de leer, y pueden estimular a los más reticentes a hacerlo, pues pueden seguir la historia sólo con las imágenes. En cambio, en el álbum ilustrado el hilo argumental se divide entre texto e ilustración.

Además, en la novela gráfica la narración se construye con diversos lenguajes aparte de texto e ilustración: onomatopeyas, símbolos (notas musicales cuando alguien canta o silba, bombillas cuando uno tiene una idea…), expresiones faciales, colores con valor semántico… Así, se estimula la interpretación de símbolos, el desarrollo del lenguaje visual, esencial para interpretar información que encontramos en forma de imágenes, la capacidad de abstracción, y los acostumbra a mirar de izquierda a derecha y de arriba abajo, al igual que hacemos al leer.

Qué autores os gustaría poder llegar a publicar No tengo en mente grandes nombres: sólo quiero publicar grandes libros -o que al menos a mí me parecen grandes- sea quien sea el autor. Por ejemplo, la selección entre los Toon Books (colección en la que se publicaron originalmente todos los libros de nuestra colección de cómics salvo ​Caja​) la hago al margen del autor. Por supuesto, no negaré que me haría ilusión tener en catálogo a maestros como Ende, Roald Dahl, Sendak o Gianni Rodari. Pero sabemos que hay algunos grandes autores con obra infantil olvidada; he valorado algún caso pero los he descartado porque no tenían los elementos que busco (o tenían elementos que me echaban atrás).

Vuestro libro​ El globo rojo en la lluvia de Liniers tiene la capacidad de ser para todas las edades. ¿Cómo fue su proceso de edición? Fue un gozo poder contratar este precioso libro. La negociación fue dura, sobre todo porque la empecé cuando la editorial ni siquiera estaba constituida como empresa y yo era una completa desconocida entre los agentes y editores extranjeros (siempre he trabajado en la sombra, y mi experiencia en derechos de autor la adquirí como ayudante en el anonimato). Pero tengo la suerte de que, tras saber que llevo largos años en el sector, y que por tanto lo conozco y sé que no hay que perder de vista el aspecto financiero, captar mi entusiasmo, mi voluntad de trabajar con amor, y el espíritu del proyecto, tanto este agente en concreto como otros han confiado en nosotros y me alegra decir que de momento todos se muestran encantados con el resultado. Un problema con el que me encontré es el del lenguaje: yo quería evitar los giros argentinos del original, por ejemplo, el uso del pretérito indefinido cuando aquí empleamos el perfecto, así que hice una adaptación del texto y del título, también de algunos juegos de palabras, a un castellano estándar, que sometimos a aprobación del autor, con éxito.

Abogáis por el humor pero creo que por uno inteligente. ¿No habéis encontrado autores españoles que encajen con esto? Como te decía, los proyectos propios que he arrancado han quedado abortados, a pesar de haber invertido en ellos mucho tiempo y esfuerzo. Partían de ideas propias, eran encargos muy concretos, así que necesitaba más bien alguien que ejecutara una idea. Pero sí que he recibido algún original con ese humor inteligente, lo que pasa es que el humor no es el único denominador común de nuestro catálogo: debe convivir con los elementos enumerados al principio. No obstante, no me cabe duda de que hay creadores que encajarían con nuestro espíritu. El problema es encontrar el tiempo para buscarlos, o tener la suerte de que contacten con nosotros y se dé la circunstancia de que su propuesta tiene todo lo que buscamos.

Y por último, tengo entendido que actualmente la industria editorial se basa en las novedades y que cada vez más parece que las editoriales son como cualquier otra empresa, y deben sacar muchos libros para ser rentables. Pero los libros son arte y el arte no nace o no debería nacer de una necesidad comercial y más aún, el arte necesita tiempo y reposo. Tengo la impresión de que editoriales como Media Vaca hacen libros que pasaran a la historia, algunos han tardado años en hacerlos, pero nada tienen que hacer como empresa. ¿No creéis que hacer buenos libros está reñido con la actualidad necesidad de novedades, este sistema capitalista que está engulléndose el sentido de la literatura? Por descontado, es incompatible. Lo que apuntas es exactamente el problema último del sector editorial: la contradicción de que, siendo un oficio esencialmente artesanal (la edición de cada libro es un proceso único, en el que se coordinan numerosos agentes, personas, puede haber mil imprevistos, y cada texto, cada título tiene sus retos…; como bien dices, pide reposo, sea literatura o libro práctico, no importa), ha vivido un proceso de industrialización y aceleración que llegó a su cénit en los años que se consideran de bonanza, cuando, al igual que en el sector inmobiliario, se creó una burbuja que, como todas, acabó explotando. Sin embargo, el ritmo de publicación no ha descendido en relación con el descenso del consumo. Como si se jugara a la ruleta rusa, se sigue editando mucho, esperando que con un libro suene la flauta y se vendan cifras astronómicas, y éste alimente el resto de la producción y compense los fracasos.

