Animales y poéticos. Un periodismo narrativo o Peonza, Babar y CLIJ

Hace algún tiempo que no escribo en el blog y es que entre los estudios de filología y el trabajo en la librería no he tenido el momento para sentarme tranquilamente a pensar sobre qué quería escribir aquí en la gata. Y claro, escribir el artículo. Ha pasado ya más de una año desde que empecé el máster de libros y literatura infantil y juvenil de la Universidad Autónoma de Barcelona y creo que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Hace más o menos un mes que recibí mi nota del trabajo de final de máster que realicé especialmente durante los primeros tiempos del verano. Por todo ello, definitivamente está cerrada esa etapa de aprendizaje. Así que bien pensado me he decidido por ofrecerte el contenido de mi trabajo. Espero que te parezca tan interesante y lleno de ideas cómo a mí me significó escribirlo. Animales y poéticos. Un periodismo narrativo o Peonza, Babar y CLIJ:

Introducción

Somos seres de palabras y parece que en nuestra actual sociedad occidental las estamos olvidando. La narración es apartada porque se relaciona con la no verdad dentro del sistema informativo predominante. Para este trabajo he querido demostrar, en último término, que los lugares periodísticos de palabras no hablan menos que otros medios de lo que acontece en el mundo pero sí lo hacen de un modo diferente. Para mostrar esta diferencia he considerado las siguientes categorías: el lenguaje, la independencia, el ritmo y la personalidad de los​ ​creadores.

Como marco de todas estas categorías se encuentra algo clave y es que somos relatos pero también somos naturaleza. Considero que la crisis de la narración tiene que ver con la crisis identitaria como seres vivos. Cuando uno pierde la capacidad significativa de las palabras, su espesor, simbología, posibilidades, se está devinculando de algo muy humano en realidad, de las historias. Y mientras nos desvinculamos de las historias, de nuestra cultura, lo hacemos al mismo tiempo de la naturaleza, que es igual de humana. Porque ambas son realidades inherentes al animal que es el ser humano. Por ello somos animales, pero también animales poéticos. Y por ello cuando una se gana, se gana la otra, y cuando una se pierde, no se puede hacer sin la otra. En un mundo práctico en el que las palabras solo nos sirven para nombrar cosas y ser útiles, solo lo efectivo al sistema tiene valor. Pero los relatos no resultan servibles al sistema como tampoco los bosques, los paisajes. Y dejamos de poder nombrarnos a nosotros mismos porque no podemos nombrar nuestra historia y desaparecen las palabras del​ ​bosque,​ ​la​ ​flora​ ​y​ ​la​ ​fauna.

He escogido para el corpus de este trabajo los números de Peonza del 114 —octubre de 2015— al 120 —abril de 2017—; así como los números de CLIJ del 272 —julio/agosto 2016— al 277 —mayo/junio 2017—. En el caso de Babar he hecho una selección del contenido de junio de 2016 a junio de 2017. Lo he llevado a cabo de este modo porque deseaba hacer una aproximación amplia fruto de la lectura libre y reciente que me permitiera discurrir por estas revistas y ver cómo defienden las palabras: son publicaciones que han elegido el punto de vista de la literatura para mostrar el mundo. No han elegido el punto de vista de un partido o de una empresa y ni siquiera de una corriente de moda de pensamiento. Una literatura que además es de todas y de todos como es la literatura infantil y juvenil, en adelante LIJ, incluso de los niños y de las niñas, porque las palabras no pueden excluirles. Son números escogidos de una franja temporal similar porque este ensayo tiene que ver con el presente, dirigidos a un público común como son las personas interesadas en la literatura y en el mundo, puntualizando en la llamada LIJ, en los niños, en las propuestas artísticas en este campo.

Para que el lector de este artículo conozca estas publicaciones un poco mejor: Peonza comenzó en 1986 de la mano de un grupo de maestros con el fin de acercar la literatura a las escuelas rurales cántabras; Babar lo hizo en 1989 como una experiencia de animación a la lectura en el colegio Federico García Lorca de Arganda del Rey en Madrid con Antonio Ventura, el maestro por aquel entonces, a la cabeza; y CLIJ se creó en 1988 a raíz de un trabajo previo de la fundadora,​ ​Victoria​ ​Fernández,​ ​en​ ​la​ ​revista​ ​​Cuadernos​ ​de​ ​Pedagogía.

1. Peonza, CLIJ y Babar hacen habitable el​ ​mundo​ ​con​ ​su​ ​lenguaje

En este punto me centraré en palabras “anticuadas” para los medios generalistas (Serrano 2009: 61) que silencian realidades. Para citar estas palabras iré describiendo la estructura de cada una de las revistas. He escogido una manera de dirigirme al lector cercana, inspirada por el gusto que me proporciona leer a Michèle​ ​Petit​ ​(2015a).

