Ciruela Un libro entrañable

Hace un porrón de tiempo que no publico nada. Últimamente he estado releyendo Ciruela y María y yo. Tengo ganas de leer así tipo el día a día de las personas en forma de algo parecido a la novela gráfica. Ambos libros tienen punto en común en ese aspecto. Ambos también destilan humor y una mirada simpática hacia la vida. El humor de Ciruela es más inglés mientras que María y yo está hecho por un autor catalán. Ambos tienen también tintes de autobiografía.

En ocasiones es complicado sacar tiempo para leer cuando tu tiempo de descanso lo llena una cosa llamada televisión, y te dejas llevar por el descanso del sofá frente a la tele. Pues bien, a mí me pasa que cuando me encuentro descansado ojeando un libro, muchas veces sin leer nada, cuando encuentro el ocio entre las páginas de un libro es cuando mejor me siento. Reconozco que a veces se me olvida y me da más pereza ponerme a ello, pero cuando estoy ahí con mi tiempo libre dispuesta ante un libro siempre pienso lo típico de “esta sensación y esto es lo que yo quería hacer, sí”. Me encanta. Me lo paso genial.

Ciruela es un libro entrañable. Está escrito e ilustrado por Emma Chichester Clark y es ella misma protagonista o más bien la dueña de la protagonista, de Ciruela, que es su perra.  En este libro no pasa nada en concreto y sencillamente es el discurrir de los días en forma de diario lo que pasa. Notas el pasar de las estaciones, del tiempo y cómo siente Ciruela la vida, lo que es para ella, que al final es muy parecido a la vida humana. Siente amor, celos, se enfada, está feliz cuando está a gusto. Tiene sus rutinas y sabe con quién le gusta estar y las cosas que le gusta hacer que son muy suyas. Es una perra que tiene muchas amistades tanto humanas como perrunas y que se ve tiene una dueña que la adora y esto lo respiran los lectores. Su familia es muy normal, como otra cualquiera, y su vida es como cualquier otra; pero aún así, su historia merece ser contada y me consta que tiene muchos seguidores en Inglaterra. 

La voz propia que consigue poner a Ciruela la autora es perfecta. Es verdaderamente un diario de la perra porque no dudas ni por un momento que es ella la que de verdad, pero de verdad lo está contando todo. Se ve que la conexión de la autora con la perra es enorme, que la conoce muy bien. Yo no tengo perros pero realmente tampoco hace falta, ni ser siquiera un amante de estos para disfrutar del libro porque al final Ciruela es cualquiera de nosotros, cualquier ser vivo, animal sintiente y no es ni siquiera que se la humanice sino que todos nos igualamos como animales y reconocemos que sabemos lo que nos hace feliz y entendemos el discurrir de los días, lo que vamos a hacer, lo que nos gusta comer, lo que no. En fin. A veces los seres humanos también nos complicamos mucho cuando es la vida de una perra la que nos saca una sonrisa y con la que nos sentimos identificados.

Si te gusta el dibujo rápido, de viñeta, y las conversaciones frescas, vivaces y la personalidad de la protagonista que te hará reír con sus expresiones, sus conflictos, sus tareas sin ser un libro de humor entonces yo creo que te gustará mucho este libro editado por Impedimenta. Sus caras, sus fobias y filias, su manera de ser que capta muy bien ese carácter perruno, que cada animal tiene el suyo. Todo está concentrado en este libro que es un canto de amor a Ciruela, sin ninguna duda. Ese amor que tenemos hacia aquellos seres que amamos y que cuando eres dibujante, artista se puede traducir en encontrar tu inspiración en el de al lado, observarle y querer contar al mundo lo maravilloso que es ese de al lado. En todas las ocasiones he dicho “la dueña” que me suena mal en su significado pero no he encontrado otra palabra mejor para explicar quién es Emma, pero espero que me entendáis, sin ser partidaria de que nadie sea dueño de nadie.

Secreto de familia

Secreto de familia  es un álbum ilustrado y escrito por Isol que la verdad es que no recuerdo en qué librería me lo compré. Es una incógnita.  Podéis mirar de toda formas en los catálogos online de librerías. Algunos de ellos tienen mucho fondo y podéis, si no lo veis disponible o si veis que no lo tienen, pedirlo. Ahora mismo la mayor parte de las librerías te ponen muchas facilidades para que hagas pedidos, les preguntes… eso sí,  siempre  empatizando con el librero y procurando no escribirle a horas en las que ni está trabajando, por la noche… Pero ellos nos facilitan el correo de la librería, teléfono donde muchas veces está incluido el whatsapp, como decía, y esto facilita enormemente las cosas. Y esto es un servicio que no dan las grandes cadenas. Así que no tenéis excusas para comprar en librerías de barrio.

Por otro lado, en las bibliotecas también podéis buscar en sus catálogos por el título Secreto de familia. Y en las biblios de mi ciudad, que es Madrid, lo podéis encontrar. Os dejo el link al registro bibliográfico aquí. En la pestaña de ejemplares podéis ver en qué bibliotecas exactamente está este libro de Secreto de familia. Y si no se encuentra en la vuestra habitual puedes emplear el préstamo intercentros que básicamente lo que hace es que podamos pedir en nuestra biblioteca materiales que estén en otras de Madrid. Solicitamos ese libro y nos lo traen a la biblioteca habitual nuestra. De la misma manera, al devolverlo lo dejamos y ya los bibliotecarios lo envían a la coleción de la biblioteca a la que pertenece. Esto facilita mucho las cosas a los usuarios. Así que si estas lleno de libros en casa o prefieres leerlo antes de quizás comprarlo puede visitar la biblioteca.

Os cuento de qué va un poquito el libro de Secreto de familia. Si os gustan las historias de humor, este es tu libro. Es una historia ingeniosa, divertida, inteligente, con ironía y, por tanto, con muchas capas de lectura. La protagonista, una niña, ha descubierto un secreto de su familia y es que realmente su madre es un puercoespín. Lo ha podido comprobar un día por la mañana al verla en la cocina. Lo que tiene es unos pelos de recién levantada pero ella, acostumbrada a verla peinada, arreglada, no la reconoce y cree haber descubierto un gran secreto y está en estado de estupefacción. Hay escenas muy divertidas en el libro, pensamientos de la protagonista muy frescos y cómicos y conversaciones muy irónicas donde el lector puede comprender con una sonrisa el “error” en el que está la niña. Hay un momento en el que ella se mira al espejo en el baño por la mañana y se confiesa así misma que ella también es bastante puercoespín. Que le pasan cosas como a las de su madre y desea poderlo remediar con los potingues y trucos que tiene su madre por el servicio.

Un día va a dormir a casa de una amiga suya…

Ha llovido un poquito desde la publicación de este libro en 2003 y la verdad es que mí me gusta mucho Isol y sí se notan sus cambios desde sus primores libros a los que publica actualmente. Tiene maravillas como el libro de El menino. Aquí podéis ver todos sus libros publicados. Y os dejo un vídeo de ella donde podéis conocerla mejor y su proceso creativo.