Aparte hay que mencionar la concentración del sector en grandes grupos que van engullendo editoriales (y librerías), y que en efecto se dirigen como una empresa estándar, con una búsqueda de un margen de beneficio altísimo, que no es propio del mundo del libro, así como de un crecimiento constante. Aunque también hay editoriales medianas que siguen la misma lógica, precisamente por esa necesidad de novedades y por la bajada del consumo (que ha llevado a algunas a diversificar, como comentaba, publicando géneros que hasta entonces no trabajaban). ¿Y a qué responde esta necesidad de novedades? El mercado no absorbe (porque es imposible) la ingente cantidad de novedades que se publican; por tanto, gran parte de ellas acaban siendo devueltas (como os habrán explicado, la devolución es un derecho de los libreros pactado a cambio de que sea el editor el que fije el precio; tiene sus ventajas, porque ayuda a las librerías independientes y pequeñas y evidentemente al editor, pero tienen ese lado terrible, son un disgusto cuando llegan y en general condenan al libro para siempre; además, te hacen vivir en la incertidumbre constante). Para que estas devoluciones no supongan un descalabro financiero, hay que compensarlas con constante colocación en el mercado, con los ingresos correspondientes. Es una locura, una huida hacia delante.

Yo confío en que cuidando al lector (porque el que sigue yendo a las librerías es el lector de raza, el que busca y valora la calidad), dosificando la producción (¿para qué publicar 8 libros al mes, cuando es raro que uno compren más de dos al mes?) y acompañando con mimo cada libro durante todo el proceso, apoyando a distribuidores y libreros, y, en mi caso, siendo conscientes de que se trata de un mercado de goteo, y por tanto debemos estar atentos a los gastos y prever que los ingresos se producen también gota a gota, se puede mantener una editorial que obtenga el margen suficiente para cubrir gastos e ir construyendo un colchón financiero para imprevistos. No me gustaría tener que relegar la editorial a un plano secundario y trabajar en otra cosa en paralelo para poder pagarme el alquiler.

También confío en que en algún momento el mercado se racionalizará, porque la situación no va únicamente en detrimento del libro: también sufren las consecuencias los trabajadores y colaboradores, sean autónomos o pequeñas empresas, que ven como sus sueldos y tarifas están congelados (en algunos casos, desde que se hizo el cambio al euro; increíble pero cierto), cuando no se bajan, y se ven sometidos a una presión terrible, obligados a trabajar con precipitación y angustia.

En los correos intercambiados, le pedimos a Bárbara una fotografía que les pudiera gustar para introducir en la entrevista y Bárbara nos habla de La casita roja real: “Donde pasé largos veranos en mi infancia, grandes momentos en mi juventud; vamos, un refugio y sinónimo de felicidad, como quiero que sea la editorial; aparte, desde el principio de la aventura pensé que, si mis finanzas se ponían especialmente difíciles, me instalaría en ella…”. Se nos han quedado cuestiones que nos gustaría conocer, más ahora tras saber más sobre la editorial, como el hecho de que algunos de los libros editados hasta ahora estén realizados con un lomo característico o preguntas sobre la traducción de los textos, ¿tiene Bárbara también una faceta de traductora? O saber algo más sobre los personajes que ya forman parte de su catálogo, de sus autores. Sobre las distintas colecciones. En cualquier caso, su catálogo es breve todavía y apenas puede verse el recorrido del mismo. Dejemos más preguntas para una futura ocasión.

 

About the author

Soy una periodista amante de la literatura infantil y juvenil. Me gusta la ilustración, la ecología, la literatura. Actualmente estoy elaborando mi trabajo de final del máster libros y literatura infantil y juvenil de la UAB. He creado este blog para compartir realidades de una manera diferente a tantos medios.