1.1​ ​El​ ​vocabulario​ ​de​​ ​Peonza

Sujeto entre mis manos la revista Peonza. Su nombre hace referencia a ese juguete de madera tan sencillo que lleva siglos con nosotros, una palabra que ayuda al recuerdo. Es el número 120. Paso con el dedo pulgar rápidamente las páginas plagadas de ilustraciones y un olor entrañable llega hasta mi nariz. Tiene Peonza un formato que parece un libro y en este caso el número de páginas es tan abundante que uno desea tener tiempo para adentrarse en todo lo que se cuenta. Los sin-palabras, la escuela, la lectura compartida, los mediadores, entran en mi mochila la cual me llevo a todas partes en mi vida de todos los días; en la revista encuentro muchas personas que me hablan de exposiciones, proyectos personales, bibliografías, inicios, encuentros, despedidas, preguntas, diálogos, recuerdos, puntos de vista. Me he llevado esta revista tantas veces a mis paisajes favoritos. La he leído bajo la lluvia y la he leído bajo las sábanas antes​ ​de​ ​dormir.​ ​Me​ ​ha​ ​ayudado​ ​a​ ​habitar​ ​el​ ​mundo.

Mis ojos pueden caer en su sección “Biblioteca de álbumes” donde están plantados diferentes álbumes ilustrados que recomiendan a los lectores que no tienen tiempo, que no están ahí por novedosos3. Biblioteca es una palabra que tiene un espesor, lugar de encuentro amable. La propia palabra álbum” también tiene su historia, como explica muy bien en el número 120 de Peonza Anna Castagnoli (2017: 5); ella nos habla de palabras como albus o album amicorum. También​ ​está​ ​la​ ​sección​ ​“Biblioteca”.

Llego a otras secciones como la de “Entrevistamos a”, donde Javier Sobrino charla con el ilustrador Maurizio A. C. Quarello. Otra sección es “Artículos”, la sección más extensa. Castagnoli es entrevistada también en el mismo número, al igual que es Quarello el que ocupa, además de su entrevista, la portada y contraportada de la revista y la última sección,“Galería”, donde se muestra una selección de su trabajo. Las voces resuenan, no aparecen rápidamente y escapan. En gran parte de los artículos hay una selección bibliográfica al final donde se listan libros, por ejemplo, si es una entrevista a un ilustrador, sus libros publicados.

Están los clubes de lectura, las bibliotecas escolares. Caray (Peonza 2015: 110), el alma popular (Machado 2015: 109) El viento en los sauces (Tortosa 2015: 109), pueblo (Herrán 2016: 95), tomar la lección (Herrán 2016: 95), brujería (Tortosa 2016: 105), Frankestein (Tortosa 2016: 105), Humpty Dumpty (Tortosa 2016, 106), guerra civil (Sánchez 2015: 96), combatientes del frente de Aragón (Sánchez 2015: 96). A los profesores se les llama maestros. Hay una relación entre​ ​literatura​ ​y​ ​campo.​ ​Esto​ ​dice​ ​​Peonza​​ ​en​ ​el​ ​editorial​ ​del​ ​número​ ​119:

Todo empezó allá por diciembre de 1986, cuando un grupo de maestros volcado en el mundo rural quisimos llevar los mejores libros de literatura infantil y juvenil a todos los rincones de Cantabria. Pinocho apareció en los Picos de Europa, las historias interminables en los valles pasiegos, los cuentos de la media lunita en las pequeñas escuelas a orillas​ ​del​ ​Miera​ ​y​ ​el​ ​Nansa…​ ​(Peonza​​ ​2017:​ ​2).

Por supuesto, no solo están las palabras, sino también la manera de juntarlas, el sentido.

1.2​ ​La​ ​lengua​ ​de​ ​​Babar

Otra de las revistas que me ha ayudado a habitar los hechos es Babar, nombre que hace referencia al elefante protagonista de la obra clásica de LIJ con el mismo nombre creada por Jean de Brunhoff, una publicación en este caso en digital, que con ayuda de Internet y de un dispositivo portátil, también leo muchas veces dentro de esa dimensión entre el sueño y la vigilia4. Gracias a Babar he encontrado a los premiados de muchos galardones desconocidos para el enfoque mediático de nuestros días, como el Premio Jaén de Narrativa Juvenil, el Premio de Literatura Infantil Ciudad de Málaga o el Concurso de Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento. Gracias a Babar he vuelto a encontrarme con Momo (Teijeiro 2017) a través de una reseña que hacen del libro, aparecen ideas como: “el potente caudal que cada niño atesora en su fértil imaginación” o palabras como sabiduría, fabulosa, filósofa, barrido. Gran parte de Babar son reseñas​ ​de​ ​libros​ ​que​ ​hace​ ​el​ ​propio​ ​equipo.

En su sección “Imprescindibles” me topo con “Leocadio, un león de armas tomar” (Babar 2017), que suena a nombre de abuelo. Y si busco por géneros y voy a poesía me doy de bruces con reseñas sobre “La revolución de las perdices” (Amorós 2016). Y si busco por álbum ilustrado tengo ante mí a “El arenque rojo” (Bejarano 2017), o “Abrázame” (Ferrón 2017). Y si busco por cómic ahí está “El globo rojo en la lluvia” (Babar 2017). Su lenguaje es sencillo, como el de Peonza, cercano, con un principio, un desarrollo y un final en todos sus contenidos​ ​bien​ ​planteados,​ ​de​ ​manera​ ​ordenada.