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Mis librerías favoritas de Madrid Te invito a comprar en librerías pequeñas que también hacen descuentos y tienen tienda online

Quería hablaros en este post de mis librerías favoritas de Madrid. Y me encantaría que, después de leerlo, os pudierais motivar si es que no lo estáis con la idea de visitar este tipo de librería y comprar en estos espacios en lugar de la venta por Internet o de la grandes cadenas.

No voy a hablar de grandes librerías que pudieran gustarme, que las hay, sino de proyectos pequeños, originales, especiales, llevados por personas con oficio. Proyectos que para mí fomentan la reflexión y no solo el consumismo -suelo dudar del interés de las grandes cadenas por la LIJ de calidad, los libros editados de una manera más respetuosa con los procesos del libro- y que ya estaban cuando otros vieron un filón para vender.

Es bien sabido que desde hace un tiempo, el comercio de las librerías independientes no está en su mejor momento. Por otro lado, no sé si lo ha estado en algún tiempo en España pero sí que es verdad que al menos en la actualidad mantener una librería independiente es muy difícil, por no decir que otras están cerrando. Por qué. Pues porque y aquí voy al tema de este artículo: mucha gente no compra en estas tiendas. Hay muchos motivos más, como el margen del libro para el librero que es muy pequeño, el querer mantener la calidad que no siempre se corresponde con las ventas, pero quizás hablaré de ellos en otro artículo. Me interesa la idea de que la mayor parte de la gente está a favor de que existan librerías en sus barrios pero después prefiere la inmediatez de Amazon.

Quizás puede ser porque las desconozcan así que aquí te hablo de ellas. Claramente te diré que las librerías que yo frecuento son especializadas en LIJ o trabajan muy bien estos libros.

En primer lugar, Panta Rhei. En esta librería conocí hace unos meses a Elena Odriozola, una de mis dibujantes preferidas. Ella fue a presentar, dentro del contexto de la semana del Álbum su libro En el bosque (ilustrado por ella de un texto de Ana María Matute). Las seguíamos desde hace unos cuantos años, incluso aquí en el blog le habíamos hecho una entrevista pero no teníamos el gusto de conocerla en persona. Nos llevamos el libro firmado por ella y pasamos una tarde muy agradable, creo recordar de lluvia. 

Panta Rhei me gusta porque tiene libros ilustrados carentes de los apellidos de literatura infantil y juvenil. Es verdad que al fondo tiene una sección específica de LIJ pero creo que nunca me he acercado. Me interesa de esta librería encontrar libros de esos para todas las edades. Uno de ello para mí es Harvey. Un libro que compré en Panta Rhei y que recuerdo encontrar así, rebuscando por las estanterías, sin fijarme en secciones, ni nada de nada, simplemente observando lomos de libros procurando intuir cuáles de ellos podrían merecer ser sacados con los deditos ilusionados de la muchedumbre de libros y visto más de cerca.

Y tampoco se me olvida el libro de Liniers El globo rojo en la lluvia. Ese encuentro fue fabuloso y aunque lo recuerdo más vagamente sí que sé me enamoré de Liniers desde ese momento. Como ves, lo que más me gusta de las librerías es encontrar historias que si tienen polvo o nadie antes ha prestado atención para mí no son problemas; me gusta descubrir y que el alma de la librería sea inteligente y tenga capas que mostrarme. Ni qué decir tiene lo que significa para mí esta historia… Te enlazo la reseña que hice del libro por si quieres conocerlo mejor.

Traficantes de sueños Esta es una librería donde voy menos predispuesta a encontrarme sorpresas, no obstante, admiro la función que hacen y además no puedo estar más en sintonía con el feminismo y el ecologismo que difunden en sus libros. En su sección de LIJ puedes encontrarte libros que han pasado el filtro y están abiertamente en contra de los estereotipos de géneros, visibilizando familias diversas, a la mujeres, a la niña y mostrando a través de estos libros una sociedad más de cuidados, donde la regla pues no sea como un tabú, donde tu identidad sexual pueda ser libre y no predeterminada, y muchos otros temas necesarios y de actualidad. En esta librería he comprado libros como El tesoro de Lilith pero también saliendo de la sección de LIJ especialmente me he interesado por libros del llamado ecofeminismo.

Venir a cuento: Es una librería en Lavapiés a la cual veo de lo más natural. Cuando voy siento que son los libros los que verdaderamente se ponen en valor. No tiene grandes parafernalias y siempre que he ido las personas que me han atendido han sido encantadoras. El dueño además tiene una editorial que se llama Recalcitrantes. Lavapiés es un barrio al que tengo mucho cariño de mi posadolesencia y siempre que voy no puedo evitar ponerme algo nostálgica.

Mar de letras

Quizás es la primera librería que recomendaría para unas visitas a Madrid porque tiene en añadido que está en uno de los barrios que más me gustan de mi ciudad, por la zona del barrio medieval. Es una librería pequeñaja sin ventanas y todo lleno de libros, con dos plantas repletas, como una especie de cueva de colores. De esta librería tenemos dos libros, Duermevela y La reina de los colores.

Tres rosas amarillas: 

Coincidí con ellos en la Feria del libro del año pasado pared con pared, pero ya mucho antes de esto esta librería había sido una de las más visitados por mí. Y lo sigue siendo. No es donde más compro, esto también es verdad, pero me encanta ir; y también compro sin duda alguna. Me gusta porque entras allí y no ves a nadie que te diga si necesitas ayuda, de hecho casi no ves a nadie, solamente a las personas visitantes que ojean la librería. Eso sí, si te asomas al mostrador podrás ver a algunos hombrecillos medio escondidos troquelando papeles. Es oscura y minúscula y está repleta de libros de Pop-up, teatrillos. Además está en frente de una cafetería muy agradable que se llama Lolina.

La Fabulosa: Es esta una librería que lleva poquito pero su creadora, Ana Garralón, lleva toda una vida en esto que llamamos literatura infantil y juvenil, y para mí es toda una gurú en este campo. Ha traducido libros, el último del que me enteré fue el otro día del libro Y esto, ¿qué es? ilustrado por mi amado Erlbruch y editado por Libros del zorro rojo. 

Tiene un blog que si te interesa este campo no debes olvidarte de seguir habitualmente, y bueno, ha impartido clases en máster, cursos creados por ella, radio; y se encuentra muy en conexión con Latinoamerica y con los llamados libros informativos. La Fabulosa tiene un fondo especializado en editoriales latinoamericanas y es un lugar perfecto para encontrar: maravillas. Además muchas de estas historias no es fácil poderlas conseguir en España porque no se distribuyen por aquí, con lo cual es un punto de encuentro fabuloso. De esta librería es mi libro Nosotros de Paloma Valdivia. Y otro, Ladrón del fuego.

Tengo que decir que aquí he escogido algunas de las que más aprecio, pero hay más, entre ellas Jarcha. En algún otro momento hablaré de librerías de barrios periféricos. Publico este post en el día del libro (: Y aprovecho para recomendaros nuevamente (y con descuentos), librerías de lo pequeño y de lo secreto donde suele haber más historias verdaderas.