1.3​ ​Las​ ​palabras​ ​de​ ​​CLIJ

A Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil (en adelante CLIJ) me acercó la propia creadora Victoria Fernández una vez buscando por la red. La palabra cuadernos evoca recuerdos de infancia. Su voz cargada de aromas es la de alguien que no se agarra a una moda pasajera. Sus secciones varían. Dentro de la selección del corpus encontramos en todos los números el “Editorial”, y en todos menos en un número hay uno, dos y hasta tres apartados de “Reportaje. El “Informe” es otra sección que está en todos los números menos en dos. Suele haber una sección que es “Estudio” y otra de “Libros”. En CLIJ podemos recordar. ¿Quién fue Lorenzo Goñi? (García 2016: 34). Hay un artículo (Arranz 2016: 28) que cuenta la historia de los bibliobuses desde que comenzaron en la II República; otro sobre los veteranos de la LIJ española (Ayuso 2016: 6). Otro donde Jordi Sierra i Fabra reflexiona sobre la llamada generación sin nombre de la LIJ española (2016: 60). Conocemos a La joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. Nos encontramos con palabras como el Patronato de Misiones Pedagógicas,​ ​la​ ​Institución​ ​Libre​ ​de​ ​Enseñanza,​ ​La​ ​Barraca,​ ​clases​​ ​​populares.

La palabra es necesariamente artística. Para que el espacio pueda ser representable y habitable y que podamos inscribirnos en él, este espacio debe contarnos historias: tener todo un espesor tanto simbólico como imaginario, así como legendario (Petit 2015a). Y el periodismo también puede proporcionar esto.​ ​​Peonza,​ ​​Babar​​ ​y​ ​​CLIJ​​ ​nos​ ​cuentan​ ​muchas​ ​historias.



2.1​ ​La​ ​palabra​ ​es​ ​independiente

Es necesario pensar aquí que estas revistas son alternativas. Porque actualmente el poder no es plato de buen gusto para la palabra. Estos medios alternativos son aquellos que, como su nombre indica, nos dan la alternativa de acceder a una información y que crean conciencia, dan a la ciudadanía una información que precisan saber, que puede hacer desarrollar su pensamiento crítico y fomentar la democracia. Pienso que tanto José Luis Polanco y el resto del grupo Peonza, como Antonio Ventura y como Victoria Fernández, así como las personas que participan en estas dos revistas, desean mantener a la ciudadanía informada (Fernández 2014) y crear una conciencia lectora (Ventura 2014a), así como fomentar la democracia (Ventura 2015). Según Wikipedia, un medio alternativo de información es “un emisor de información independiente que no constituye una agencia de comunicación, ni de los medios masivos de comunicación organizados como empresas. Está compuesto por periodistas que trabajan de forma independiente, individual, o de organizaciones sociales, ecologistas, culturales y políticas”5. Peonza es una asociación, Asociación Cultural Cántabra; por otro lado, CLIJ es miembro de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE). Se trata de revistas pequeñas que no están dentro de los medios de comunicación de masas y que se llevan manteniendo por la necesidad de difusión de la lectura en relación a la LIJ que perciben sus fundadores; están dentro de las periferias, de lo invisible, trabajando desde lo pequeño (Duch 2017). Es interesante que se mantengan independientes y que puedan sumarse a la lista de trabajos periodísticos de difusión de periodismo alternativo6. Esto les podría dar más visibilidad y hacer presente el lado reivindicativo de las mismas. Peonza y CLIJ se financian con suscripciones, venta a través de la web, y también tienen anunciantes, pero estos no son invasivos: están relacionados con el mundo de la LIJ y son escasos7. Babar no tiene publicidad y es accesible de manera​ ​abierta​ ​a​ ​cualquier​ ​lector​ ​que​ ​tenga​ ​Internet.

2.2 La palabra no siempre estuvo tan acorralada​ ​en​ ​el​ ​ejercicio​ ​periodístico

El oficio de contar lo sucedido a la comunidad es de los más antiguos, sin embargo, en la actualidad el periodismo, que sería su equivalente -tiene la intención de dirigirse a alguien transmitiendo eso que sucede fuera- , ha perdido la capacidad de narración; se ha unido a un capitalismo donde solo es visible aquello que tiene un valor económico. Como dice Yayo Herrero8: “la polinización de las plantas, el ciclo del agua, la fotosíntesis son procesos esenciales para que exista la vida, pero que ni tienen ni deben tener valor económico” (2017). Antes el cuentacuentos narraba fábulas, cuentos, anécdotas, mitos, leyendas, relatos. Un hecho trágico acontecido en la aldea de al lado se convertía en historia perdurable; aquello que le pasó hace tiempo a un antepasado se internaba en uno mismo; o las hazañas de algún valiente de tierras lejanas ampliaban la imaginación. La transmisión cultural (Petit 2015a) tenía que ver con las raíces de un pueblo. La realidad acontecida se mezclaba con aquel que la relataba y de boca en boca se iban moldeando las narraciones-noticias aliñadas con la simbología del pueblo, la cultura local. La vida antes era más primitiva, las gentes vivían en los bosques; que nos lo cuente la​ ​familia​ ​de​ ​​Pulgacito​​ ​o​ ​la​ ​de​ ​​Hänsel​ ​y​ ​Gretel.