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‘La gota gorda’ Un álbum ilustrado por Patricia Metola

Tengo La gota gorda desde hace unos años. El otro día volví a leerlo -tengo por costumbre últimamente leer un álbum ilustrado en la cama antes de irme a dormir- y me produjo unas sensaciones similares a la primera vez que lo leí. Eso me parece significativo porque hay algunos libros, es verdad que los menos, por los que sí veo que pasa el tiempo; igual porque yo he cambiado, y si antes los escogí por un motivo ahora este parece desvanecerse.

Patricia Metola es una ilustradora que consigue decirme algo. Quizás plásticamente haya otros muchos autores que la superen pero a mí su trabajo me parece que tiene emoción, tiene alma. Y lo mismo hay otros con una técnica asombrosa que no consiguen modificar mi estado de ánimo o despertar sensaciones. Por ello, quizás estos grandes autores que dibujan tan bien están hechos para el gran público que busca calidad en bruto y aquellos que tienen una pequeña verdad que contar quizás no están hechos para la masa sino para ciertas personas a las que consiguen aportar mucho, aquellos que conseguimos encontrarlos y encontrarnos en ellos. Y eso -aunque quizás a ellos no les de las venta que les gustaría-, el hecho de que se mantengan desconocidos -o que no den ese salto tan comercial, tan de moda- para muchos también les da ese carácter especial.

Debo reconocer, aunque creo que después de tantos artículos ya más o menos se sabe, que no me gustan gran parte de los libros, álbumes que se hacen actualmente y que están tan de moda (y no estoy diciendo que me gustaran más los de antes); me gustan las historias que tienen profundidad y está claro que a los niños y niñas les gusta divertirse pero en ocasiones, incluso en aquellos álbumes pues un poco mejores que buscan ese humor, lo que al niño le prevalece es una historia medio boba como si además tuviera que estar de broma en broma todo el tiempo. Con un montón de colorines y una fiesta constante. No creo que porque sean niños deban leer todo el rato cositas de humor.

Yo sé que esta es mi opinión, no tengo hijos (mucha gente me ha comentado que bueno que cuando tenga niños si los tengo ya cambiaré), y en mi experiencia como librera estaba muy condicionada por lo que había ya en la librería y no he tenido tanto la oportunidad de saber qué les parecen a los niños pues historias como La gota gorda, más lentas, contemplativas. Aunque sí he visto niños de unos ocho años que ya no tenían ninguna motivación por estar en la librería porque les parecía de cosas para pequeños. Y yo creo que en parte es por esa sensación superficial de fiesta constante y caritas sonrientes. Pero, como digo, es mi manera de pensar hasta el momento. No me gusta nada cuando veo el rol padres en modo textos e ilustraciones de moda, “que hacen reír” (cuando yo creo que a ellos, a los padres, para nada les hace reír eso y ni ellos mismos leerían esos libros) y que eso es lo que se considera para los niños, las niñas. Es que me parece tan normal que gran parte de los niños y niñas no quieran leer. Yo es que gran parte de estos libros no me los quiero leer. ¿Y por qué ellos van a querer? Y luego también nos sorprendemos de que de adolescentes lo dejen. Bueno, es que lo que necesitan es conocer de verdad la literatura y eso les lleva un tiempo (quienes se hacen lectores) porque lo que habían hecho hasta ese momento no les parece lectura. Es como si fuesen cosas diferentes en lugar de todo una misma cosa.

Y dejan atrás ese mundo de rosa para coger libros de verdad muy lejos de esos espacios; seguramente en la FNAC, porque no tengan otros referentes, en su habitación, en lugares donde se sientan como ellos desean, diversos y tratados como una persona más. Dejan de ver la pequeña librería donde les llevaban sus padres como un lugar interesante para ir a otros espacios que les parecen más difíciles de descifrar, secretos, que despiertan lo desconocido, lo prohibido, lo que se aleja de los mandamientos de los padres.

La gota gorda está editado por SM y está escrito por Juan Villoro (antes de ser hecho en forma de álbum la historia fue publicada en la colección El barco de vapor) y es la historia de un padre muy grande, gigante, y una hija que parece diminuta a su lado, como todo el resto de habitantes del pueblo donde viven; y la niña quiere ver el mar pero su padre le dice que es complicado un hospedaje para un gigante. La historia es entrañable pero, por lo menos en mi opinión, no es boba ni superficial, como hay tantas. En ella se indaga en el vínculo tan fuerte que se crea entre un padre y un hijo (en este caso una niña que se llama Mini María). Y como, yo que soy hija de un padre maravilloso (como tantas personas), cuando recuerdas especialmente lo haces con esa mezcla de nostalgia y felicidades: los veranos en el pueblo, yendo con mi padre al colegio, volviendo con él, en tanto viajes… Y eso tiene esta historia, por otro lado, a ello ayuda la ilustración ya que otros libros que he leído ilustrados por Patricia Metola también tienen ese tono tierno y profundo. Uno de mis libros más queridos es Piara, ilustrado por ella y donde se pueden ver puntos en conexión. Para no repetirme mucho puedes leer la reseña que hice sobre este libro editado por Narval.

Mini María es una niña muy curiosa y despierta, con mucha energía que desea conocer aquello desconocido, en este caso el mar. Su padre, como es tan alto, puede verlo; y el nombre del libro tiene que ver con la solución… Por otro lado, el padre de Mini María, Max Máximus no por ser gigante deja de tener los problemas de cualquier se humano pero en ocasiones se siente incomprendido; no hay nadie como él y a las demás personas del pueblo les cuesta pensar que él también se pone triste y tiene todas las emociones que puedan sentir sus paisanos. Una de las cosas que más le gusta a la niña es estar con su padre, ir a pasear con él bajo su sombra, donde se está muy fresquita. Y Max Máximus también piensa en otro lugares donde pueda haber gente como él, pero después se acuerda de los feliz que es en el pueblo, con su familia, sus amigos, y no quiere estar en otro lado. Como pasa en Piara es una historia enclavada en el mundo rural, en la vida en los pueblos, en los pueblos vivos.

Toda está dentro de nosotros mismos, la felicidad no es necesariamente ir más y más lejos sino apreciar lo que se tiene. Y podemos sentirnos diferentes muchas veces pero no es preciso huir buscando un lugar mejor porque en ese lugar no estará esa comprensión que imaginamos necesariamente, sino que nuestros miedos viajaran con nosotros también. Desde las diferencias podemos crear lazos muy fuertes y complementarnos; pero la comunidad la formamos todos juntos.

 

 

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Lo que es para mí una biblioteca Mi vida siendo opositora (:

Quería contarte que desde hace unos meses he escogido el camino que creo que me faltaba encontrar. Sé que será largo o más bien tengo que aprender a saber que así será pero estoy contenta porque cuando encuentras un propósito este te ayuda a ser mejor persona. Lo voy a decir ya: estoy estudiando oposiciones para ser bibliotecaria, para trabajar en una biblioteca. Creo, y siempre me ha pasado y es sin ánimo de sobrevalorarme, que siempre he tenido una visión, un punto diferente a la masa (así se nos puede denominar) y en la mayor parte de mi vida la he expresado porque tenía la necesidad de hacerlo: más veces me sentía en desacuerdo a muchos debates que de acuerdo y cuando he contado mis ideas creo que también en la mayoría de los casos han sido recibidas con interés y esto también te da más seguridad en que lo que tú piensas no sale de la nada. Porque claramente hay mucha gente que se siente como yo. No me han gustada nunca las etiquetas y el pertenecer a un grupo ciegamente. Me ha gustado estar con gente con la que me he sentido cómoda sin buscar un por qué y sin esperar que tuviera ningún tipo de estatus social, me he sentido fuerte siendo yo con gente muy diversa, porque he visto alegría, bondad, luz en sus ojos, ganas de ser, de desear lo mejor al resto, risas locas, absurdas e inocentes. Y no he sido friki y no he sido popular y he tenido la suerte de tener una infancia feliz, una adolescencia motivante y una juventud pletórica, la verdad.

En la Universidad sentía diferencias de opinión con los compañeros y compañeras cuando decían algo y la mayoría iban en esa línea y yo tenía la necesidad de hablar porque quería aportar algo que sentía que no se estaba diciendo. Esa necesidad me impulsa y me da ilusión; también es verdad que cuando siento que no la estoy expresando me frustra. En cualquier caso hoy quería escribirte de lo que es para mí una biblioteca. Que no me he puesto a a estudiar esta oposición para ver si consigo un trabajo, ni siquiera porque me guste un poco, sino porque encuentro que estar en un biblioteca es algo para lo que estoy predestinada. Y nunca he trabajado en una pero así lo siento.

Primeramente porque las bibliotecas son espacios donde pueden entrar todas las personas, donde además no hay intercambio de dinero para conseguir cosas, donde se pone en el centro uno de los tesoros de la humanidad como es la comunidad a través de la palabra. Donde a nadie se le pide militar en nada para entrar a una biblioteca y sí un respeto hacia los demás teniendo en cuenta la diversidad de la sociedad, siempre moviéndonos sabiendo que hay personas muy diversas y que todas, repito todas, deben sentirse bien en el espacio. Es un lugar antítesis de la fragmentación social en guetos y a favor del encuentro para la charla entre personas que opinen diferente. Porque esto último me parece fundamental.  Y me lo parece precisamente para lograr mis propios intereses: si no encontramos lugares comunes difícilmente el que detesta lo que yo defiendo va a poder comprenderme e igual cambiar de opinión. Estamos en un momento en el que cada cual se define con una etiqueta y  jamás se sentaría con cualquier persona que fuera diferente a ella misma, su manera de vestir, hablar, pensar… Pero es entonces cuando es más difícil que toda la sociedad se beneficie de tus ideas interesantes, porque no se va a conseguir ser escuchado más allá, porque se generaran clichés sobre los otros, estereotipos, prejuicios que harán que cada guetos se aísle más en sí mismo y cada cual consiga todavía menos lo que desea.

Mi manera de pensar es precisamente que mediante la naturalidad de las personas, su capacidad de amar, de respetarse, de estar dispuesta a escuchar (e igual cambiar de opinión sin que se le caigan los anillos) es como seremos seres puros, felices, verdaderos que podamos vivir con el sentido común porque saldrá solo, que es en armonía con los demás, con el resto de la naturaleza… sin envidias, comparaciones, frustraciones, odios… Esta es para mí la manera de ser más revolucionaria la que une a la gente por su fortaleza vital y por ser feliz sin complejos, que cambiaría radicalmente la sociedad en la que nos movemos. Y sin meterme en consideraciones más profundas con la forma de organización entre los seres humanos que a mí más me gustaría… Creo que el concepto de biblioteca pública tiene en su mano ser un lugar para poder ser un punto de luz que inspire comunidades menos divididas, más humanas. Y que esta debe ser su razón de ser. Y así, esas personas injustas, insolidarias pueden tener oportunidad de cambiar. Que la mayoría seamos dialogantes, que esa idea de mucha gente junta no sea solamente la de cultura de masas, la del consumismo, la de la virtualidad.

Una biblioteca no es solamente una sala de lectura, ni siquiera un lugar lleno de libros. A lo largo de la historia ha podido ser esto último pero ahora no son ellas solamente quienes guardan libros que ofrecer a los demás y por lo tanto deben adaptarse a las personas de cada momento histórico. Para mí ahora deben ser lugares donde se muevan las ideas, el conocimiento: la palabra. Porque así nacieron las bibliotecas, como lugares que guardaban la historia, las historias, la memoria pero ahora esta no está únicamente en los libros y tampoco está solamente en los libros en papel. Debe ser una especie de segunda casa donde poder encontrar ocio, planes, cobijo de la lluvia y que no tengas que tener más o menos dinero o determinada ropa para poder sentirte bienvenida. Porque en un momento donde quién no tiene móvil, ordenador en su casa o puede comprar libros a un click, es precisamente cuando se pone más en valor el contacto físico. Lugares acogedores que ser incluso una primera casa para algunas personas, que ser el lugar donde poder concentrarse para otras, donde resguardarse del frío, poder leer el periódico, navegar por Internet, aprender algo nuevo, escuchar un cuentacuentos, ver una exposición, sentirse dentro de algo, proponer charlas, incluso bailar. Contar tus penas, estar triste, pedir ayuda. Ser como quieras ser. Donde poderte sentar horas y horas, sin prisa, donde poder entrar siendo cojo, diestro o verde. ¿Acaso estos lugares no son necesarios? En fin, solamente así pienso que las bibliotecas podrán sobrevivir, las públicas, las de todas las personas, porque son nuestras. Y solamente así me visualizo a mí siendo bibliotecaria, estando en un espacio con esta vocación, intentando hacer la vida de los demás más suave, con menos dificultades.

Las fotos son, respectivamente, de la Biblioteca de La Rioja en Logroño y de La Biblioteca de Eugenio Trías en el parque de El Retiro en Madrid.

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Turuletras, una librería en Villaverde Mi experiencia como librera

Me da la sensación de que esto que voy a decir ya lo he contado más veces, pero yo me muevo por impulsos (normalmente) y escribo lo que tengo ganas de contar y no lo que me parece que puede tener mayor SEO o posicionamiento web… Es verdad que procuro escribir entendiendo en qué medio lo hago.

Hoy me apetece comentaros que llevo ya un año y pocos meses trabajando en una librería de literatura infantil y juvenil y que todo lo que he aprendido, vivido, experimentado no lo cambio por nada. No voy a negar que yo iba con la idea de que sabía de este tema porque acababa de terminar un máster especializado en la materia y porque ya antes mi casa era un espacio lleno de libros que los niños y niñas seguro que disfrutarían, y porque había visitado mil veces ciertas librerías, ido a eventos, etc. Pero no sabía cómo funcionaba una librería, ni siquiera una, por dentro y ahora cuando veo que todo me sale solo, me doy cuenta de cómo aprendemos las personas y cómo pasa el tiempo y te sorprendes a ti misma haciendo lo que antes solo era un sueño.