Sin embargo, la pobreza en nuestra cultura se relacionó con la vida en el campo, las ciudades crecen entonces, y nadie quiere ser miserable. Ser rico pasaba por tener mucho dinero y no había ningún mandamiento que dijera “Amarás a la naturaleza de la que formas parte” (Galeano 1998): palabra y hábitat natural definían al ser humano. Las cancioncillas, las rimas, los acertijos fueron desterrados de una cultura que se fue cerrando cada vez más a unos pocos. La sabiduría popular dejó de valer algo, porque el arte de la palabra dejó también de ser de todos; nosotros como animales y como poéticos dejamos de ser. “Se ha roto​ ​ese​ ​vínculo​ ​al​ ​origen”,​ ​dice​ ​Antonio​ ​Ventura​ ​(2015).

Pero no hace falta remontarse demasiado y es que hace menos de un siglo eran los mayores el centro de las veladas nocturnas, “los que más cosas tenían que contar” (Ventura 2015) y llegó un momento en el que la televisión los desplazó. Se ha acabado imponiendo un solo discurso que es el mismo que llega a todos los hogares. “La única manera de socialización es la palabra, la palabra nos la quitan (…) nos la rompen (…) los medios de comunicación con un nivel de expresión deplorable (Ventura 2015). La información pretende sonar plausible y no recurrir a los prodigios, lo que no significa que sea más exacta que las noticias de siglos anteriores (Benjamin 1991: para. 9); es necesario dar la sensación de una no manipulación de las palabras, la idea de que la palabra ha pasado “virginal” de la realidad al lector y no ha sido tocada por “la mano humana”​ ​(Serrano​ ​2009:​ ​60).

Hubo un momento, y todavía pasa en algunas culturas, en que los que escuchaban se apropiaban de las historias, estas les ayudaban a habitar su propia realidad expandida gracias a las palabras, donde la memoria era importante. Pero todas estas escuchas requieren de tiempo, de aburrimiento, de calma, de contemplación, de ensoñación, y para el capitalismo todo esto es invisible porque no puede monetizarlo. Lo clasifica como inutilidad, pérdida de tiempo. Dice el creador de Babar, Antonio Ventura, que cualquier civilización por recóndita que sea tiene su religión, su mitología, sus héroes, sus brujas, sus duendes​ ​(Ventura​ ​2015).​ ​En​ ​palabras​ ​de​ ​Walter​ ​Benjamin​ ​(1991):

El arte de la narración está tocando a su fin. Es cada vez más raro encontrar a alguien capaz de narrar algo con probidad. (…) Diríase que una facultad que nos pareciera inalienable, la más segura entre las seguras, nos está siendo retirada: la facultad de intercambiar experiencias.​ ​(para.​ ​1)

El periodismo ha extirpado el canto y ha tenido que ver en el alejamiento de la belleza de la palabra. El lenguaje de los medios (Petit 2015b) se ha vuelto desértico, casi inhabitable. Hay “ciertos usos de la lengua que nos exilian”, dice Michèle Petit, que “nos brutalizan sin que seamos ni siquiera conscientes de ello”. Poco a poco lo artístico ha ido saliendo de la sociedad, convirténdose como un anexo; el propio periodismo es un arte que se ha ido olvidando, esa fuerza reivindicativa que tendría que ver con pedir la palabra para la ciudadanía. “Ciertos usos de la lengua nos alejan de nosotros mismos, de nuestros seres más queridos, del mundo, de sus paisajes”, dice Petit. En contrapunto, están las llamadas “casas de palabras” de las que habla Petit recordando a Gustavo Martín Garzo (2012); sin ellas los lugares reales, materiales donde vivimos serían inhabitables​ ​(2015b).

No parece la lengua de los medios la lengua que nos cobija, y desde luego no nos abre un hogar de palabras; lo que ocurre es que las noticias generan nerviosismo o, peor aún, son neutralizadas por la costumbre de escuchar realidades que nos insensibilizan por la manera de ser contadas: se llega a una familiaridad de fondo que nos va despojando poco a poco de quiénes somos. Como dice Benjamin (1991): “La escasez en que ha caído el arte de narrar se explica por el papel decisivo jugado por la difusión de la información” (para. 9). El lenguaje informativo parece no ser compatible con el narrativo. No obstante, el periodismo ha sido otras cosas como Las crónicas parlamentarias de Manuel Vicent o Voces de Chernóbil de Svetlana Aleksiévich. Dónde quedan los trabajos de Josep Pla, Truman Capote, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Eduardo Galeano, Julio Camba, Mariano José de Larra, Albert Camus, Ryszard Kapuściński9. Desde luego a través de sus libros podemos habitar unas realidades; sus textos no nos hacen sentirnos ajenos, sino que podemos apropiarnos de ellos. ¿Por qué? Porque utilizan el arte de narrar. Heródoto era un excelente periodista gracias a sus crónicas de viajes. Dice Petit citando a Oliver Rolin (2015b) que todas las lenguas en todas partes del mundo son “atacadas, degradas, homogeneizadas, banalizadas” y “su fuerza expresiva taladrada por la influencia de la lengua de los medios”. Esta lengua de los medios es al mismo tiempo “pobre, repetitiva, fabricada con lugares comunes e invasiva”.

No nos debe sorprender que el arte de la palabra se aleje de nosotros cuando los medios de comunicación son parte de la familia en nuestra sociedad, inyectan su verdad en los hogares10: “La modernidad trae consigo un empobrecimiento de la comunicabilidad” (Benjamin 1991: para. 9.). Antes periodismo y literatura andaban unidos. Pero si los periodistas de la esfera pública ahora no tienen la característica de hacer un periodismo unido a la palabra, las experiencias que escuchamos en nuestro día a día disminuyen. “Somos por tanto más pobres en experiencia comunicable y, por tanto, menos sabios. En consecuencia, la narración desaparece” (Benjamin 1991, para. 9). Ahora bien, Peonza, Babar y CLIJ se mantienen en conexión con la memoria antes que con la actual manera de plantear el periodismo de masas. En el artículo “Isaac Cuende: de la poesía al teatro” (Merino 2015) es un amigo quien escribe sobre la obra de este autor. Hay emoción, opinión, sensibilidad, se está escribiendo desde un punto sobradamente personal, y no por ello conocemos menos sobre este autor. Incluso en la sección “Noticias” que aparece en algunos números del corpus, el punto de vista de quien escribe está marcadamente presente para ofrecernos su arte de escribir. Los medios generalistas tienen a buenos escritores a su servicio pero les colocan en las páginas de opinión, en alguna columna, diferenciando bien sus textos profundos de la verdad de las noticias. Por el contrario, la noticias oficiales​ ​carecen​ ​de​ ​alma,​ ​están​ ​vacías​ ​por​ ​dentro.

4.​ ​La​ ​palabra​ ​es​ ​sin​ ​prisas

Peonza, Babar y CLIJ trabajan fuera de las prisas y no buscan el beneficio económico uno tiene que ver con lo otro . Dice Victoria Fernández, la creadora de CLIJ, que la revista “es un empeño personal más que una empresa” (2014). Estas publicaciones son un deber con la sociedad. Su visión no es ambiciosa, es sencilla, intentan llegar a sus propias comunidades con un ritmo de publicación que permita que los contenidos se asienten un tiempo y sean leídos (Ventura 2014). Peonza, Babar y CLIJ piensan en la permanencia de los contenidos y no trabajan con esa velocidad de la palabra que desaparece al segundo. Son revistas para todos, donde se hace una selección de realidad a través de la cual podemos ordenar el mundo y tener un lugar en él. No hacen una mera selección de libros, ni están hechas por periodistas con un dudoso conocimiento​ ​profundo​ ​sobre​ ​lo​ ​que​ ​significa​ ​la​ ​infancia.

Estas revistas tienen la calma de quienes no esperan enriquecerse. No son noticias unas encima de otras, en serie, con una extensión controlada, compartidas en redes sociales al instante. Esta sensación de calma lo da su tono, la musicalidad de sus textos, así como del objeto físico, editado para que la lectura sea un placer. Pero también el gusto por el recuerdo, no se puede recordar con prisas, el compartir las voces olvidadas11 como es el caso de “María Moliner, silencio y olvido” (Polanco 2015: 51) o Rosa Parks y otras personas que hicieron actos memorables en defensa de la igualdad (Aime 2015: 11) y que ya​ ​no​ ​se​ ​recuerdan.

Un día alcanzamos un pequeño logro: que el mundo, por fin, llegara a Cantabria; y empezamos a organizar exposiciones, paseos con escritores e ilustradores por escuelas y bibliotecas, salones del libro, giras​ ​con​ ​peonzas​ ​(…)​ ​(Peonza​​ ​2016:​ ​3).

Como ejemplo de musicalidad al leer, el saber utilizar una lengua abierta, familiar, que habla en voz bajita pero siempre clara, capaz pareciera de comunicarse con todo el mundo está “Cruce de caminos” (Boisha y Moure 2015: 15), una charla entre amigos que tenemos el placer de presenciar. Estos amigos son Liman Boisha, periodista y poeta saharaui y Gonzalo Moure, escritor valenciano, asturiano de adopción. Hablan en esta charla de los peligros de esa literatura sobre el inmigrante bienintencionada desde España, del paternalismo de algunas obras; también de los complejos coloniales. Dice Liman Boisha: “Hay que valorar no solo la pobreza y la injusticia del exilio y la ocupación, sino también la riqueza cultural” (20). El canto también tiene que ver con el viaje, con el sueño, con el tiempo. El viaje era antes una forma habitual de ser del contador, esencial en el oficio. En este tipo de periodismo narrativo es habitual el viaje que proporciona diferentes voces, una armonía en el conjunto de la revista, una mirada a la lejanía, una imaginación que no se deja de lado. Historias que necesitan tiempo​ ​para​ ​conformarse.

5.​ ​La​ ​personalidad​ ​de​ ​los​ ​creadores

El oficio que se lleva a cabo en estas revistas va más allá del hecho de copiar y pegar notas de prensa subidas por una agencia de noticias sobre el Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil; los Gran Angular y Barco de Vapor de SM; o los Premios Ala Delta y Alandar de Edelvives. La LIJ no son cuatro premios y tampoco son dos fechas al año Navidad y Día del libro12 (Fernández 2014), sino que está en juego la educación artística de la sociedad (Petit 2015). Dice Ventura que “los medios generales cuando llegan esos dos días hacen un especial de literatura infantil que es café para todos” (Ventura 2015), con lo que se refiere a que no recomiendan libros bajo ningún criterio más que el de rellenar ese​ ​especial​ ​en​ ​el​ ​periódico.