A mí me han gustado los libros desde pequeña. Quizás ha influido la profesión de mi padre, profesor de primaria; pero yo siempre pienso que me ha acercado más a la lectura mi madre, simplemente haciéndome disfrutar con los libros, leyéndome, contándome. Yo creo que lo hacía todos los días. Por lo menos sé que tenía muchos libros, que me gustaba la poesía, que ahora mismo recuerdo muchos cuentos que mi madre me contaba de memoria… Todo esto sin duda fue determinante. Mi madre que trabajó en una guardería hasta que yo tenía dos años, una guardería donde mi padre era dueño aunque solamente pasaba por allí para ir a comer entre clase y clase del colegio. Todo esto se te queda dentro. Tiene que ser así. Cuando tenía unos ocho años escribí una poesía, la cual me sé de memoria. Recuerdo que mi padre me la escribió bien con su letra perfecta de profesor (yo la había escrito en un papel pero no sabía nada de escribir poesía, los versos, las rimas; la había hecho en mi cabeza más que en el papel) y que tanto mi madre como mi padre trataban con el mayor de los respetos ese texto y que parecía que les parecía la poesía más maravillosa del mundo. Quizás este cariño por unas cuentas palabras escritas por una niña me hizo valorar la palabra escrita, y siempre la valoré, siempre leo entre líneas, me encanta escuchar también a las personas que saben explicar cosas bonitas… Creo, como entonces ahora pienso que creían mis padres, que las palabras son muy valiosas. Y también que lo son dichas por cualquier persona, no solo por adultos.

No me cambiaron nada de la poesía, se limitaron a hacerme sentir importante porque había hecho una poesía. Creo que a ello me influyó mucho un librito que tenía de Gloria Fuertes y que aún conservo. Me encantaba. En algún momento me atreveré a escribir este poemita, pero ahora prefiero guardármelo porque me parece muy personal.

El caso es que estudié periodismo (y comunicación audiovisual; juntas) y al lado de mi facultad en Vicálvaro resulta que había una librería (a apenas 5 minutos), que descubrí un día por casualidad (como estudiaba dentro de un barrio popular me gustaba salir de las paredes universitarias y pasear entre la gente e ir a alguna cafetería de fuera; y la encontré): Jarcha. Ni más ni menos que Jarcha. Una librería que me gustaba visitar y donde recuerdo, todavía estudiando la carrera que me compré el libro Cuando el mundo era joven todavía. Por ahí empezó mi gusto por los espacios llenos de libros; me empecé a interesar mucho por la ilustración porque dibujar también es algo que he hecho desde pequeña y descubrí y descubrí. Y por supuesto ver a los libreros, tranquilos, hablando con los vecinos, me parecía la experiencia más maravillosa del mundo.

Tampoco os quiero aburrir con esta historia de saltos y resúmenes pero quería contaros cómo he llegado de alguna manera a estar en esta librería y cómo este año ha supuesto eso, la culminación de algo para lo que creo que estaba destinada. Me he saltado toda la adolescencia (además de mil cosas más) pero diré algo de aquella época, leía libros profundos, importantes y en los límites de la edad y lejos de nada, me reconfortaban, me hacían sentir bien. Recuerdo a Wilt, a Madame Bobary, La insorportable levedad del ser. Soy mala para los nombres. Especialmente recuerdo casa porque por aquel entonces no salíamos tanto fuera, éramos pequeños, como quedábamos en casas para hacer algún trabajo. Y recuerdo una casa que sé que tengo marcada y es la de mi amigo Dani. Repleta de libros, de películas, desordenada y hogareña. Ahora sé que ese espacio que era familiar en mi vida adolescente también me impulsó a sentirme feliz entre libros.

Cuando hice la entrevista para trabajar en la librería estaba recién apeada del tren que viene de Santander porque estaba con mi familia allí de vacaciones. Esto fue en agosto del año pasado.

Desde entonces ha habido muchos momentos, no todos buenos, pero creo que he hecho todo lo posible por dar lo mejor de mí a la gente que entra. He estado en una feria del libro y he vivido unas navidades entre libros viendo cómo las familias entraban para irse cargadas de libros (porque los Reyes o Papá Noel no siembre saben llegar). Y después de todos estos meses qué es con lo que más disfruto: cuando llegan libros que me interesan y los saco de las cajas, los toco y después de hacer la parte técnica para registrarlos en el ordenador los coloco. Creo que es con lo que más disfruto. Cuando tengo que meter albaranes de libros que me fascinan y tengo el privilegio de “poseer” ese libro. Es muy parecido a cuando lo veo en una librería pero en este caso tengo un primer diálogo con él más íntimo.

Y otro aspecto con el que disfruto es hablando de libros con la gente.

No voy a negar que ordenar los libros, limpiarlos, colocar lo que es una librería tampoco me disgusta nada; porque cuando la veo ordenada la veo armónica y creo que toda ella se vuelve una sola cosa que te invita a entrar. Otra cosa que me gustaría decir es que soy una persona despistada y desordenada pero siempre, desde niña, he cuidado con muchísimo cariño las cosas que tenía (muñecas, peluches que están nuevos) y también los libros. Entonces, soy desordenada pero para ciertas cosas porque no podría ver un libro tirado como quien dice, para mí se merece un gran respecto. Sé que puede ser polémico porque al final los libros están para usarse pero igual que no soy capaz de tirar al suelo nada por la calle, no sería capaz de sentir que estoy deteriorando un libro.

La librería Turuletras está en Villaverde, su metro más cercano es Ciudad de los Ángeles. Y si hay algo que destacaría de ella es la valentía (porque es así) de su dueña. Porque abrir una librería (y no digo papelería librería, digo librería) en un barrio como donde está Turuletras tiene detrás mucho coraje, pienso. No porque la gente humilde no lea y todas estas cosas, sino porque desgraciadamente no existe una librería en cada barrio… Por qué. No sé. Creo que sería un debate muy extenso. Y porque atreverte a hacerlo sin referencias y sabiendo que las que están lo están por el centro, es atrevido y es de agradecer también. Sin duda pasear por un barrio popular como Villaverde, Carabanchel, Barrio del Pilar, Vicálvaro y encontrarte un rinconcito cálido lleno de libros donde entrar poder llevarte una lectura, charlar un rato, es algo único, necesario, pero a veces olvidado. Inexistente.

Las librerías no deberían quedar como parte de las cosa museos de moda que solo están en el centro de las ciudades (no olvido que el centro también tiene barrios), deberían ser de los vecinos y vecinas de toda la vida, donde no llegan los turistas ni las personas del extraradio. Un lugar de descanso, de tranquilidad, de encuentro, donde crear recuerdos, pasado, presente. Por ello, espero que Turuletras esté abierta mucho mucho tiempo.