Muchos medios de comunicación tienen una visión protectora sobre los niños y las niñas y hablan de los libros infantiles y juveniles de una manera muy utilitarista un libro para fomentar algo y si no es protectora por lo menos es para inyectar los valores familiares al niño13; o destacan sagas, obras de una gran venta comercial pero de una dudosa calidad literaria14. Y algo que me parece más difícil de encajar es que a veces pretenden ser expertos haciendo mención a libros de catálogos de editoriales independientes que saben que tienen buena edición y buena creación artística, que están de moda. Entonces aparecen en El País, en El Mundo, en ABC novedades en su mayoría, donde se intenta mostrar que se han estudiado el tema, que la LIJ es literatura para todas las edades, que goza de buena salud, que son libros maravillosos sobre la vida, que para nada hay que desmerecerla. Pero estos periódicos poco aportan en realidad al trabajo pequeño de los editores, a muchos que no están en primera fila, ni al día a día de las librerías que llevan muchos años trabajando, ni a la vida de los investigadores, bibliotecarios, maestros de estas disciplinas. No piensan desde la transmisión​ ​cultural.

No es suficiente una apariencia, porque mientras hacen eso tienen publicidad contradictoria de empresas que no saben lo que es esta literatura, o hacen otros contenidos que no son más que agenda mediática y que contrastan con ese artículo de mayor calidad, a veces pretendidamente subversivo. Los medios de la esfera pública son grandes empresas cuyo principal objetivo es la rentabilidad económica y algunos juegos de poder. Estos medios simplemente alcanzan muchos enfoques dentro de su línea editorial, para dejar contento a cada tipo de potencial lector suyo, y que este calme su rebeldía y no desee buscar en otros espacios. Por mucho que se mencionen buenos libros, no es ni mucho menos suficiente para parecerse al trabajo de Peonza, el de Babar o el de CLIJ. Pueden hacer un artículo sobre alimentación ecológica que luego publicaran otro sobre los vuelos baratos express a países de Europa para un fin de semana; el avión es el medio de transporte muy contaminante, y encima express… Es decir, pueden publicar un artículo sobre Impedimenta y La enciclopedia temprana o sobre editoras que apostaron por la literatura infantil de calidad como Tusquets, que luego hablarán del libro infantil más comercial, moralista o sexista presentado en la Fnac o en El Corte Inglés. Los grandes medios no son nada literarios, tienen trozos donde aparecen asuntos de literatura pero no comprenden que no es necesario vivir por cajas donde aquí puede uno recibir relatos y acto seguido debe salir al mundo real. Utilizan la palabra para obtener dinero y no para proporcionar​ ​la​ ​palabra​ ​en​ ​la​ ​vida​ ​diaria​ ​como​ ​manera​ ​de​ ​ser​ ​y​ ​de​ ​estar.

Lo que Peonza, Babar y CLIJ son se lo deben, en gran parte, a sus creadores, que son críticos con los medios generalistas. Estas revistas tienen la personalidad de quienes las han hecho y la siguen haciendo. Ya sabemos que todo lo que tiene éxito desea ser absorbido por el poderoso en una concentración de poder que es como la boca de un gran monstruo. Los libros de los que hablan no son los comerciales, buscan enseñar el arte de la literatura y difundir historias que no vean al niño o a la niña como si fuera un mercado. Tienen una idea de la LIJ como una forma de creación artística más, una literatura donde el niño es esencial, pero cuyo valor artístico es bien valorado por todos. Las personas tenemos necesidad de arte, de pensamiento. Dice Antonio Rodríguez Almodóvar (2004) sobre Victoria Fernández: “Que a punto estuvo de sucumbir varias veces en las fauces del lobo felón, el lobo del dinero, el de los resultados inmediatos, de los que querían seducirla con un ramillete de flores en una mano y la tijera en la otra”. Y añade unas palabras dichas por la propia Victoria: “No es quizás una dedicación “vistosa”. Es más: hay quien dice que los que estamos en esto de la literatura infantil somos prácticamente invisibles. Pero la “vistosidad” no ha estado nunca entre los objetivos de esta revista, nacida para defender la dignidad de la LIJ”. Y sigue Rodríguez Almodóvar diciendo a las palabras de Victoria que: “La independencia, sí que estuvo. La calidad, también”. Al final los invisibles no tienen por qué querer parecerse a esos que parecen triunfar, y de qué manera. Un nadie puede llegar simplemente a tener una meta de compromiso que aporte algo a la sociedad. Dice Ventura: “La escuela es una institución que está al servicio del poder, me da igual que sea pública que privada, es la institución encargada de socializar a los niños para convertirlos en súbditos o en ciudadanos” (2014b). Victoria Fernández cuando habla de la labor que hacen desde CLIJ dice que la difusión del material que hacen “desgraciadamente sigue sin tener un aprecio importante por parte de los medios de comunicación generalistas”. Jordi Sierra i Fabra (2016: 60) cuenta en CLIJ que en 2010 la Fundación Jordi Sierra i Fabra recibió el Premio Ibby-Asahi de Promoción de la Lectura “pero pese a ser el más importante del mundo, ningún medio español se hizo eco de la noticia. Ninguno. (…) Una noticia así ni siquiera mereció​ ​que​ ​un​ ​periodista​ ​le​ ​echara​ ​un​ ​vistazo​ ​en​ ​Internet,​ ​por​ ​si​ ​acaso”.