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10 libros que quiero tener en mi biblioteca y que me apunto en la lista de deseos

Nunca sé si para referirme a los libros de mi casa quiero decir biblioteca o librería. A veces me sale decir librería y otras veces biblioteca. Ahora me apetece decir biblioteca; al final son libros que pocos salen de casa y los que salen suelen ser de préstamo, de vuelta. Quiero hablar en esta entrada de esa selección que yo misma hago para ir sabiendo qué libros comprar. Muchas veces veo algún libro que quiero recordar para poderlo tener y que no puedo comprar en ese momento; y aquí os muestro mi lista, que quizás te resulte interesante ya que puedes encontrar algún libro que también desees apuntarte. Lo peor de todo es que un día del mes de mayo me hice un lista con todos esos libros y resulta que ahora no la encuentro por ningún lado; así que me toca volver casi empezar de cero ya que ahora me acuerdo de muy pocos, con lo cual no solamente me falta el papel sino que tengo que volver a hacer el ejercicio investigar, recordar, pensar. Pero yo encantada, eso sí.

He seleccionado 10 libros, que igual son todos diferentes con respecto a la lista. Es infinito.

En primer lugar, un álbum ilustrado que estudié en el máster, Guji-Guji. Solamente por el hecho de ser recomendado en estos estudios que realicé, ya tiene un pase, porque aprendí tanto a darle esa dignidad a la literatura infantil y juvenil que sentía que cada vez que hablaban de un libro este debía ser una joya. En este caso se trataría de algo así como una versión del cuento del patito feo. Se trata de una mamá que cuida y quiere a un animal que es diferente a ella. Todo esto lo estoy diciendo de lo que recuerdo. Ninguno de los libros de esta lista los he leído. Los selecciono porque han sido recomendados por personas de las que me fui o editados por una editorial que me gusta o porque su portada me lanza señales o la sinopsis me cautiva; y también por un poco de todo.

Una ilustradora a la cual admiro mucho pero que no tengo ningún libro suyo en casa es Katty Crowther. Fue ganadora del premio Astrid Lindgren en 2010. En este caso, como segundo libro, quiero seleccionar El niño raíz. Este es un libro curioso, de esos que me gustan. Libros raros y me resultan todavía más interesantes cuando están cercanos al medio natural. Esa relación entre literatura y ecología me fascina. Tiene una bibliografía de lo más interesante esta autora con títulos como Mi amigo Juan, ¿Entonces?, ¡Scric scrac bibib blub!, Poka & Mina, El gnomo no duerme, Le grand désorde, Le petit homme et Dieu, Annie du lac

 

 

Postales para un año lo he seleccionado porque me resulta inspiradora la portada y Anna Castagnoli tiene una mirada también muy particular. Me cautivan los álbumes minimalistas con fondos sin apenas nada, creo que de esta manera se puede entender el marco en el que se mueve la historia, sus límites, la doble hoja de papel.

Editado también por A buen paso: Una historia verdadera. La ilustradora, Rocío Araya, consigue que me entren ganas de dibujar. Creo que te hace meterte en un mundo muy especial, lleno de memoria.

Una de las editoriales que más me gustan es Los cuatro azules. En este caso he seleccionado tres libros para apuntarme en la lista. Quisiera tener…, La historia de Noé y Algo con lo que nadie había contado. Me ha gustado la sinopsis sobre este último título que hace la editorial: “Una parábola sobre la vida rápida y deshumanizada que llevamos en la sociedad actual. Una niña se cae a un pozo profundo ante la vista de todos. Al principio todos intentarán salvarla pero con el paso de los días y ante la imposibilidad de lograrlo se olvidarán de ella. Un texto metafórico y literario para un libro emocionante, donde la ilustración aporta la atmósfera triste primero, y feliz después de la historia. Necesitamos que nos cuiden y tenemos la obligación de cuidar de los demás solo así podemos garantizarnos una vida verdaderamente humana”. Los cuatro azules, hasta lo que sé, es una editorial llevada por Antonio Ventura, todo un referente para mí en esto de la literatura infantil y juvenil. De la historia de Noé me gustaría decir que son una completa admiradora de Elena Odriozola y que solo buscando tener todo su trabajo ya haría una lista, con lo que no puedo no incluir por lo menos un libro ilustrado por ella para aumentar la familia.


 

Hay una ilustradora a la cual sigo bastante y de la que todavía no he podido tener ninguno de sus libros entre mis manos: Ana Penyas. Tanto Mexicaque como En transición me resultan sugerentes, pero quiero poner en mi lista Estamos todas bien. Yo que vivo en Madrid y en un barrio barrio, digamos, me siento como muy familiarizada con su trabajo; esos edificios, lo gris, los patios estrechos, la vestimenta de las señoras que vinieron de los pueblos a vivir en los barrios. Siento mucha conexión con sus imágenes.

Ya voy llegando al final de mi selección y ahora debo ser coherente y que mis próximos libros salgan de esta lista. Para seguir algún tipo de orden y para que esta lista tenga algún tipo de sentido. El penúltimo libro que voy a añadir es uno que no sé, precisamente, en algún momento podré tener. Hace un tiempo lo busqué y creo recordar que era imposible conseguirlo, igual me equivoco. Me interesa este libro por cuando conocí el trabajo de Asun Balzola me resultó desconocido a la vez que admirado y no sé por qué lo percibí con un algo de misterio. Es una autora cuya vida me pareció curiosa y como disfruto con aquello que no es conocido por la mayoría y a través de lo cual puedes conectar con minorías -sin ánimo de sonar elitista sino al contrario- que son para mí las personas que encierran interés pues se me quedó bastante grabada y especialmente es álbum. Además su acuarela minimalista con fondos blancos me gusta; en ocasiones parecen manchas, algo descuidado.

Y el último: Humanidades ambientales. Porque desde que descubrí la ecocrítica no me ha dejado de interesar. Esa relación entre literatura y paisaje. Me parece que este libro tiene algo de eso.

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Feria del libro de Madrid… y el viaje a Segovia

En unos días empezará la Feria del libro de Madrid 2018 y por primera vez estaré del otro lado. Es verdad que solamente será durante los fines de semana, sábados y domingos, porque el resto del tiempo estaré en la librería, que estará abierta en su horario habitual y tenemos libros deliciosos; pero pienso disfrutar mucho de la experiencia el tiempo que esté por allí intentando ayudar a la gente a encontrar su libro, resolver sus dudas. Van a ser unos días bastante cansados en los que estaré todo el día en la librería prácticamente sin descanso (: Creo que por eso he decidido cortarme el pelo, para estar bien cómoda, y evitar el calor y el tiempo dedicado a peinar melenas largas -me lo he cortado que da gusto y tenía que decirlo -. Espero que aquellas y aquellos que vayáis a la feria no dudéis en pasar a visitar la caseta número 98. Es muy emocionante pensar que vas a estar en un evento que tantas veces has visto desde el otro lado, y mirabas a los libreros, los editores, y pensabas que qué profesión tan bonita tenían. Ahora que puedo dedicarme a esto lo corroboro y también creo que o te gusta o no te gusta, que el gusto casi nunca se hace, ya se nace -casi- con él. He oído muchas veces a personas que han acabado teniendo una librería que siempre soñaron con trabajar en una, no es algo que se te ocurra de un día para otro, y pienso que como otros oficios la atracción surge mucho antes y aparece un vínculo que te lanza a ser tú misma el propio oficio.

He estado frikeando y -también con algo que me contó un pajarito-, ¡estamos justo al lado de Tres Rosas Amarillas! Una de mis librerías más queridas de Madrid. Estoy encantada con que estemos pegaditas, pegaditas, que seamos vecinas porque creo que entonces el lector tiene ahí unos metros muy interesantes que ojear entre unos y otros. Ellos están especializados en pop-up y dentro de esta técnica en los libros infantiles y juveniles y creo que podemos estar bien siendo vecinos. De cuento está cerca en la 96, con lo que estamos las tres seguidas. La librería Jarcha, de la cual soy admiradora también, no está del todo lejos, en la 85. Si podéis pasaos por ella porque seguro que tienen muy buenas recomendaciones tanto de infantil como de adulto. En la caseta 91 están los de Osera de la Sierra; no conozco la librería pero tengo ganas. Es interesante que haya proyectos de librería no solamente en Madrid capital sino también en sus pueblos. Y por el otro lado, en la 108 está el Dragón lector, ¡nada lejos! Un lujo de compañías entre las que estará Turuletras en su primer año en la feria.

Entre las firmas que tendremos en la caseta estarán las de los autores de Lechuza Detective; Pedro Mañas escritor de las Princesas Dragón o el poemario Ciudad Laberinto; Gómez-Jurado, entre otros.

Dicho esto -intentaré contaros cómo va la experiencia una vez comencemos- este puente hemos estado en Segovia asistiendo al festival Titirimundi. Pero me gustaría hablaros no del festival, sino de algunas librerías que hemos conocido, especialmente Intempestivos. Allí me compré un recopilatorio de las historietas de Liniers, un libro que ya conocía, pero no había visto el momento de poder llevármelo a casa. Yo soy muy fan de Liniers, especialmente de Enriqueta, Fellini y Madariaga. Los adoro. Tomamos un cafecito y nos reímos un poco leyendo algunas de las historietas mientras absorbíamos el café con leche. Me encantó el cartel que tenía en la puerta esta librería donde decía algo así como que hay que cuidar la tierra porque es el único planeta que tiene libros. También conocí la librería Punto y Línea, que al contrario que la primera que lleva cuatro años abierta, tiene una vida de 40 años cumplidos. Se dice pronto. Y ahí están, manteniéndose, y dando ejemplo. Una librería con un fondo también muy interesante, más clásica en su estética, más oscura y laberíntica; con el mismo encanto. Me sorprendió para bien ver que Segovia, en su casco antiguo, tenía unas cuantas librerías. Qué bien. Yo por lo menos vi cinco. Y estoy hablando de un espacio pequeño, entre el acueducto y la catedral que se camina en 10 minutos. Y además librerías muy vivas, con muy buen fondo, ilusión, energía. Eso sí, no vi ninguna especializada en literatura infantil y juvenil. No sé si sería necesario.

 

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Una selección de álbumes ilustrados que me resultan interesantes Cinco álbumes que tienen alma

De mi trabajo como librera, dentro de tres meses hará una año que trabajo como tal, debo reconocer que he aprendido mucho más de lo que creía ya conocía -porque mi curiosidad mirando álbumes ilustrados me parecía enorme-; estando en la librería soy capaz de conocer más libros de lo que por mucho que investigara en las redes o en mis numerosas visitas a librerías, podría conocer. Es cierto que hay otros muchos libros que por estar descatalogados o por otros motivos no llegan y que siempre hay que seguir leyendo blogs, visitando otras librerías, en otros países también. No hay que parar. Hay mucho que descubrir y mucho que desechar.

Lo que sí es cierto es que en la librería, los libros que llegan los puedo tocar, leer tranquilamente, contemplar, colocar, limpiar, familiarizarme con ellos; y es más, hacerlo para contarle a los demás lo interesante que es esa historia. Esto es lo más bonito. Entonces, los álbumes que me parecen interesantes de la librería, los que tengo digamos en mi club selecto -así soy yo-, lo son doblemente porque además puedo darlos a conocer. No son libros que estén en mi casa, sino que son libros que están en una casa compartida y esto le da a estos libros que están dentro del club, una personalidad más valiosa.

Estos son los escogidos:

Nina y Antón es un álbum minimalista, yo los adoro porque creo mucho en la idea de contar con los menos elementos posibles y más cuando se trata del género álbum ilustrado, me parece que activa la creatividad, la reflexión, la comprensión texto-ilustración; porque hay mucho que completa el lector que percibe la poética de imágenes esenciales. Además, como ilustradora considero más difícil hacer algo que muestre al observador con poco que llenándolo de elementos. A Antonio Ventura le admiro mucho por su forma de hacer su labor alrededor del libro infantil y juvenil. Y es verdad que el sello de su nombre ya me da confianza porque no espero un libro más. A Alejandra Estrada la conozco por otros trabajos como El mar, pero no la había seguido demasiado.

Nina y Antón son dos buenos amigos, niña y gato, que a través de un cuento se relacionan en la habitación de su casa. Ella le lee y le interpela, él la contesta a su manera y juntos pasan el rato; poniéndose de relieve la comunicación, el cariño, el enfado; la herramienta favorecedora de todo esto que es un cuento, a través del cual se reúnen y pasan el rato.

Un álbum que funciona muy bien en la librería y que también he querido seleccionar es el de Pequeña en la jungla. El sello infantil de Blackie Books me parece muy interesante; creo que aunque no han estado especializados en este tipo de literatura, en su catálogo sí han podido editar a Rodari, Gloria Fuertes y creo que su visión es mucho más adecuada para editar LIJ que la de otros aun estando en el sector infantil.

Pequeña en la jungla, de Marta Altés -una autora con la que esta editorial ha trabajado también en otras ocasiones y que ahora se ha puesto bastante de moda- es la historia de una pequeña mona que se siente diminuta en comparación con sus familiares y decide experimentar la vida por ella misma. Es pequeña pero aún así tiene muchos deseos y ganas de vivir la vida como los demás. Este álbum tiene unas ilustraciones coloristas, motivantes, llenas de posibilidades. Está además editado en tapa de tela.