CLIJ es una revista que no se olvida de la política y que no teme posicionarse
abiertamente ante los lectores. Es llevada por una mujer que ha conocido la etapa
del franquismo y las miserias y que ha deseado ofrecer cultura una vez se salió
de la misma. Su figura es serena y se la ve una persona fuera del éxito
capitalista. Se aprecia la memoria, el recuerdo de los olvidados. Teresa Blanch
dice, en un artículo en ​CLIJ​, que en un momento en el que tenemos “tantos
recursos y aplicaciones para la comunicación” precisamente “toma protagonismo
la incomunicación”. Ella nos habla de algunos libros como ​La fábrica de
paraules​​d​onde​​“la​​gente​​apenas​​habla​​y​​para​​hacerlo​​debe​​comprar​​palabras”.

No es un sonido repetitivo de una línea editorial que va de la mano de un partido
político y que ha acabado haciendo ​marketing​, tópicos de las reivindicaciones.
Hay​ ​capacidad​ ​para​ ​criticarlo​ ​todo,​ ​porque​ ​lo​ ​que​ ​importa​ ​es​ ​la​ ​verdad.

Es cierto que son muchos los editores que han trasladado cuadrillas de
creadores a la huerta escolar. Sin embargo, su empeño ha sido en
vano. Incapaces de dominar las técnicas y conocimientos necesarios
para cultivar la tierra, por más trabajo que le hayan dedicado, los
libros-álbumes que producen son raquíticos, insípidos y de difícil
digestión (…) Tampoco los incentivos de la administración pública
han logrado dinamizar cultivos. Por mucho que sea el dinero que se ha
destinado a premios, cursos, salones, ayudas a la edición… esta
inversión no ha revertido en cosechas que prosperen en el tiempo.
Incluso las Comunidades Autónomas que, con la venia de gestores
culturales, académicos, periodistas, especialistas, blogueros y demás
cuentacuentos, se han empeñado en alcanzar una denominación de
origen propia, han terminado por tirar al traste el libro-álbum local.
(Puerta​ ​Leisse​ ​2017:​ ​67).

Los hechos se han opuesto a las historias cuando precisamente los relatos están llenos de hechos, pero estos hechos no mutilados sí son habitables; la palabra cobra vida. Estas publicaciones trabajan la memoria, la imaginación, para que las realidades de tantas personas que se están moviendo se nos queden muy dentro de nosotros. Recuerdo estas palabras citadas en la charla de Boisha con Moure (15): “Un beso, solamente un beso separa los labios de África de la boca de Europa”, charla que resuena en mi cabeza y que comparto con amigos. Son revistas que sienten cosas, vivas, que tienen una razón de existir, un motivo esencial por el que publicar cada nuevo número; porque si no lo hicieran ellas, ¿quién nos contaría tantas​ ​hermosuras​ ​que​ ​están​ ​existiendo​ ​en​ ​el​ ​mundo​ ​y​ ​que​ ​existieron​ ​en​ ​nosotros?

 

Un recorrido por todos los temas de la realidad​ ​en​ ​estas​ ​revistas

Considero necesario ya al final de esta reflexión mostrar cómo ​Peonza​, ​Babar y CLIJ tratan —desde las gafas de la LIJ— ampliamente todos los temas de la sociedad. Para dejar claro que cuando se trabaja periodísticamente con la belleza de la palabra no se deja de lado la realidad del mundo. Estas revistas simplemente​ ​plantean​ ​otra​ ​manera​ ​de​ ​mirar.

Muchos premios desfilan por las páginas digitales de ​Babar como el Premio Alma 2017 a Wolf Erlbruch (​Babar​, 2017) donde no se limitan a mencionar el premio, sino que se habla del artista que hay detrás, con obras cumbre donde este​ ​aborda​ ​la​ ​muerte​ ​de​ ​manera​ ​poética.

Encontramos la sinopsis de ​La pequeña inuk donde informarnos de que este libro nos muestra la vida de los inuit. Nos enteramos en la reseña de que las palabras anorak, parka o kayak proceden de esta cultura y de que en este libro podremos conocer las costumbres, la fauna, la vivienda de la comunidad a la que pertenece​ ​la​ ​niña​ ​Annapok​ ​(Martínez-Conde​ ​104).

Podemos saber, por otro lado, de la situación de las bibliotecas: “Y mientras tanto, se iban recortando gastos en bibliotecas públicas (de 1,5 euros por habitante a 0,6 euros en el capítulo de adquisiciones), disminuía el número de estas (234 menos entre 2010 y 2014), se rescindían contratos de personal y se estrechaban​ ​horarios​ ​(…)”​ ​(​Peonza​​ ​2017:​ ​2).
Pero tampoco se escapan las violencias de género en el artículo “Mal amor. Poesía contra la violencia machista” [Vacas 2016: 33] donde se nos habla de esta lacra social que tiene que ver con el patriarcado y que comienza ya en la adolescencia. Se nos cuenta cómo los alumnos de un Instituto de España junto con sus profesores llevan a cabo el libro ​Haikus del mal amor​; un ejemplo: “Sobre​ ​la​ ​nieve/cada​ ​vez​ ​van​ ​cayendo/más​ ​bayas​ ​rojas”.