Otro álbum, más pequeño de tamaño, editado en tapa de tela también es el de Leotolda. La verdad es que nunca he sido muy fan de Olga de Dios porque tiendo a empatizar más con los trabajos más poéticos, que a mí me parecen más fuera de modas, porque simplemente me gusta la introspección y el contar asuntos claves de la vida como las relaciones humanas desde un punto desafectado y jugando con lo escaso. Sin embargo, he de reconocer que creo que Olga de Dios es muy buena y sus álbumes me interesan, y me parecen divertidos, sin moralina ofensiva, y con un estilo también necesario, personal, y no me parecen unos más del montón. Es  verdad que Olga de Dios está claramente enfocada a educar a los niños en sus álbumes para que rompan estereotipos de género, especialmente. Pero en fin, todos los álbumes ilustrados tienen su ideología, todo lo tiene, y sus valores, aunque no queramos; en este caso ello lo hace con brillantez, con personajes muy interesantes, que creo pueden trascender a su tiempo y al mensaje de fondo. Para mí este es el caso de Leotolda. A través de unos personajes que son monstruos, son mezcla de muchas cosas, nos adentramos en un viaje en busca de Leotolda, conociendo otros mundos. Es un álbum sencillo que yo enfocaría a niñas y niños de unos cuatro años.

Pasados estos dos álbumes ilustrados que me encantan retomo mi lado sencillo, pausado, delicado… con Blanco como nieve. En este caso el texto está rimado y es una historia la mar de simpática donde un ratón blanco siempre lleva mucho cuidado de no ensuciarse y suele estar en casa para que su pelaje se mantenga limpio, hasta que un día se pierde, conoce mundo, y se mancha y se divierte.

Por último, he escogido un álbum que tengo en casa desde hace unos años y guardo con un cariño intacto o más grande y especial: achimpa. Cuando llegó a la librería era como si lo hubieran sacado de mi casa. Y cuando recurro a él en casa recuerdo la librería y las ganas de que viaje a otros hogares. Achimpa es una historia simpátiquístima. También es verdad que yo adoro el trabajo de Catarina Sobral, que me recuerda también a Beatrice Alemagna, otra ilustradora que me inspira. Creo que este libro es para cuidarlo y leerlo sin parar a niños, niñas y otros seres como adultos, y todo aquel que pueda escuchar, como una planta. Resulta que alguien encuentra una palabra en los archivos de una biblioteca y no saben lo que es. La gente empieza a utilizarla primero como si fuese un verbo, pero después también como si se tratase de un nombre, un adjetivo… Esa palabra es achimpa, claro.

Y hasta aquí mi selección de cinco álbumes ilustrados interesantes. Si pasáis por la librería podréis verlos. No siempre los tenemos todos porque claramente se pueden vender, pero siempre habrá alguno interesante. Y también os los podemos pedir. Estos que he escogido los tengo en mente estos días y por eso los he seleccionado. Y ahora mismo los tenemos, excepto el de Leotolda.

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¿Por qué parece que hay tan pocas librerías? ¿Los barrios no necesitan de libros de cercanía?

Es cierto que cuando pensamos en librerías no nos vienen tantas a la mente como si pensamos en peluquerías o bares. Lastimosamente no existe una librería en cada barrio. Yo voy a hablar de Madrid que es mi ciudad.

Especialmente están concentradas las librerías en el centro. Pero esto no ocurre con las fruterías, las cafeterías, los centros de estética, las tintorerías, las imprentas, las zapaterías, las panaderías… De hecho, mucha gente presume de que todo lo tiene en el barrio, que es como un pueblo, que no precisa salir de él. En fin, vender libros no parece ser un negocio suficientemente rentable como para que pueda haber una librería -¡y hablo de una!- en cada barrio, independientemente de cuál sea ese barrio, porque esto también es importante. Pero también es cierto que ser librero es un oficio y que así como otros (y no todos) se pueden aprender relativamente fácilmente con la práctica, ser librero es una profesión que requiere de unos mínimos, como ser un ávido lector, que pueden disuadir a quienes buscan establecer un negocio que funcione sin, en un principio, pensar en alguno en concreto. Con lo cual se puede juntar una sensación de que abrir una librería es algo complicado con que tampoco uno va a poder vivir de ello. Abrir una librería podría estar relegados a intelectuales -que se tienen por escasos y elitistas-, personas con dinero o locos. Y no como un negocio imbricado en la red de comerciantes de los barrios. Pero he dicho puede porque los casos que conozco en Madrid son de librerías muy entramadas con los vecinos; en Vicálvaro, por ejemplo, en el caso de la librería Jarcha.

Así que considero que no hay librerías por miedo o por desconocimiento. Pero pienso que sí podrían funcionar, claro que no de cualquier manera como sí ocurre con otros negocios que casi que con abrirlos van tirando porque las personas toman muchos cafés en este o en aquel sitio, porque uno se arregla y corta el pelo si no es aquí prueba allá… No siempre es así pero sí es verdad que muchos negocios funcionan por la simple demanda de personas que se arremolinan por allí aunque ni siquiera sean buenos.

Pero me parece que no es cierto que la gente no lea, creo que la mayor parte de las personas son lectoras, leen en su día a día y de cuando en cuando tienen una novela en las manos; pero es cierto que no poseen el hábito de comprar libros en su barrio (también es verdad que como decimos no existen esas librerías, pero quizás no existan precisamente porque las personas no van). Muchos lectores compran en Amazon y en ocasiones en La casa del libro o La Fnac cuando se acercan al centro o van a algún centro comercial. Pero sí leen. Yo que me paso media vida en el metro -como medio Madrid- veo bastante gente con libros, siempre aparecen, siempre hay libros en los vagones o libros electrónicos. Y las personas que van en el metro representan muy bien a la gente de la ciudad. Si no leyera tanta gente se vería algún que otro libro cada tres días, pero no es así. Lo que creo que sí pasa es que esas personas no colectivizan su lectura, no hablan de ella como de los melones de temporada o el tinte o la tapa de tortilla de patata. Hablar sobre lecturas ha quedado, quizás, para menester de unos pocos eruditos que vagan por los andenes. Estas conversaciones, las primeras, están por los barrios, los negocios se meten en las conversaciones de los vecinos, pero bien faltan que se metan diálogos que surjan de la librería de la esquina. La lectura es como algo muy personal, un espacio íntimo para la persona, en muchos casos separada del resto de su día. No es un hábito social. Pero debemos hablar de las lecturas, de nuestros pareceres, hacerla nuestra porque nuestra es. Y podemos decir sobre las historias que leemos lo que nos de la gana.

Las personas nos levantamos con el trabajo ocupando toda nuestra mente, trabajos en muchos casos que no nos hacen saludables como deberíamos ser y hay que pensar qué cosas que desaparecen de nuestra vida no es porque deberían sino porque nos hemos dejado llevar por este tipo de sociedad. Yo en mi día a día procuro hacer deporte, leer, dedicarme tiempo a mí misma. Creo que vivir empleándote desde dentro de ti misma y después hacia fuera puede hacer seres humanos que creen un planeta mejor en el que vivir. Pero hay momentos en los que lo que no nos parece que nos sea útil -para este sistema- lo estamos desechando siendo personas más infelices. Esta pequeña reflexión final la hago porque creo que abrir espacios de más amor en los barrios es esencial para compartirnos y a esto nos ayuda mucho la literatura.

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