En el artículo “A la orilla del bosque” ​nos informamos sobre el ilustrador ruso Bilibin. A través de las ilustraciones seleccionadas para el artículo podemos apreciar un trabajo donde aparecen bosques milenarios llenos de poderío. Podemos acceder a conocer a un autor ruso de finales del siglo XIX: “(…) exuberante y fecunda, desordenada y silvestre, anárquica, la vida vegetal germina​ ​con​ ​fuerza”​ ​(Polanco​ ​2016:​ ​84).

Mariano Coronas Cabrero, maestro y bibliotecario escolar, propone trabajos posibles​ ​para​ ​comprender​ ​la​ ​migración​ ​y​ ​hacerla​ ​familiar​ ​en​ ​el​ ​aula​ ​(2015:​ ​35)

En ​CLIJ es posible saber sobre la II República, la etapa franquista, la transición democrática, la actualidad con artículos como “Censura y literatura infantil y juvenil” (Sanz 2017: 38), “Historia de los bibliobuses en España” (Soto, 2016, 28) o “App Bibliobuses de León” (Soto 2016: 42). Podemos adentrarnos en temas de diversidad sexual con “LIJ y diversidad sexual LGTBI en la formación de maestros” (Aguilar, 2017, 6), así como conocer asuntos de política actual como​ ​es​ ​el​ ​Plan​ ​Valenciano​ ​de​ ​Fomento​ ​del​ ​Libro​ ​y​ ​la​ ​Lectura.

Los lectores pueden ir a informarse a otros espacios, leer crónicas, viajes, libros, y también revistas o periódicos de periodismo narrativo y no por ello estarán informándose de una manera menos objetiva, sí más ​real​, más en relación a la esencia del ser humano; más reflexivamente, apropiándose de los textos (Petit 2015a). Unos espacios periodísticos cercanos al sueño15. Es posible un periodismo narrativo capaz de mostrar realidades desde la palabra, capaz de igualarse al lector y de intercambiar experiencias con él. No todo pasa por el realismo​ ​político​.

Conclusiones

He querido separar para el título de esta reflexión las palabras animales y poéticos; como dice Michèle Petit: “somos animales poéticos” (2015b). Porque me da la impresión de que solo resuena en la crítica o en la verdad de esta expresión la última palabra, lo de poéticos. Somos esto, poéticos y animales; y  no nos comportamos de manera poética. El lenguaje mediático sociabiliza al niño en nuestros días, lo superficializa con vacíos e inconexiones limitando lo que podemos ser, lo llena de faltas de ortografía y faltas de pensamiento crítico, y este es gran causante de la pérdida de la capacidad de narrar. Junto al despojo de las narraciones está el abandono del hábitat natural; no somos ya ni poéticos pero tampoco animales. Las personas se ofenden cuando se les dice que son animales, al igual que se ofenden cuando escuchan que la forma de hablar de la familia del pueblo es rica; porque tiene historias, aromas, recuerdos, palabras retenidas en el tiempo que representaron vidas apegadas a una tierra. Tampoco este periodismo global se siente animal y con frecuencia cubren temas medioambientales con la mayor de las ignorancias y reducciones. No habitamos lugares desprovistos de vida; es por ello que creo que habitar el mundo tiene que ver con habitar el bosque. No creo posible que el ser humano pueda habitar algo dándole la espalda a la naturaleza, porque en definitiva somos naturaleza, porque en definitiva vivimos de lo que ella nos ofrece. Es por esto que considero que las palabras nos ayudan a curarnos desde su capacidad de ser raíces, de ser lluvia, de ser alimento, nos dan el escenario en el que habitar el mundo. La poesía es el ser humano pero dentro del ecosistema, al igual que la abeja produce miel. Creo, después de esta exploración, que Peonza, Babar y CLIJ difunden creación alrededor de la literatura a través de un tono de voz que nunca olvida memorias y que no nos sitúa en espacios inhabitables, inestables, plastificados, desdibujados, sino al contrario en lugares-páginas de sosiego, arraigadas​ ​a​ ​lo​ ​invisible,​ ​al​ ​paso​ ​lento​ ​de​ ​los​ ​paisajes.

el ilustrado por María Hergueta

Como ocurre en el álbum ilustrado escrito por Esther Tusquets La conejita Marcela (2011) a veces se trata de dónde miramos. Creo que mientras el mundo se llena de basura por algunos lados, hay otro mundo que reclama ser escuchado donde la función de los cuenta historias es fundamental. Me parece importante defender un periodismo narrativo no controlado por la mano de la objetividad. Un periodismo incluso artístico, un periodismo revolucionario capaz de ilusionar a lectores que puedan sentir el motivo de la vida, desde lo pequeño (Duch 2017), desde el silencio necesario, el pasar de un arroyo por las puertas de las casas de piedra. Quiero finalizar con la voz de Eduardo Galeano, que me ha informado contándome tantas cosas: “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”​ ​(2012).

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